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Opinión
14 | 12 | 2015
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Pecados capitales

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


Cada finde depara un inesperado aprendizaje de la realidad boxística actual, más caótica de lo que parece, con retrocesos ya no sólo deportivos, sino de comportamiento y sus respectivas sanciones. La pelea entre Zarza y Galessi en Funes, Sta Fe, del viernes último, donde pasó de todo, sirvió como botón de muestra.

Pecados capitales
Brian Zarza y Nahuel Galessi
Foto:

Cuando Mike Tyson mordió a Evander Holyfield, no sólo lo descalificaron –en el minuto de descanso, para resguardarse de su reacción- sino que además le aplicaron una dura sanción económica y deportiva.

Más aún; alguien aquí llegó a proponer que lo manden a la selva, y hasta se mencionó el National  Geographic como la organización que debiera encargarse de tratarlo.

Ni hablar de las repercusiones de la prensa nacional y mundial en su contra y contra el boxeo, escandalizada por haber "descubierto" por primera vez que un ser humano mordía a otro, hecho agravado por ser en medio de una práctica deportiva.

Al futbolista uruguayo Luis Suárez, no sólo lo expulsaron por morder al defensor italiano Giorgio Chiellini en el Mundial de Brasil, sino que además le dieron varios meses de suspensión que aún está cumpliendo en Selecciones Nacionales.

Lo mismo le había pasado a Ringo Bonavena en un Panamericano (San Pablo 1963, Brasil), cuando mordió al yanqui Lee Carr.

Tras su correspondiente descalificación en aquel Juego, la FAB lo suspendió para pelear en suelo argentino por 1 año, motivo por el cual debió iniciar su carrera profesional en USA.

¿Cambió algo desde entonces a esta parte a ese respecto?

Morder no es una infracción. Es una agresión voluntaria, e ilícita, fuera de las leyes del boxeo, que amerita descalificación directa, equivalente a pegar una patada, a agarrar un palo, a peinar un guante, a arrojarse sobre un rival y pegarle en el piso, o a estrangularlo.

No es una acción errática, como un golpe bajo, un cabezazo casual, un golpe de más fuera de la campana u orden de break.

Nadie puede alegar que mordió sin querer. Y tal acción prohibida no requiere que se le saque un pedazo a la víctima para castigarla como corresponde (descalificación), castigo que no puede ser un punto de descuento. No es una sanción coherente.

Tan obvio es este proceder reglamentario, que ni siquiera figura expresamente registrado, al menos en el reglamento argentino.

¿Será por eso que el árbitro Gustavo Tomas no actuó conforme a esta lógica el viernes pasado en Funes, Rosario, en ocasión de la pelea entre Brian Zarza y Nahuel Galessi por el latino superligero del CMB vacante?

Allí fue que primero mordió a su rival en el 7º round ante sus ojos, tanto que incluso hasta le costó separarlo, pese a lo cual, apenas le descontó 1 punto, lo que no le impidió que ganara el combate en las tarjetas, en un fallo también con tendencia localista.

Es que en un duelo parejo, con dominio alternado –uno con más técnica (Galessi), el otro más agresivo pero impreciso (Zarza)-, al local le descontaron 2 puntos y al visitante 1, no obstante lo cual su victoria exagerada (la de Zarza) fue por 3, 4 y 5 unidades. (Argüello, Palmieri y Liborio Pérez, respectivamente, fueron los jueces).

Ya había sido demasiado premio para él no haber sido descalificado, como para encima llevarse la pelea en las tarjetas, pero a como están las cosas hoy, nada es imposible.

Culpas compartidas en todos los roles intervinientes.

La duda es si el árbitro vio o no el mordiscón, pese a estar al lado. Y de haberlo visto, por qué no descalificó. ¿Esgrimirá que es una acción que no figura explícitamente codificada en el reglamento?

Con similar cinismo podrá decir que descontarle 2 puntos al local no es un arbitraje localista. Pero, pequeño detalle: uno fue en el momento de la mordida y el otro por tirar el bucal intencionalmente para ganar tiempo y tomar aire, algo que repitió 5 veces con idéntico propósito, incluso una en el episodio de la mordida. Y sólo le cobró una.

El reglamento argentino –que con dos acepciones era el que estaba en efecto, pese a que había un título latino del CMB en juego- contempla el descuento de 1 punto cada vez que se arroje el bucal intencionalmente sin mediar golpe. Y la pena se agrava con la descalificación directa cuando la acción es reiterada, como en este caso.

Pero nada. En 5 ocasiones deliberadas, apenas hubo 1 punto de descuento para Zarza por esa falta.

Sí en cambio se echó de la esquina opuesta al DT de Galessi, Pablo Chacón, por quejarse del arbitraje, con razón en el fondo, no en las formas.

La velada dejó además de estos desaciertos graves, falta de respeto hacia la autoridad por un lado –hablar, burlar, gesticular, insultar, desobedecer, acatar órdenes tardíamente- y pocos atributos como para ejercerla.

Pero también alarmantes falencias técnico boxísticas en dos púgiles aspirantes a promesas –en especial de parte de Zarza, 3º en el ránking argentino ligero-, que debieran respaldar con un contenido más acorde el buen record de una foja de servicio.

Los Pecados Capitales del pugilismo casero tienen demasiadas áreas en falta.

Y no lo va a salvar la corrección de una sola, sino del conjunto de ellas. Así como la causa de su crisis no se remite a ninguna específica -ni la técnica, ni la reglamentaria, ni la dirigencial, ni la materia prima, ni la económica, ni la tecnológica-, la coordinación y perfectibilidad de cada una de éstas son quienes lo rescatarán.

Las muestras más cabales de tales deudas se blanquean finde tras finde por TV a todo el país, denunciando la sorprendente cantidad de cuentas pendientes que padece nuestro boxeo, que parecen multiplicarse minuto a minuto.

Empezar por hacer cada vez mejor lo de uno, podrá ser el punto de partida para mejorar el conjunto, ya que por lo visto, no se puede al revés.

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