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19 | 01 | 2016
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Claro como el cristal

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


Matías Rueda, una de las promesas del boxeo argentino, sigue invicto en una senda positiva un tanto engañosa, a la que no hace falta adivinar. Hay evidencias en muchas cosas que buscan resguardarse, y que se vieron en su victoria del sábado, como en su carrera. Secretos, percepciones, sensaciones, de una victoria y una figura.

Claro como el cristal
Foto:

El arte de la sospecha y la desconfianza, son armas que debe desarrollar el periodista para diferenciarse del espectador, a fin de intentar completarle la tarea.

No viene envuelta como información, sino como una sensación subjetiva, que no suele ser caprichosa, porque siempre –o casi siempre- tiene su punto de partida.

No es un don divino que el periodista tiene, sino que surge en los avatares de la profesión. Es la sumatoria de experiencias, versiones, comentarios y percepciones sueltas, que luego uno ordena y ata.

Hay motivos para pensar que el tandilense Matías Rueda y su rival del sábado pasado, el brasileño Leandro Mendes Pinto -a quien venció por KO 8 en el club Unión y Progreso de Tandil-, no dieron el peso anunciado (57,100 y 57,150 respectivamente). Y por ende, no debió haber estado en juego el título sudamericano pluma vacante del que se apoderó el local.

No si todo hubiese sido justo y correcto, de ser esta sospecha certera.

A decir verdad, tampoco era demasiado necesario ese título para alguien que está 2º en el ránking mundial OMB y 10º en la FIB, lo cual agrega una cuota de incoherencia al asunto que desconcierta, dado la prescindibilidad del mismo.

Pruebas no hay ninguna. Indicios, varios. Por empezar, lo visual, el primero de los sentidos que transmite la información subjetiva.

       Matías “La Cobrita” Rueda

En la retina existe un Rueda natural y sutilmente más delgado que el que subió el sábado, que no estaba ni por asomo gordo, pero sí con un par de kilos largos por encima de lo acostumbrado, que lo robustecieron muscularmente.

La gente no tiene por qué sacar estas conjeturas ni hacer asociaciones visuales, pero sí tiene derecho a que alguien se las acerque y lo haga pensar.

Pero hay además otros datos que tampoco maneja la gente, que es una cuestión de lógica: un hombre de 38 años, que en los últimos 3 ó 4 osciló entre superligero y welter (hasta 66 kg), y que viene de hacerlo en ligero hace 5 meses (dio 61 kg, supuestamente), no puede de repente ir contra natura y bajar 4 kilos, hasta los 57, un peso que no tuvo en toda su carrera, ni de joven.

La tendencia metabólica de cualquier persona, y más del atleta, es ir acumulando peso conforme pasan los años.

¿Rueda estaba excedido y buscó un rival acorde, o al revés?

En el primer caso, ¿por qué entonces poner en juego un título pluma? ¿Lo exigiría la OMB para mantenerlo en su ránking?

En el segundo, si es que el rival venía pasado, ¿por qué Mendes Pinto y no algún otro pluma real?

¿Por qué el boxeo se esmera siempre en poner un manto de sospecha en todo, aunque no haya razón?

Rueda también aportó lo suyo para las suspicacias: peleó a media máquina, como subestimando, como bostezando antes de cada acción. ¿Lo hace por saber que tiene enfrente poca exigencia, o es que ya pelea así, displicente, apático, desinteresado, indiferente?

Claro que esto tampoco aparecerá en una gacetilla de prensa oficial, pero es algo que se advierte visualmente, y que uno compara con el arquetipo del boxeo que tiene grabado en su sistema linfático.

      Matias Rueda.jpg

A Rueda no le servirán de nada estas últimas presentaciones cuando le llegue su chance mundialista y deba enfrentar a alguno de los dos campeones que hay, menos si le toca el de la OMB –el más lógico por su posición expectante- el ucraniano Vasyl Lomachencko.

No obstante, paradójicamente, no está mal lo que se hace con él: se lo cuida cual cristal. Y por eso mantiene su invicto, su aureola de promesa y su ranking. 

¿Por qué se lo cuida tanto? Porque se lo advierte frágil, y para eso no es necesario que lo noqueen, ni que pierda, o verlo en el piso.

Todos sabemos –mucho más quienes lo manejan- que Rueda no aguanta. Que su mandíbula es de papel, y que cuando lo toquen allí será el final, lo haga Lomachenko o Juan de los Palotes, pero preferible que lo haga Lomachenko por el título mundial y unos buenos verdes.

¿Existen pruebas de que Rueda tenga ese Talón de Aquiles en su quijada? Concretas ninguna. Todas insinuaciones. Pero sin embargo está tan claro como el agua. Lo mismo que los pesos del sábado pasado.

En su pelea frente a Mendes Pinto debió haber ganado por KO 2 cuando el brasileño cayó tras un hook al hígado, de no haber sido porque el árbitro Cesáreo Morales agregó segundos extras a la cuenta al llegar a 9, emparchando el reglamento. Mendes no quería, o no podía seguir, pero la extensa  pausa del árbitro lo persuadió injustificadamente.

¿Sensación nuestra? No, captación óptica de tiempo y espacio. ¿Motivo? Allí es donde entran a tallar la suspicacia y las conjeturas personales. Quizás haya sido una cuestión de sentido empático con el espectáculo, para que no se acabe tan prontamente, aunque le salió el tiro por la culata, ya que lo que sobrevino fue soporífero. Garpaba más el KO 2.

Y tal cuenta de protección larga quedó más en evidencia aún cuando vino la del 8º, tras un uno-dos que quizás hasta llegó bloqueado, pero derribó a Pinto y sus pocas ganas de seguir. Entonces fue que Morales la hizo de multiplicar. Una fue con reloj de arena y otra con uno de carrera. Fue evidente y notorio. Pero no se entiende el motivo, al igual que lo de los pesos.

Nada de esto debiera ser así, tan al revés. Tan falso. Tan dudoso. Vaya uno a saber si es contra el público, la prensa, los dirigentes de los organismos, o hacia adentro, para autoengañarse, pero no es el camino, aunque lo parezca. Tiene recorrido pero no salida y a veces lo saben todos, menos el que lo transita.


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