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26 | 12 | 2015
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Victor Bugge: "Mi relación fue muy buena con todos los presidentes"

Emiliano Russo
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Por Emiliano Russo


Es el fotógrafo presidencial desde 1978 y como tal compartió su vida con el dictador Jorge Videla hasta el actual Mauricio Macri. Aquí cuenta todo sobre su fascinante tarea en la Casa Rosada.

Victor Bugge: Mi relación fue muy buena con todos los presidentes
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Víctor Bugge (59) trabaja como fotógrafo presidencial desde 1978. Conocedor como pocos de los secretos de la Casa Rosada, en esta nota repasa su trayectoria retratando a los presidentes argentinos y revela que la foto que ilustra la mayoría de las crónicas sobre el Pacto de Olivos entre Carlos Menem y Raúl Alfonsín, en realidad fue tomada en 1989 durante una reunión en la que se acordó el traspaso de mando.

-¿En qué año comenzó a trabajar en la Casa Rosada?

-Mi primer trabajo fue con (Jorge Rafael) Videla, en 1978. En realidad iba a entrar a Presidencia en el gobierno de Perón, a principios de 1974. Era muy chico, pero después con la muerte del General acá (en Casa de Gobierno) cambió todo y no pude ingresar. Al final terminé entrando en plena Dictadura.

-¿Videla le daba importancia a su imagen?

-Sí, porque aparte Presidencia en esa época prácticamente cubría todas las actividades. Muchos medios no venían por todo lo que pasaba y así que teníamos a cargo la distribución 'analógica', como digo. En la sala de Periodistas había un casillero donde poníamos las fotos. Así venían mensajeros en motos, las retiraban y se la llevaban a los diarios.

-Con la llegada de Alfonsín llega el marketing político y comienza a darse una mayor importancia a la publicidad como el famoso gesto de las manos unidas.

-Claro. Con el retorno a la Democracia, además, volvió la gente en la calle. En la etapa del Proceso hubo algunas movilizaciones: el festejo en la Plaza por el Mundial juvenil del '79 o por la recuperación de las Malvinas. Y en los últimos tiempos la marcha de la 'Multipartidaria', donde hubo una fuerte represión.

-¿Cómo cubrió esa marcha opositora al régimen militar?

-No se podía cubrir. Pude hacer unas fotos desde mi ventanita por el sentido histórico. Y después con Alfonsín

la Plaza se llenó pero con gente con alegría. Tras recibir los atributos en Casa de Gobierno, el presidente usó los balcones del Cabildo para dirigirse a la multitud, en un sector opuesto al balcón histórico de la Rosada.

-¿Cómo fue el trato con el líder radical?

-Tuve una excelente relación. En realidad como la que he tenido contodos los presidentes. Como está la cámara por medio, prácticamente hay una separación que en definitiva nos une a través de la fotografía. Con Alfonsín tuve una relación muy buena. Incluso lo vi años después que dejó el mandato en una muestra que hice acá. En un momento nos ponemos a ver la foto en la que él iba caminando con Menem por Olivos (la imagen que se ve detrás

del protagonista ilustrando esta nota), la que están de espaldas, esa famosa foto. Entonces le digo: 'bueno presidente ahora que ya pasó el tiempo. ¿De qué hablaban?'. Y él me responde: 'le dije ¿Carlos cuándo querés asumir? Así fue la foto de la transición con Menem ya electo.

-Es bueno ese dato porque la mayoría de la gente confunde esa foto con la que se tomó cuando ambos sellaron el Pacto de

Olivos, en 1993.

-No, esa se tomó en 1989 en los jardines de Olivos durante la transición. Todo el mundo se confunde.

-¿Qué cambios observó en su tarea en la etapa menemista?

-Digo que salí del tipo de pantalón gris y sacó azul que era Alfonsín -metafóricamente hablando- y pasé al presidente del traje amarillo con un listón. Menem era una persona que cuidaba mucho su estética. Hasta pasamos por el 'quincho' (el entretejido que se colocó en la cabellera). Hacía mucho deporte así que tuve que volver a poner en práctica lo que aprendí en mis inicios como fotógrafo en la revista El Gráfico.

-Después llegó Fernando De la Rúa a la Casa Rosada.

