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Fútbol
22 | 12 | 2015
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La ficción del Barça y el Real

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Real Madrid en 2014 y Barcelona el pasado domingo vencieron a San Lorenzo y River en el Mundial de Clubes. ¿Pero el Real y el Barça expresan el verdadero potencial del fútbol español? ¿E incluso el potencial del fútbol europeo? ¿O en realidad suman títulos internacionales a merced de los jugadores extranjeros que compran? Este paisaje perturba los análisis y alimenta confusiones.

La ficción del Barça y el Real
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Hace un año, San Lorenzo pretendió perder por poco ante el Real Madrid y lo consiguió: cayó 2-0 en Marruecos. El último domingo, River intentó ir en búsqueda de una hazaña frente al Barcelona y perdió 3-0 en Japón.

Demasiado lejos quedaron los equipos argentinos
de las dos selecciones mundiales que hoy expresan el Barcelona y el Real Madrid. ¿Podrían achicarse esas distancias futbolísticas que antes, durante y después de los partidos parecen ser insuperables? Sí.

¿Cómo habría que hacer? Que el Real y el Barça jueguen con mayoría de jugadores españoles.

Cuando el Real enfrentó a San Lorenzo, solo 4 jugadores españoles saltaron a la cancha desde el arranque: Iker Casillas, Carvajal, Sergio Ramos e Isco. Los 7 restantes fueron: Pepe (portugués), Marcelo (brasileño), Kroos (alemán, James Rodriguez (colombiano), Bale (galés), Benzema (francés) y Ronaldo (portugués).

Por su parte, Barcelona en el reciente cruce ante River, solo incluyó desde el inicio a 4 jugadores españoles: Piqué, Alba, Busquets e Iniesta. Los 7 restantes fueron: Bravo (chileno), Dani Alves (brasileño), Mascherano (argentino), Rakitic (croata), Messi (argentino), Luis Suárez (uruguayo) y Neymar (brasileño).

Con este escenario desigual la competencia futbolística entre Europa y Sudamérica queda absolutamente desvirtuada por el nivel de los protagonistas. Sudamérica enriquece notablemente a los equipos europeos (bastaría solo con mencionar al trío Messi-Suárez-Neymar) y después esos mismos equipos europeos reflejan superioridades irresistibles que suelen confundir a los grandes simplificadores de las realidades que, por supuesto, trascienden las fronteras del fútbol. Porque simplificadores hay en todos lados. Y en todas las áreas.

El Real sigue siendo un equipazo. Barcelona es el mejor equipo del mundo, aunque el Bayern Munich de Pep Guardiola intentó, en vano, quitarle esa medalla. ¿Por qué entonces la selección de España no la rompe como lo hacen el Real y el Barça? Porque más allá de haber ganado con autoridad y sin sobrarle nada el Mundial de Sudáfrica 2010 (arrancó perdiendo 1-0 frente a Suiza, venció 2-0 a Honduras, 2-1 a Chile y en los últimos 4 partidos se impuso 1-0 a Portugal, Paraguay, Alemania y Holanda) y ser eliminado en primera ronda en Brasil 2014, no encuentra porque no tiene a las individualidades capaces de ganar partidos.

El único que entra en esa categoría aunque no lo alumbra el gol es Andrés Iniesta, al borde de los 32 años. El resto, no hace la diferencia. Acompaña regular, bien o muy bien. Según los partidos. Y nada más.

El espejismo que producen el Barça y el Real sería el mismo si en la Argentina jugaran, por ejemplo, en Boca y River las estrellas que en el Viejo Continente iluminan todos los escenarios. Quizás se hablaría de un fútbol argentino espectacular. De un nivel brillante. De goleadas estruendosas. De goles extraordinarios. ¿Pero nos creeríamos esas postales de felicidad alquiladas?

¿Hablaríamos de un fútbol argentino insospechadamente rico en recursos humanos? ¿O pondríamos algunos reparos muy atendibles en virtud de que no pocos jugadores serían extranjeros y no los podríamos contar para la Selección nacional?

El gran orgullo y las grandes estrellas del Real Madrid no se focalizan en los jugadores españoles que integran su plantel. Su bandera actual es el portugués Ronaldo. Como hace medio siglo fue el argentino Alfredo Di Stéfano y el húngaro Ferenc Puskas. Y después el francés Zinedine Zidane y el brasileño Ronaldo. 

El gran orgullo del Barcelona fue en los 50 el húngaro Ladislao Kubala. En los 60 el húngaro Sandor Kocsis. Después el holandés Johan Cruyff. Y los brasileños Romario, Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho. Y ahora el argentino Messi, rodeado por Neymar y Suárez. ¿Maradona? Nunca fue incorporado al sentimiento blaugrana. 

Esa constelación de jugadores que vistieron y visten sus camisetas no les quitan méritos al Real ni al Barça. Expresan también las leyes del mercado y del dinero negro o blanqueado que parece evaporarse en el aire. Pero no representan al fútbol español. Y en algunos casos ni al fútbol europeo, como la delantera actual del Barcelona. 

San Lorenzo el sábado 20 de diciembre de 2014 y River el pasado domingo perdieron sin atenuantes frente a los gigantes. La historia oficial dirá eso. La otra historia, quizás la que no se escribe, dirá que con toneladas de guita cualquiera puede soñar con ser Maradona o Gardel. Pero no lo es.

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