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Opinión
05 | 01 | 2016
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La grieta

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


La caída de Reveco ante el japonés Ioka, avivó no sólo la crisis interna del pugilismo argentino, sino las divisiones subterráneas que subyacen bajo las aguas de diferentes bandos, generando un gataflorismo incongruente. El boxeo está fracturado, y así es irreconstruible.

La grieta
Ioka Vs Reveco
Foto:

La derrota del "Cotón" Reveco del jueves pasado en Osaka, Japón, por KOT 11 como visitante a manos del local Kazuto Ioka, en ocasión de querer ir a recuperar el título mundial mosca AMB que el nipón le había arrebatado en abril pasado en fallo polémico, despertó reacciones diversas en el público argentino, especialmente a través de las redes sociales.

Pero sorprendentemente, en vez de cuestionar a Reveco o a su planteo –que fue errático, aunque tal vez hubiese perdido igual-, o algo estrictamente boxístico, la mira se instaló en otro tipo de cuestiones, que tienen que ver con lo empresarial. Más concretamente con lo económico, y hasta con lo ideológico.

Es que en el boxeo, como en el país, también existe la grieta de los "anti" y los "pro".

El boxeo es el fiel reflejo de una sociedad, y la nuestra -que está enferma- encuentra en él un caldo de cultivo que se retroalimenta a cada rato, apenas encuentra su oportunidad.

Así es que se leen cosas de este tipo: "a ver qué vas a decir ahora de OR" (NdeR: Osvaldo Rivero, mánager de Reveco). O, "tirado a los leones japoneses por migajas". "¿Qué pasa con los boxeadores de OR?". "Sólo criticás al team Maidana", etc, etc...

De Rivero, que no se subió al ring, lo único que se puede decir es que su gestión fue meritoria al haber conseguido una revancha para su pupilo en pocos meses, y a que en el ínterin –dado que están prohibidas las revanchas directas- haya conseguido una chance para otro argentino, también de su staff, como el "Incho" Sosa.

Sólo habría aplausos promocionalmente hablando, en cuanto a su trabajo.

Ignoramos cuánto cobró Reveco, pero tal vez menos que en la primera, porque fue como retador, no como campeón.

Pero no es éste el mal del boxeo argentino actual, ni es el punto que a un periodista debiera interesarle defender, porque no somos ni los apoderados del púgil, ni es la prensa quien deba regular las paritarias de los boxeadores.

Podemos informar y luego opinar si fue mucho o poco el dinero recibido –si es que nos enteramos, y si es que lo que trasciende es lo real, que casi nunca lo es, por razones impositivas- pero hasta ahí llegamos.

Mas no es el bolsillo del boxeador lo que está en crisis, o lo que la provoca. Las bolsas siempre fueron más o menos iguales.

Pensar eso es orinar fuera del retrete, y lo hacen quienes están por una u otra razón en la vereda contraria, con camisetas puestas, o con intereses creados, pero la prensa no debe tomar partido de rencillas personales.

A fin de cuentas, casi todos los argentinos ganamos mal, o menos que en otras partes del mundo. Y el boxeo –otra vez- no es la excepción.

Sin ir más lejos, en el fútbol, deporte de cabecera donde nos sentimos potencia, pasa lo mismo. Un jugador argentino se vende a Europa por 3 palos, y ni bien pisa suelo europeo vale al menos 10 veces más. El mismo jugador, con diferencia de meses.

No. El problema del boxeo argentino pasa por otro lado, algo que los paracaidistas, los que tocan de oído, o están fanatizados, ni siquiera tienen ganas de escuchar.

El problema es que nuestro boxeo está dividido en al menos tres promotores, cada cual con su quintita. Y boicotea, o quiere boicotear la del otro.

Y que de esa forma reduce su crecimiento, porque los púgiles de cada escudería solo pelean entre ellos, o ante quienes no poseen representatividad por ser perdedores que van de recontra punto, reprimiendo su desarrollo boxístico, pues siempre se miden ante niveles inferiores.