-Con De la Rúa tengo una anécdota: apenas asumió en diciembre de 1999 me llamó al despacho. Pensaba que después de diez años con Menem me iba a echar. Pero, al verme, me dijo: 'Cómo se envejece acá adentro'. Le pregunté por qué decía eso. Y contestó: 'Veo cómo entró Raúl (Alfonsín) y cómo se fue. Así que a partir de ahora vamos a hacer una foto todos los años

acá'. Entonces ahí le hice la primera y la última fue en diciembre de 2001 cuando pasó lo que pasó.

-La última fue la que le hizo cuando, tras su renuncia, aborda el helicóptero en la terraza.

-El me llamó para hacer la última foto en el despacho cuando nadie sabía que había renunciado. Entonces bajé y me dijo: 'Vení Víctor vamos a hacer la última foto'. Me llevó caminando del hombro hasta el escritorio y me regaló esa situación. Más tarde subimos por la escalera y subimos a la terraza. Y ahí se fue con el helicóptero. Tuve alguna dificultad porque los agentes

de seguridad se habían hecho cargo pocos días antes y no me conocían. Fue así que cuando subía la escalera me interceptó un jefe de seguridad y, un poco a los manotazos, pude revolear la cámara y terminé haciendo esa foto histórica. Pero no fue lo que yo quería. Fue todo muy rápido: el helicóptero no se posó porque no aguantaba la estructura, apoyó una parte de la 'pipa'

y a él lo alzaron y así pudo ingresar. La última vez que había descendido una nave así fue cuando vinieron a buscar al secretario

de Estado norteamericano, Alexander Haig, que (Leopoldo) Galtieri lo invitó ver la Plaza llena y recién la pudo ver desde el aire.

-En 2003 asumió Néstor Kirchner y comenzó una etapa que duró 12 años.

-Al principio me costó un poco encontrarle la vuelta. La primera foto fue la de él entrando a la Casa de Gobierno cuando se lastimó la frente al golpearse con la cámara de un fotógrafo, al cual después traje al despacho porque quería disculparse. Y se saludaron bien.

-¿Recuerda de qué medio era?

-Era de Clarín.

-¿Qué metáfora resultó con el tiempo, no?

-Sí. Y después con Kirchner pude trabajar bien porque iba a los actos y se tiraba de los escenarios hacia la gente. Y quedé dos veces pagando. Entonces me preparé y en un acto grande realizado en Entre Ríos me le puse atrás y lo pude capturar cuando se arrojaba hacia los asistentes.

-Se lanzaba tipo 'rockstar'¿Era un gesto auténtico o algo impostado para crear empatía dada la coyuntura con la que asumió?

-Para mí, era auténtico. La primera etapa de Kirchner fue de mucho fervor ya que se había salido de una crisis. Me parece que no podés impostar tirarte de 3 metros, se pueden manejar otras situaciones. Él se divertía y la gente se reía.

-Ella cuidaba mucho su imagen. ¿Recuerda alguna situación en la que haya tenido que preparar una escena?

-No preparo la escena. Si llegara a hacerlo, perdería la esencia de la fotografía periodística. De alguna manera, hay que 'cazar' el momento. El momento preciso no se arma, se logra. El movimiento del presidente no se puede armar sí uno tiene que estar atento. Siempre digo que la fotografía mía es la oficial, no la oficialista.

-La última foto que le tomó y la muestra saliendo de la Casa Rosada resultó impactante.

-Sí, tuvo mucha repercusión. Muchos coinciden que fue fuerte. En realidad la había pensado: tenía que ser saliendo de la Casa de Gobierno por todo lo que rodeaba la no entrega de los atributos a Macri y demás. Así que ese jueves cuando ella salió del despacho, la acompañé y ya en el escalón de la salida de Rivadavia, apreté el pulsador de la máquina.

-¿Se despidió?

-No, la verdad no me di cuenta.

-¿Cómo fue el trabajo en estas dos semanas de gobierno de Cambiemos?

-Parece que fue hace un año desde que asumió Macri. Hubo mucha actividad. A las 7.30 arranca e incluso hemos tenido actos muy temprano. Generalmente los primeros días de todos los presidentes han sido intensos. Sí fue particular la foto de la reunión de los gobernadores en Olivos. Cambiaron las formas, lo mismo que ocurre con las reuniones de Gabinete. Los actos incluso son distintos. Es otro gobierno.

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