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Salud
17 | 01 | 2016
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El riesgo de querer ser el propio médico

Eduardo Moreyra
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Por Eduardo Moreyra


En muchas ocasiones acudimos a nuestro botiquín en lugar de a la ayuda profesional, desconociendo las consecuencias que puede causar el uso excesivo de medicamentos a nuestra salud. La automedicación es una costumbre extendida en todo el mundo y todas las sociedades, y en algunos casos tiene graves consecuencias.

El riesgo de querer ser el propio médico
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Con los cambios de temperatura y los calores, comienzan los cuidados para no caer en problemas que pueden derivar dolores musculares y hasta migrañas. Si eso pasa, solemos recurrir al médico para que nos proporcione los medicamentos pertinentes pero en muchos casos caemos en manos de nuestro propio diagnóstico y posterior ingesta de antibióticos.

La circulación de gérmenes, productores de faringitis, laringitis, bronquitis, neumonías y procesos infecciosos, pueden complicar el normal desarrollo de las actividades diarias de quienes las padezcan. Por esta razón, ante los primeros síntomas muchas personas tienden a autodiagnosticarse y en consecuencia automedicarse, sin saber las consecuencias que puede traer aparejado el consumo incorrecto de antibióticos, nos dice el doctor Ernesto Crescenti (MN: 50.776). Médico, investigador y Director del Instituto de Inmunooncología, que lleva su nombre.

Aunque quizás la automedicación ayude a mejorar y evitar que el cuadro infeccioso avance, en muchos otros pueden generar cierta dependencia o cubrir otras patologías.

Además las dosis elevadas y sin control pueden provocar, con el paso del tiempo, diversos problemas (accidentes cardiovasculares, gástricos, entre otros) por lo que se aconseja que los tratamientos sean lo más cortos posible.

Si tomamos antibióticos con mucha frecuencia ayudamos a que las bacterias se vuelvan más complicadas de destruir, ya que hay algunas cepas que no son eliminadas, que sobreviven y se multiplican.

Si hay cepas que los antibióticos no destruyen y se crea una 'resistencia antibiótica', necesitamos dosis más fuertes de antibióticos y los actuales dejan de funcionar.

El uso indiscriminado de este tipo de medicamentos provoca que enfermedades que estaban controladas aumenten tanto en número como en virulencia.

Esto quiere decir que patologías que ahora no suponen ningún problema sean mortales en diez años.

Debemos 'dejar pasar' las infecciones leves causadas por un virus sin tratar por este tipo de medicamentos y tratándolos como nos sugiere el médico.

Las infecciones bacterianas suelen ser tratadas con antibióticos, pero de la manera exacta que le ha indicado su médico. No hay que interrumpir la dosis o doblarla en ningún caso y siempre se tiene que cumplir el plazo establecido de ingesta, ni más días ni menos.

Debe intentar tomar las pastillas siempre en el mismo horario.

No puede usar el antibiótico que han recetado a alguien conocido aunque tenga la misma enfermedad. Espere a ser reconocido por un médico y a que le prescriba el antibiótico correspondiente.

Nunca le dé a un niño la dosis de un adulto ni al contrario.

En ningún caso guarde las pastillas que le sobren y las tome más tarde, cuando vuelva a enfermar.

Lávese las manos de forma frecuente, sobre todo al volver a casa y si ha estado en un lugar frecuentado por mucha gente.

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