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Historias de vida
02 | 01 | 2016
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Horacio soñó que tres golpes pueden darle ritmo al alma

Sergio Tomaro
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Por Sergio Tomaro


Es maestro de percusionistas, dueño de una trayectoria artística que lo acercó a los grandes de la música y creador de un método original que prescinde de lo convencional y se basa en el equilibrio de las polaridades.

Horacio soñó que tres golpes pueden darle ritmo al alma
Foto: Laura Tenenbaum

Los logros alcanzados por el maestro de percusionistas Horacio López, como él mismo lo afirma, son producto de una sucesión interminable de casualidades, circunstancias y sueños que dieron lugar, sin ir más lejos, a una técnica rítmica sintetizada en el efecto mágico de tres golpes que además de definir su perfil musical, operaron como el pasaporte a lo profundo de su espíritu.

Horacio, fundador del centro de formación de percusión integral Escuelaclave, que cumplió 25 años en noviembre, sabe explicar el sentido de esos tres golpes para lo cual le basta accionar las manos sobre las rodillas, una mesa y el apoyabrazos de un sillón de su estudio de Parque Avellaneda para que el ritmo reine.

Lo extraordinario, como se verá, es que ese efecto que logra con el método que desarrolló hace 30 años, surge de un sueño extraordinario en el cual un brujo le trasmitió de un modo por demás vívido que tres golpes eran suficientes no solo para llegar al fundamento del ritmo sino también en la apuesta de equilibrar las polaridades como, sin ir más lejos, el bien y el mal.

Pero como dice, todo en su vida se dio con una naturalidad impensada que lo acercaron a ser músico aún mucho antes de serlos. ¿Qué no se entiende? Es así: "En un recreo en el colegio con otros tres compañeros nos propusimos hacer un grupo similar a Los Beatles donde yo iba a ser el Ringo Starr sin que jamás hubiera tocado una batería. En el recreo siguiente, ya nos habíamos olvidado y hablamos de otra cosa pero el primer paso estaba dado", contó Horacio a HISTORIAS DE VIDA.

En una tornería, donde le dio el gusto a su padre de trabajar hasta conocer el oficio, Horacio tuvo a los 18 otro acercamiento con la percusión cuando un compañero de trabajo que tocaba la guitarra se interesó por su gusto por la batería y lo invitó a tocar con él.

"El problema era que le mentí y le dije que tenía una batería por lo que tuve que ir buscando excusas para no aceptar sus invitaciones porque lisa y llanamente no sabía nada. Creo que terminé haciéndome baterista - aseveró- para sostener esa mentira".

Poco después, una mudanza de Villa Constructora a Villa Real lo llevó a coincidir con un vecino batero que le enseñó los rudimentos y le hizo comprar de a poco los componentes del instrumento. Más tarde, una tarjeta que le dieron en el bajo porteño mientras trabajaba de fletero lo acercó a los cabarets de la zona donde se terminó de forjar como músico.

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Con los grandes

De allí la carrera de Horacio fue 'in crescendo' y tuvo el efecto de un redoblante cuando, tocando en un hotel de lujo en Aruba, volvió a responder al llamado de la suerte y terminó a los pocos días en Estados Unidos para hacer música con Herbie Hancock, Jon Lucien y otros grandes del jazz.

Tras superar un impacto artero del destino expresado por una enfermedad por la que los médicos lo daban por desahuciado, Horacio creó el método de los tres golpes, integró distintos grupos y mantiene aún Cuartoelemento con Mono Izaurralde, Matías González y Néstor Gómez.

Sabe que su vida tiene visos singulares pero afirma ser una persona que "disfruta o sufre según el momento" convencido que la clave para alcanzar la armonía reside 'en estar en el presente, dominar el ego y mantener las polaridades en equilibrio". Algo así como marcar el ritmo espiritual con solo tres golpes.

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Un gusto grande: tocó con los dioses

Para Horacio, que desde 1994 es docente del Centro Cultural Rojas, las posibilidades que le dio su talento lo llevaron a compartir actuaciones con artistas de renombre.

De hecho, cuando acompañó al grupo de Herbie Hancock en las giras que realizó y que lo llevaron a presentarse, por ejemplo, en el mítico Carnegie Hall, en Manhattan, Horacio recuerda que se llamó a la realidad diciéndose a sí mismo que estaba "tocando con los dioses".

La nómina de músicos autóctonos e internacionales es interminable, pero Horacio destaca a sus primeros maestros Nino Dozena y Juan Carlos Licari, que preludiaron en su formación, como lo admite, a músicos como Jon Lucien, Dino Saluzzi, Rubén Rada y Beto Satragni, de quienes aprendió la esencia candombera. Tampoco se olvida de Quique Sinesi y Matías González, con quienes en 1980 formaron el conjunto Alfombra Mágica.

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"En mi vida todo fue obra de una gran casualidad, porque en verdad nunca decidí nada al punto que tengo la sensación que soy una ramita a la que se la lleva la corriente".

La metodología que Horacio López aportó al mundo musical, la de los tres golpes, tiene un origen digno de una narración de literatura fantástica.

No se cansa de repetir que fue durante un sueño que tuvo cuando tenía 36 años, en el que un brujo le dio algo más de una clave para desentrañar todos los ritmos.

"En el sueño, yo sabía que esa ser era un brujo aunque no podía verle la cara. Así, me dijo que lo único que había que hacer para equilibrar el bien y el mal era tres golpes", relató Horacio.

"El brujo se puso entonces en cuclillas y aplicó esos golpes en sus rodillas" rememoró también de aquel delirio onírico que a su término, lo llevó sin desayunar siquiera, a tomar una conga y empezar a aplicar lo soñado.

La resultante fue lo que López denomina una célula rítmica que ejercita el equilibrio corporal de la dualidad derecha-izquierda, arriba-abajo, y lo intelectual y lo intuitivo.

Esa metodología es aplicada por Horacio fuera de los parámetros convencionales del pentagrama, ya que la enseña a través de la lectura de trigramas y hexagramas.

Hay otros sueño increíbles de Horacio, como cuando le dijo a su madre que había soñado a su padre, que era chofer, con un dolor en un brazo y a la vuelta del hombre de su trabajo, lo hizo con un brazo enyesado.

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