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Política
13 | 01 | 2016
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Opinión: entre tantos otros, serios errores de comunicación

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


La resolución final del caso no puede hacer pasar por alto los errores cometidos. Entre ellos, de comunicación, con el pico máximo registrado el sábado. Muchos funcionarios pensarán dos veces antes de escribir un tuit.

Opinión: entre tantos otros, serios errores de comunicación
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¿Ya sabe quién será su vice?", le preguntó un periodista a Mauricio Macri en el marco de una recorrida de campaña por el Conurbano. El entonces candidato presidencial dijo que todavía faltaba para confirmarlo y no dio más precisiones, ante lo cual, otro periodista le acotó al jefe de Gobierno y a su equipo: "Solo pedimos que no lo anuncien por Facebook". Hubo risas cómplices entre los hombres del PRO que rodeaban al candidato presidencial de Cambiemos y quedó flotando la sensación de que muy probablemente esa sería la forma elegida para comunicarlo.

Así se había conocido la alianza con Elisa Carrió, y luego el acuerdo con Carlos Reutemann, ambos anunciados en la cuenta de Facebook de Mauricio Macri.

Es que el PRO le dio a las redes sociales una importancia superlativa en la campaña, y por esa vía reclutaron a cientos de miles de colaboradores que se ofrecieron para oficiar de fiscales, talón de Aquiles de un partido en crecimiento, con poco más de una década de vida. Mal no les fue.

La comunicación, en definitiva, fue siempre un activo muy preciado para el partido que cuenta como principal asesor de imagen a un polémico pero por lo visto efectivo consultor ecuatoriano. Pero en la comunicación y en las redes sociales derrapó este fin de semana.

Fue al cabo de la primera crisis vivida por Cambiemos en su corta gestión de gobierno. Nacida en la provincia de Buenos Aires, hubo dudas respecto de si el gobierno nacional se mostraría cerca de la administración bonaerense, con el riesgo de afectar la imagen presidencial con un conflicto tan sinuoso como la fuga de los tres condenados por el triple crimen de General Rodríguez. Pero promediando la investigación hasta entonces infructuosa, la decisión presidencial fue que el involucramiento fuera total, conforme se resolvió incluir de lleno a las fuerzas nacionales en la pesquisa.

Hubo un antes y un después de esa decisión, pero en el gobierno piensan que la bisagra fue la participación de la justicia federal en la causa. Cuando el juez federal Sergio Torres se hizo cargo de la investigación, la investigación se aceleró. Fue cuando la AFI tuvo su primer gran acierto en la era Macri, al ubicar el aguantadero de los prófugos. El problema fue que la intervención de Gendarmería dejó mucho que desear: erró la dirección del operativo y facilitó la huida de los Lanatta y Schillaci. ¿Fue un error?

Precisamente ese procedimiento generó discordia entre las fuerzas federales y la policía santafesina, deliberadamente soslayada por las sospechas de permeabilidad de la misma con el narcotráfico.

No fue el único conflicto entre fuerzas de seguridad. Hubo peores, como un tiroteo entre gendarmes y policías, durante el transcurso de la búsqueda, en sus etapas más críticas. Por esos días fue el episodio en Ranchos, cuando insólitamente los supuestos prófugos dispararon contra el retén policial que acababan de sortear, el último día del año. Hay una investigación en curso y es una de las ocho causas que pesan sobre los Lanatta y Schillaci, aunque ya casi nadie cree que hayan sido ellos. Por el contrario, se interpreta como una clara maniobra distractiva que forma parte de la extensa cadena de complicidades que acompañó esta fuga que más que de película, fue casi comedia de enredos.

Cómo interpretar sino lo sucedido el sábado con la captura de los inasibles delincuentes que tuvieron en vilo a todo el país. Es verdad que la primera noticia hablaba de la detención de Martín Lanatta, y que las otras dos capturas se agregaron luego sin mayor detalle. De hecho, la única fotografía que circuló pronto fue la del golpeadísimo líder de los evadidos. No había otras imágenes que difundir, claro.

Pero a las autoridades nacionales se les informó sobre la detención de los tres, así lo aseguraron a los medios. Y sobrevinieron las patinadas en las redes sociales. Primero la vicepresidenta de la Nación, que en cuatro tuits repartió felicitaciones a propios y extraños, pero sobre todo a los propios. Recién en el tercero hizo una "mención especial" para la policía de Santa Fe, pero como en el primero había felicitado a María Eugenia Vidal, los críticos la azotaron en Twitter.

La gobernadora también celebró a través de esa red, pero el problema grande fue cuando llegó la felicitación presidencial. Fueron dos tuits, pero el primero, que destacaba "la captura de LOS prófugos" se repitió de manera exponencial cuando estallaron las críticas. Es inaudito que le hayan hecho cometer semejante error al Presidente.

Apenas un consuelo de tontos es que también el gobernador santafesino haya caído en el error. "Buen trabajo de la Policía de Santa Fe para atrapar a LOS prófugos", dijo Miguel Lifschitz en uno de sus dos tuits celebratorios. Ni qué decir del ex gobernador Antonio Bonfatti, quien expresó su "reconocimiento a los hombres y mujeres de la Policía de la provincia de Santa Fe que capturaron a LOS TRES prófugos".

A la hora de buscar responsables, en el gobierno nacional miran a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, que fue la que les transmitió las novedades. Y ella -que ofreció su renuncia a Macri, que la rechazó- a su par provincial, Maximiliano Pullaro, que se lo confirmó en persona, en la sede ministerial del barrio de Palermo. Cuando a bordo del helicóptero que los trasladaba a Santa Fe corrigió la cifra de detenidos, los funcionarios nacionales no podían dar crédito a lo que escuchaban.

Tal es el nivel de dudas que embarga a todos los involucrados, que en el gobierno nacional confiaban en privado el lunes -a poco de conocerse que finalmente los prófugos restantes habían sido detenidos- una sospecha que era casi una convicción: que los tres prófugos habían sido capturados el sábado, pero que como pase de factura se había "guardado a dos" para mostrarlos más tarde, potenciando de paso la supuesta efectividad de los policías locales. Al cabo de esa jornada, una fuente del Ministerio de Seguridad descartó a DIARIO POPULAR esa hipótesis. Pero temprano, antes de que se conocieran detalles de la captura, sí lo habían pensado.

Lo cierto es que el Lanatta restante y Schillaci fueron capturados en un arrozal, bien cerca de donde se entregó el denunciante de Aníbal Fernández. Curiosa coincidencia lo del arroz para el juez interviniente, que precisamente intervino hace tres meses en la causa conocida como del "narco-arroz", cuando se desbarató una organización vinculada al secuestro de 40 kilos de cocaína ocultos en un cargamento de arroz.

Queda para el gobierno la experiencia obtenida en estos quince días de idas y vueltas, la necesidad de transformar el traslado de responsabilidades en nombres concretos, y la obligación de comenzar a dar muestras reales de la lucha que promete dar contra el narcotráfico. "Aprendemos en el hacer", dijo ayer el Presidente en conferencia de prensa; traducción: hubo grandes e innumerables errores que buscarán corregir. Por lo pronto, ni Macri, ni Michetti volvieron a tuitear tras la gaffe del sábado.

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