domingo 4.12.2016 - Actualizado hace
Turismo
17 | 01 | 2016
Imprimir
Agrandar
Reducir

El incomparable encanto de La Lobería

0
Comentarios


A kilómetros de Viedma, y con un escenario incomparable, el lugar preferido de la fauna marina por su tranquilidad, subyuga a los viajeros por el clima especial: mientras los lobos marinos y otras especies reposan, las playas y la particular geografía invitan a la meditación y a revisar un modo de vida, al margen del vértigo cotidiano.

El incomparable encanto de La Lobería
Foto:

Con el nombre genérico de La Lobería se conoce un sitio de la costa patagónica rionegrina, a poco más de 60 kilómetros de Viedma, pleno de atractivos que combinan un escenario natural privilegiado con aires de energía mágica que, según aseguran muchos de sus visitantes, potencian la actitud mental para la meditación y la sanación de inquietudes espirituales.

"No faltan, en relación con esta virtud sin explicación científica concreta, quienes lo relacionan con la habitual observación de objetos voladores no identificados, durante las noches patagónicas", sorprende con su descripción Sergio Pappático, secretario de Turismo de la municipalidad de la capital rionegrina, quien ha recopilado información sobre este tema.

Dejando atrás la villa marítima El Cóndor y tras recorrer 30 kilómetros por la ruta pavimentada de los acantilados, que permite contemplar el mar desde un balcón privilegiado, se llega al balneario La Lobería. Hay allí servicio de confitería-restaurante, junto a una bajada de escalones de cemento para llegar al mar, en tanto que para los perezosos o personas con problemas de movilidad, se cuenta con un carrito eléctrico que baja y sube paralelo a la escalinata.

La playa está protegida por acantilados de hasta 50 metros de altura, con fina arena se mezcla con piedras minúsculas y cuando la marea está baja, quedan descubiertos unos curiosos piletones cavados por el oleaje entre las piedras de las restingas, donde es posible sumergirse y nadar.

Caminando por la playa, hacia el sudoeste -donde el sol cae en el mar- a unos mil metros de distancia se arriba al sitio conocido como El Anfiteatro, donde el acantilado presenta la forma de un abanico gigante.

El encanto de este lugar es incomparable y, si bien en muchos casos, los visitantes guardan celosamente su deseo de trasladarse hasta aquí, como quien conserva un secreto, el encuentro con la naturaleza, se disfruta tanto que ni el más distraído logra evitar un paisaje único y, si se quiere, inesperado.

Meditación profunda

La apertura franca al mar con visuales panorámicas, la presencia intensa de fauna autóctona, las mareas con gran desnivel y la energía especial hacen de este un sitio único, un lugar verdaderamente sanador", cuenta el arquitecto e instructor de meditación budista Michel Hanano, quien levantó en el poblado cercano un refugio para "generar un espacio de yoga, respiración y caminatas contemplativas".

Pappático, quien recogió las palabras de Hanano en un documento sobre las virtudes mágicas del sitio, también mencionó que 'desde el arte se valora el ambiente de creatividad mágica que proporciona La Lobería, y tenemos como ejemplos a los músicos viedmenses Lisandro Aristimuño y Manuel Espinosa que vienen periódicamente aquí para buscar inspiración y energía'. Ellos dan cuenta de lo que realmente significa esta región.

Hay que seguir el mismo camino de acceso al balneario, esta vez sobre tierra y ripio, con velocidad baja y alta atención al volante, para llegar tres kilómetros después a la reserva natural de Punta Bermeja, bajo el manejo responsable y compartido de la secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable del gobierno rionegrino y la Fundación de Historia Natural Félix de Azara.

Allí se encuentra el primer apostadero de lobos marinos de un pelo de la Patagonia, considerado uno de los más importantes del mundo, con una población estable de cuatro a siete mil ejemplares, en su hábitat natural entre rocas, al pie del acantilado.

Acantilado que subyuga a cada uno de los "intrusos" que llegan para contemplar tanta belleza. Belleza potenciada por la particular geografía, por sus playas tan poco convencionales y por una fauna que reposa en libertad plena.

      Embed

Comentarios Facebook