El problema es que no hay plata, ni sponsors para organizar mejores eventos, y todo se reduce a lo que ponga la TV, o algún intendente, o algún político de turno, o algún gremio, contaminando los espectáculos mucho más de lo que los benefician, ya sea por transformarlos en actos políticos, o por presionar para que gane el "crédito de la casa", o del partido, o del Intendente, o del Gobernador, desvirtuando la esencia del deporte.

Y casi siempre gana "el protegido" –favorito, o local-, con justicia o no, porque si no el susodicho de turno no pone más plata. Eso quita expectativa, emoción y credibilidad.

El problema es que en un boxeo alicaído y con escasas figuras, venga alguien a llevárselas a pelear afuera, lo cual redunda en que no puedan hacerlo acá para elevar el nivel del mercado casero. No porque se lo prohíban expresamente -o quizás sí lo hagan-, sino porque en la cabeza del púgil aparece la cuenta matemática, lógica y mediocre: "para qué voy a pelear acá por pesos, si puedo hacerlo afuera por dólares".

Reveco, Narvaes, Diego Chaves, Ramírez, y varios más, fueron campeones gracias a OR, fundamentalmente porque tuvieron su chance mundialista acá, de locales. Y siguieron reinando porque casi siempre defendieron protegidos.

Los sabiondos que razonan con el bolsillo siempre se quejaron de esto, y desde sus trincheras han presionado con venenosos dardos, o mensajes demagógicos, para que salgan al exterior en busca de mejores bolsas, cosa que también hemos pedido alguna vez, pero siempre teniendo en cuenta que afuera se puede perder (por derecha o por izquierda); que se arriesga, y que hay que evaluar si vale la pena la oferta, porque tal vez, tres de acá sin arriesgar, equivalga a una de allá arriesgando.

Matthysse, por ejemplo, sin ser campeón mundial, ganó más plata que cualquier campeón, peleando mucho en USA. Eso sí; sin traerse la corona. Cambió lauros por plata y nadie se lo reprocha. Fue su decisión, o la de su mánager. Pero al boxeo argentino no le sirve de mucho el bolsillo de Matthysse, ni su cuenta bancaria. No es eso lo que se mide en el análisis boxístico, ni lo que lo retroalimenta.

Por tanto es meritorio cuando alguien consigue ambas cosas, como lo está haciendo en este momento Jesús Cuellar, aunque sin haber aún pegado el gran salto, ni hecho la gran pelea.

Y también fue bueno lo que hizo recientemente Maravilla Martínez, aunque fue una ráfaga efímera y más de una vez perdió (o lo robaron) por pagar derechos de piso que él quiso pagar, ya que siempre prefirió pensar en dólares.

Obvio, incluimos en la lista a los muchos otros que sumaron gloria ganando y defendiendo afuera muchas veces.

Pero entonces, aclaremos el panorama y sepamos separar la paja del trigo. Hoy el resultado del boxeo argentino (con más derrotas que victorias y menos campeones de los que desearíamos, cosa que se veía venir), es el fiel reflejo de la política que muchos pedían: salir del país.

Claro que la mayoría fue de punto. Y los que no, lo hicieron después de haber hecho un buen trayecto como campeones acá y dejado algo en la historia, porque si Reveco hubiese defendido su corona siempre afuera, quizás hubiese perdido en la 1º defensa y quedado en el olvido como tantos, aunque se trajera una bolsa 10 veces mayor.

Tan así es la cosa, que sus únicas derrotas fueron de visitante, al igual que Narvaes, "La Joya" Chaves, Ramírez, Cuenca, Matthysse, Maravilla y varios más, pasando incluso por Castro y Coggi.

Plata sin logros, es sinónimo de nada, mientras que al revés puede serlo de apogeo. Sin embargo, no faltará quien lo cuestione por estar fuera del negocio, del otro lado, o simplemente en la oposición, haciendo creer que habla en nombre del boxeo.


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