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21 | 01 | 2016
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"Cuando Éramos Reyes": historia oral definitiva del metal argento de los '80

Camilo de Cabo
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Por Camilo de Cabo


Un periodista/fan cuenta cómo fueron los inicios del heavy nacional a través del testimonio de una gran mayoría de olvidados protagonistas

Cuando Éramos Reyes: historia oral definitiva del metal argento de los 80
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En la década de su mayor éxito y repercusión a nivel mundial, el heavy metal recipen nacía en nuestro país. Conocido es el debate de si fue Riff o si, en cambio, fue V8 la primera banda nacional del género "con todas las letras". Pero muy poco conocidas son, para el rockero no metalero promedio, el resto de los grupos contemporáneos a los mencionados, que también le dieron impulso a lo que se convertiría en un verdadero movimiento musical y cultural. Por suerte para ellos, y para todos, llegó "Cuando Éramos Reyes", el libro que viene a rescatar del olvido a muchísimos artistas fundamentales para la existencia del heavy metal en la Argentina, y que, de alguna manera, viene a contar cómo se inició todo.

"Memorias del heavy argentino de los '80s" es el subtítulo de la obra de Rubén Cañizares, y en verdad le hace honor. Es que, como varias veces aclara su autor, "Cuando Éramos Reyes" no pretende ser una historia enciclopédica de este género pesado sino una recopilación de historias (en plural), anécdotas, vivencias, opiniones y testimonios de muchos de sus protagonistas, la mayoría de ellos no célebres. Y teniendo en cuenta la escasísima cantidad de material de archivo y periodístico sobre un tipo de expresión musical que nació y creció en el under, parece un verdadero acierto.

Más allá del rico aporte de figuras más conocidas como el Tano Marciello, Beto Ceriotti, Mario Ian, Beto Vázquez y Beto Zamarbide (este último a cargo del prólogo), lo más jugoso viene de la mano de músicos como Marcelo Simoni y Daniel Parodi de Bloke, Alejandro Roldán de Dhak, "Tarkus" Albanesi y Charlie Álvarez de Thor, Marcelo Michell de Hellion, "Guzzy" Perugino y Roberto Cosseddu de Kamikaze, Domingo Felice, Ismael Porcel y Rubén Cuenca de Retrosatán, Víctor Rivarola de Bunker, Marcelo Nicocia de 666 y Motor V, Willy Caballero de Cerbero, Frank Henstein de Dr. Jekill, Walter Armada de Mark I, Olaf Mangialavore de El Dragón y muchos más, quienes dan un pantallazo muy interesante no sólo de sus propias vidas y carreras sino, sobre todo, de lo que era ser heavy en los ochenta en un país donde todo costaba mucho.

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A su vez, con el correr de las páginas nos encontramos con entrevistas a periodistas de los pocos medios que le dieron lugar al género en esos años (como el programa radial "Cuero Pesado" y las revistas "Riff Raff" y "Metal"), seguidores que promovieron la escena como pocos (Pocho Metálica, Luis Alakrán, Fabián de la Torre, Alfredo Andrade), fotógrafos, dueños de disquerías y otros protagonistas fundamentales, lo que brinda un panorama bastante abarcativo del mundo del metal nacional (aunque, más bien,  bonaerense y porteño sobre todo) de aquellos años.

Cañizares, por su parte, logra a través de su prosa llena de pasión (como buen fan del metal que se precie) generar un hilo conductor para todas las múltiples historias y voces, que aparecen siempre de una manera amena que entretiene en todo momento. En ese sentido, la gran cantidad de fotos e imágenes que inundan las páginas, y el muy buen diseño y diagramación (parte de la excelente edición a cargo de Jedbangers, la mejor revista de rock pesado de nuestro país) ayudan y aportan mucho. Mención aparte para el CD que acompaña a la obra, un compilado de temas de las bandas que aparecen en sus páginas (algunos de buen sonido, otros no tanto, pero todos invaluables registros de mucha música inconseguible en estos tiempos) y que, con su escucha, le da otra dimensión a la lectura.

En definitiva, "Cuando Éramos Reyes" no sólo es un buen libro, sino uno fundamental para la historia (e historiografía) del heavy metal en la Argentina. Pero, por sobre toda las cosas, constituye una representativa muestra de lo que fue, es y será ser metalero en nuestro país. Como decía V8, un paso más en la batalla.

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