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Política
30 | 01 | 2016
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Hay que pasar el verano, es la consigna del macrismo

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


El punto de inflexión anunciado por Prat-Gay es para fines de marzo. Para entonces se habrán ya implementado las medidas antipáticas y se pondrá en marcha el plan anti-inflacionario. Rispideces entre el ala técnica y la política.

Hay que pasar el verano, es la consigna del macrismo
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"Las malas noticias todas juntas", dice el axioma que se aplica en la política y que prevaleció cuando subsistía la disyuntiva entre gradualismo y shock. Está claro qué postura se impuso en el debate dentro del macrismo, luego de que finalmente la última semana se confirmara la puesta en marcha del aumento de tarifas eléctricas a partir de este lunes.

Los porcentajes elevadísimos confirmados para el ajuste tarifario llevaron a muchos a proclamar que aquello de la 'campaña del miedo' no era una campaña, sino una acertada anticipación de lo que vendría si se imponía Cambiemos. Obviamente estamos hablando de integrantes del 48% que votó a Daniel Scioli. Lo mismo hacen dirigentes kirchneristas que desde el 10 de diciembre, sino antes, se muestran muy dispuestos a contar las costillas ajenas, sin perder ocasión.

Lo cierto es que existe una fuerte convicción respecto a que cualquiera que ganara tendría inexorablemente que recorrer este camino. La diferencia, en todo caso, radica en las formas y los tiempos. Un allegado al excandidato presidencial del FpV, que trabajó con él durante toda la gobernación y que aún hoy está cerca y colabora, confió a DIARIO POPULAR que en caso de haber ganado ellos hubieran buscado un arreglo con los fondos buitre y sincerado las tarifas. La diferencia hubiera estado en la magnitud de ese sinceramiento, aclaró. Gradualismo, no shock.

El equipo de Mauricio Macri siempre tuvo inclinación por la vía rápida, convencido de que otra alternativa representaba una mala señal para los inversores, que son su desvelo. En todo caso las dudas se planteaban en la dimensión del impacto de las medidas, no en la necesidad de actuar rápido, de aprovechar el verano para avanzar en las correcciones que consideran indispensables para desarrollar su gobierno. El camino a seguir fue, se convencieron, el aplicado con la eliminación del cepo, que tal cual prometieron en campaña se levantó -sino por completo, ni tampoco el primer día- rápida y exitosamente.

Alfonso de Prat-Gay ganó credibilidad con ese primer paso dado. Había admitido aún antes de darlo que esa era la medida más sencilla de las que debía dar. Espera haber ganado un buen crédito como para que le crean. Pero cuando dijo que la inflación anual prevista oscilaría entre el 20 y 25%, no convenció. También le discutían lo del cepo, así que merecería cierta consideración.

Ha anticipado que el punto de inflexión será en tres meses. No es una estimación arbitraria; el ministro está hablando del momento en que todas las malas noticias habrán ya sido anunciadas y puestas en práctica. Para fines de marzo estarán en vigencia los aumentos de tarifas, el sacudón inflacionario que conlleva la vuelta a clases. Estarán en plena discusión las paritarias, y se espera que la negociación con los holdouts esté encaminada.

El shock de los despidos en la administración pública ya habrá concluido, y para entonces deberá ponerse en marcha el plan anti-inflacionario que todavía no ha sido exhibido. Previamente habrá una batería de anuncios 'positivos', entre los que se destacan el aumento del mínimo no imponible de Ganancias.

Por eso se habla de un segundo semestre mejor que el primero -decididamente negativo-, en el que pueda haber un rebote que conlleve un crecimiento moderado, apenas el 1%. Ese panorama incluye un dato insoslayable: la devaluación, el aumento de alimentos, tarifas, bienes y otros insumos, y el desfasaje de los precios con los sueldos, provocarán un enfriamiento de la economía que actuará como freno de la inflación. Sí o sí para entonces deberá haber un plan.

Hay que recordar que faltan más malas noticias: la suba del gas aún no ha sido anunciada y analizan cómo implementar y cuándo anunciar la de los transportes.

Todo lo dicho, menos los despidos en la sobredimensionada plantilla del Estado, lo hubiera debido hacer también Scioli. Con mayor o menor eficacia, pero son cosas que todos saben que no podían evitarse. Tal vez le hubiera costado más explicarlo, y las resistencias internas hubieran sido una complicación para el éxito buscado. Pero hasta el gobierno anterior también tuvo una vez la decisión de avanzar en ese sentido. Se usó el eufemismo 'sintonía fina', y no fue anunciada por Cristina, sino por Amado Boudou, Hernán Lorenzino y Julio De Vido, hace poco más de cuatro años, inmediatamente después del 54%. Pero el plan fue frenado y archivado justo cuando tocaba anunciar la readecuación de las tarifas de transporte. Para eso se había creado la SUBE, pero antes fue la tragedia de Once y ya no se habló del tema.

Las discrepancias en el seno del gobierno van más allá del shock y el gradualismo. Se dan entre el ala técnica, que pareciera disfrutar de estirar al máximo las cuerdas legales, y el ala política, que trabaja como orfebre para instrumentar los acuerdos necesarios para evitar que el Congreso se transforme a partir de marzo en una pesadilla. Van dos veces que estos últimos sienten que le patean el tablero. La primera vez fue cuando a poco de iniciado el mandato de Macri un sorpresivo decreto encumbró a dos jueces en el seno de la Corte Suprema 'en comisión', desatando la indignación general de la oposición, y una incomodidad notoria en los propios socios de Cambiemos. La segunda fue cuando se le aumentó por decreto el porcentaje de la coparticipación a la Capital Federal, congelando la fractura que maduraba en el seno del peronismo que, por el contrario, encontró un factor común para aglutinarse.

En ambos casos debió dar marcha atrás el gobierno, lo cual en cierta forma también es un paso adelante si se buscan diferencias con su antecesor. Pero no dejan de ser vistos como errores. Con los jueces, la jura fue postergada, pero no está confirmado que vayan a seguirse los pasos legislativos al pie de la letra. Con la coparticipación, el incansable Rogelio Frigerio prometió un decreto aclaratorio, aunque admitió públicamente que fue un error. En ambos casos se ve la letra de Fabián Rodríguez Simón. Hombre del núcleo duro del Presidente, diputado del Parlasur, cerebro jurídico de Macri, y gestor de medidas tan audaces como polémicas, como la cautelar que llevó a determinar que a medianoche del 9 de diciembre Cristina Kirchner se transformara en calabaza, 'Pepín' genera resistencia en parte del gobierno que ve pernicioso su espíritu trasgresor.

Arranca febrero y el limbo comienza a disiparse, conforme la actividad va reanudándose. Es lo que pasará en el Congreso, que seguirá sin sesionar -no habrá extraordinarias-, pero va retomando la actividad, pues muchas cosas deberán estar resueltas para antes del 1º de febrero. La conformación de las comisiones, por ejemplo. Razón por la cual comenzarán a aparecer en el Parlamento diputados y senadores.

Héctor Recalde aprovechará para tratar de medir sus fuerzas. Con la excusa de la presencia del vicepresidente de Bolivia, que visitará este lunes el bloque, reunirá unos cuantos diputados y seguirá trabajando en la convocatoria que prepara para el miércoles. La excusa es hacer un balance de lo actuado hasta ahora y sobre todo ver qué comisiones quiere cada legislador. Cuanta más gente reúna, más fuerza tendrá para resistir los embates del resto del peronismo. Tiene un llamador extra: debe definirse la designación del personal de cada diputado.

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