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13 | 01 | 2016
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Cuando ser mamá se torna "El deseo más grande del mundo"

Natalia Arenas
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Por Natalia Arenas


Una catarata de sentimientos desborda las páginas del libro que engendró y parió la periodista Luciana Mantero, a partir de sus miedos, sus esperanzas y su anhelo irrenunciable por tener un segundo hijo. Su historia y la de otras mujeres –todas diferentes, todas tan deseantes como ella- demuestran lo que es capaz de hacer una mujer –y lo que no- para quedar embarazada.

Cuando ser mamá se torna El deseo más grande del mundo
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Cuando ser mamá se torna El deseo más grande del mundo
Luciana Mantero
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Unos enormes lentes negros le sirvieron de escudo facial para disimular la bronca y la tristeza. Un médico acababa de terminar con sus ilusiones de ser madre otra vez. En realidad, el diagnóstico explicitaba que lo que Luciana no iba a poder era quedar embarazada con sus propios óvulos: tendría que intentar por otros medios. Más que otros medios, otros óvulos, los de otra mujer. O adoptar. Luciana se desmoronó. En su concepción de ser mamá, no encajaba la idea de recurrir a otra persona que no fueran ella y su marido.

El deseo más grande del mundo (Paidós, 2015) es, primero, una catarata de sentimientos, donde abunda el desconcierto, la incertidumbre, el dolor y la desazón; pero también la esperanza, el sacrificio y la enceguecedora motivación que guía hacia el objetivo de ser mamá. Luciana Mantero cuenta su historia de idas y venidas, de visitas a médicos, de tratamientos cruentos y dolorosamente invasivos, de cambiar la confianza en la ciencia por la fe en los milagros. Y lo cuenta, además, con los recursos del periodismo narrativo: gran parte del libro es una recopilación de crónicas. Porque Mantero no sólo cuenta su historia: otras nueve mujeres son las coprotagonistas de El deseo..., todas historias diferentes, con finales felices y no tanto.           

Y, después, este libro es una minuciosa investigación –en primera persona- sobre las distintas posibilidades que se abren a quienes no pueden concebir de la manera habitual y deciden probar con un tratamiento. O con varios. E insisten, insisten, insisten. Y pasan los meses, los años... y algunas insisten y otras desisten.  

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"A veces la postergación de la maternidad viene con un 'martes trece' bajo el brazo y está bueno saber que aunque se trivialice, nadie querría pasar por ello", le cuenta la autora a DiarioPopular.com.ar. El deseo más grande del mundo tiene como destinatarias a "las mujeres que están buscando un hijo y no logran quedar embarazadas, están pensando cómo seguir y se sienten muy solas". Pero también a "sus maridos y sus familias o amigos, para que puedan entenderlas mejor en un tema que a veces nos resulta doloroso o vergonzante hablar; para las mujeres que pasaron por esto durante años con resultados negativos o positivos pero que se sintieron incomprendidas; para las que están pensando en buscar un hijo o tienen dudas", detalla.

La historia personal de Luciana fue, primero, a parar a un concurso de crónica en el que no tuvo suerte.  "Pero sentí una gran satisfacción, algo casi sanador en poner mi experiencia en palabras, fue casi como darle sentido y valor a mis sentimientos, a todo lo que había vivido", expresa. "Y a la vez me di cuenta entonces, hablando, investigando el tema, que éramos muchas, muchísimas más de las que se sabe las que habíamos pasado o estábamos pasando por allí, por la búsqueda de un embarazo que no llega, por sus angustias, sus avatares y que entonces aquella crónica era un libro", detalla. Luciana pensó entonces que contar otras historias, distintas a la suya, haría que el libro fuera más representativo y le sirviera a más lectores. "Recuperé algunas historias que ya conocía, con las que me había ido encontrando en mi camino (ubiqué a las mujeres y las entrevisté), y salí a buscar otras con la consigna de la diversidad, a las que fui llegando de boca en boca, por conocidos", cuenta.

"Nunca pensé que el libro iba a generar cosas tan lindas. No fui del todo consciente cuando lo publiqué", dice Mantero, a más de dos meses de la salida a la venta de su libro. A diario, ella recibe mensajes en su Facebook de lectoras que pasaron o están pasando por una situación similar. "Me escribió hace poco una mujer que fue adoptada, contándome que el libro la ayudó a entender qué le había pasado a su mamá cuando no pudo concebir, cómo llegó a la decisión de la adopción; fue conmovedor", expresa. "Creo que había una necesidad de las mujeres que atravesamos la infertilidad de poner en valor nuestros sentimientos y de sentirnos reflejadas y aprender unas de otras", reflexiona.

Cuando la situación económica coarta el deseo

Diario Popular: Mientras leía las diferentes historias, pensaba que la mayoría (salvo alguna excepción) son mujeres de clase media/media alta. Y me preguntaba qué pasa con las mujeres que no pueden tener hijos y tampoco pueden pagar un tratamiento. ¿Crees que el Estado contempla estos casos? (con la Ley de Fertilización Asistida, por ejemplo).

Luciana Mantero: Creo que en el caso de las mujeres de clase baja hoy el Estado, con la Ley de fertilización asistida, contempla y cubre a medias sus casos. Por lo que cuentan las ONGs especializadas en el tema, como Concebir o Sumate a dar vida, hay poquísimos hospitales públicos que brinden tratamientos de fertilización asistida, en especial en el interior del país. Los que lo hacen son tratamientos de baja complejidad (cuando la fecundación sucede dentro del cuerpo de la mujer, por ejemplo inseminación). Y en el caso de los de alta complejidad (la fecundación sucede afuera del cuerpo de la mujer, como fertilización invitro, entre otras) son técnicas muy complejas y entonces el Estado genera convenios con centros especializados, pero el turno de cada pareja suele demorar años, años preciosos en la calidad del sistema reproductivo de la mujer que lo necesita (a partir de los 35 años, la calidad de sus óvulos cae en picada). Por su parte, las obras sociales responden mejor que las empresas de medicina prepaga, que ponen una catarata de excusas para no cubrir los tratamientos que les corresponden por Ley, y en esto juega mucho el nivel de educación, información y perseverancia de las parejas involucradas para lograr finalmente la cobertura.


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