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Policiales
28 | 12 | 2015
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Normas injustas, violentas y mortales

Maximiliano Montenegro
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Por Maximiliano Montenegro


A Mauro Bongiovanni no le importó nada, aquella mañana del 15 de abril, al decidir matar a su ex pareja, la maestra jardinera María Eugenia Lanzetti. Entró a la escuela, enfiló para el aula y la degolló delante de sus alumnos, pibitos de cuatro años. Luego, se entregó a la policía. El fiscal que tomó el caso dijo en ese momento que muy poco se puede hacer cuando un hombre decide matar a una mujer. Como si existiera una "licencia femicida" que arrebata con absoluta impunidad una vida cada 30 horas en Argentina. El hecho descripto ocurrió en Córdoba y resulta paradigmático cuando se menciona lo hecho y lo que hace falta en el país para prevenir y erradicar la violencia de género, en los términos que obliga la Ley 26.485. Bongiovanni no paraba de agredir a su ex, desde que la mujer decidió alejarse de una relación de sometimiento, con humillaciones y golpes.


Hubo hechos previos al femicidio, desde un año antes, que fueron denunciados por la víctima y generaron medidas restrictivas. Hay mujeres muertas en crímenes machistas que jamás hicieron denuncias, porque el terror que las acompañaba era extremo. Otras, muchas, como Lanzetti, lograron saltar el cerco del miedo, pidieron ayuda, pero fueron asesinadas igual. El varón que maltrata, golpea y mata tiene tolerancia cero al "no" de una mujer, a quien considera de su propiedad. La lucha feminista, que propone una sociedad con igualdad de derechos, logró que la problemática de la violencia contra niñas y mujeres forme parte de la agenda del Estado. La mencionada ley, una herramienta modelo para las democracias modernas, ordena que los recursos sean mayores para asistencia a las víctimas, campañas preventivas, acompañamiento legal y muchísimo más. La llegada al Consejo Nacional de las Mujeres de Fabiana Túñez es sinónimo de esperanza para esa articulación necesaria entre organizaciones civiles y las instituciones oficiales. No sólo eso. Túñez sabe que es necesario, fundamental y un objetivo primario, acompañar todos los esfuerzos por sostener y estar cerca de las mujeres vulneradas, sus familias, pero también atacar el machismo desde su estructura, hacer que estallen sus cimientos, y los mandatos patriarcales comiencen a perder fuerza. Esa 'licencia femicida' de muchos varones es producto de una sociedad que aún se rige bajo esas normativas que vienen de siglos: injustas, violentas y mortales para las mujeres.

La tarea, entonces, es reforzar lo hecho, otorgarle mayor envión a las políticas urgentes, y comenzar a pensar colectivamente en formatear seres humanos libres, solidarios, comprometidos con la vida en comunidad, respetuosos de sus obligaciones y derechos, y fundamentalmente que puedan desarrollarse en el amor, sin odios.

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