miércoles 7.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
04 | 01 | 2016
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El tiempo no para

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Días de pretemporada en el fútbol argentino. Y el protagonismo de los preparadores físicos ocupando los espacios, como si fueran piezas centrales, pero no lo son. El ambiente los sobrecalificó. No hay pretemporadas milagrosas. Esa reivindicación del agotamiento precipita lesiones. Aquellas palabras de Riquelme.

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El fútbol no para. El tiempo no para, como reza la canción cuyo autor es el talentosísimo poeta y cantante brasileño de rock, Cazuza (murió a los 32 años el 7 de julio de 1990 en Rio de Janeiro, infectado por el virus del SIDA), que versionó la Bersuit en la voz del Pelado Cordera y también de Fabiana Cantilo.

Ese tiempo que no para nos acerca a todos los dolores y a todos los placeres. A todas las esperanzas y a todas las decepciones. A todas las traiciones y a todas las lealtades. En el fútbol, los dolores, los placeres, las esperanzas, las decepciones, las traiciones y las lealtades también están a la orden del día.

Y como el tiempo no para, el fútbol argentino está regresando en estos días. Por lo menos en la etapa de las pretemporadas, que muchos técnicos, jugadores, dirigentes y periodistas creen que pueden acariciar los milagros. La realidad es que no hay pretemporadas milagrosas ni saltos de calidad extraordinarios. Es ponerse más o menos a punto físicamente y nada más. Porque nada valioso y muy influyente se resuelve en la rutina de una pretemporada.

Esa idealización de alcanzar plenitudes futbolísticas y atléticas después de dos o tres semanas de alta demanda física, no deja de ser un reduccionismo o una simplificación que abrazan los improvisados o aquellos que, con o sin conocimientos, promueven la  confusión.

El protagonismo casi absoluto de los preparadores físicos durante las dos o tres semanas del arranque de las actividades, revela la naturaleza misma de la confusión. Los entrenadores argentinos suelen resignar espacios de poder en las pretemporadas. Acompañan. Miran. Deciden muy poco. Porque, en general, nueve de cada diez, compraron la fórmula que les vendieron los preparadores físicos desde hace décadas: palo y palo a los jugadores para bajar algunos kilos de más y para fortalecer la mística del esfuerzo consagrado.

Se habla poco y nada de juego en estos días. Se reivindica el agotamiento. Se sublima dejar la práctica con dolores multiplicados. Por eso es común escuchar de parte de los jugadores estas frases testigo: "El profe nos mató. Ahora no podemos ni levantar las gambas".

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Esas palabras ya instaladas en la memoria colectiva del ambiente del fútbol argentino en muy pocas oportunidades fueron revisadas. Por el contrario; se las adoptó como una prueba fehaciente de las exigencias planteadas. Que en muchísimos casos ocasionaron desgarros y todo tipo de lesiones musculares y ligamentarias que después se atribuyeron a las casualidades. Pero no son casualidades.

 El fútbol no precisa atletas. Nunca los precisó. Tampoco se banca a jugadores que no corran. ¿Pero quiénes son los que no corren en el fútbol? Nadie. Todos corren. El problema es que no todos juegan. Y sobre este punto en particular vale recordar la opinión de Juan Román Riquelme en Fox Sports que data del 17 de mayo de 2011: "Si se corre mucho es porque se juega mal. Si los jugadores se cansan a los 60 o 65 minutos es porque ese equipo está jugando mal. Cuando un equipo juega bien todos corren menos, porque manejan los tiempos, los ritmos y saben descansar con la pelota".

Lo que observaba Riquelme hace más de 4 años ponía en foco al fútbol físico. O le daba el lugar que le correspondía. Que no era ni es el podio. Esa consigna del eterno diez de Boca que proclamó que "cuando un equipo juega bien todos corren menos", es una verdad absoluta del fútbol de todos los tiempos.

Ningún preparador físico, por más capaz que haya sido, ha hecho mejor a un equipo o a un jugador. Lo imprescindible es el juego. Y no correr como un maratonista para venderle humo a los hinchas y a la prensa.

Es cierto, el fútbol no para. El tiempo no para, como sostenía el recordado Cazuza en los finales de los 80. Y las mentiras tampoco paran. Basta con prestar atención a los apologistas del gran esfuerzo que tienen en enero su mes de siembra. Aunque la cosecha se configure solo en palabras voluntaristas. 

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