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07 | 02 | 2016
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Eduardo Sacheri: “Escribo porque me hace bien”

Sergio Pjaseczny
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Por Sergio Pjaseczny


Dice que el arte es para entender el alma humana. Le importa lo que opine el público de sus textos, pero si nadie más lo leyera seguiría escribiendo porque “mi objetivo esencial sigue siendo sacarme las cosas de encima”.

Eduardo Sacheri: “Escribo porque me hace bien”
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Cree que la literatura abre las puertas de la comprensión del alma humana. Devela que el fin que persigue su tarea pasa por entender mejor la vida que le toca vivir y el contenido trágico de la existencia. Estos pensamientos ponen a la luz el combustible que enciende el motor creativo de Eduardo Sacheri.

l La página en blanco, ¿lo estimula o lo inhibe?

-Es más lo que me inhibe que lo que me estimula. Preparo mucho la previa para que el inicio de la escritura no me agarre mal parado.

l Lo que sucede a su alrededor, ¿lo anima o lo desanima a comenzar el proceso creativo?

-Me anima. Creo que lo que me lleva a escribir son esas preguntas sin respuestas que tiene la existencia. Lo que uno escribe es una manera indirecta y laberíntica de responder esos interrogantes.

l ¿Qué puertas abren las llaves de la literatura?

-Las de la comprensión del alma humana. El arte es un intento de entender la vida y nuestra alma y la de los demás.

l Para crear, ¿hay que transpirar la camiseta?

-Para mí, en la creación existen dos momentos: uno de ellos consiste en sacar lo que uno quiere decir y cualquiera merece tener esa oportunidad, escriba bien o mal, cante bien o mal, pinte bien o mal, y el segundo momento es en el que como creador intentás artesanalmente dotar de cierta forma a lo que creás, para que al otro le interese, le guste y le llegue, ésa es la parte de transpirar.

l ¿Es la parte profesional de la vocación?

-Sin duda. Si no estás dispuesto a hacerlo es muy difícil que tu creación guste.

l ¿Cuándo se está en condiciones de saber que uno es escritor?

-En mi caso, lo noté cuando mi familia empezó a comer de mi trabajo. Antes, yo era un profesor de historia que escribía de a ratos y mi familia comía de mis horas de clase. Yo empecé a sentirme escritor cuando pude pagar una cena o unos días de vacaciones con la retribución que obtenía de mis libros o del cine.

l En este caso, ¿se depende de la mirada del otro?

-Desde el punto de vista salarial, sí, pero también de que en una Feria del Libro alguien que no conocés te traiga un libro para que lo firmes o te diga que le gustó lo que escribiste. Eso te construye como escritor.

l ¿Qué le resultó más complejo: editar el primer libro o sostener y mejorar lo que hizo?

-Yo comencé de manera muy amateur, sin proponerme ser escritor. El hecho de que mis cuentos se difundieran por radio con Alejandro Apo, me facilitó mucho para publicar mi primer libro. En ese sentido, tuve suerte. Tal vez, lo más difícil fue editar el segundo y el tercer libro.

l En algún punto, ¿sintió que lo que hacía no tenía sentido?

-No porque, para mi, el sentido fundamental es que escribir me haga bien.

l Inicialmente, ¿le otorga a la escritura un rol terapéutico?

-Absolutamente y sigue siendo así. Esto no significa que me importa tres cominos que a los demás les guste, pero si en un futuro lo que necesito escribir se divorcia de lo que la gente quiere leer y nadie me compra un libro, lo voy a lamentar, pero no voy a dejar de escribir, porque mi objetivo esencial sigue siendo sacarme las cosas de encima.

l ¿Todas las grandes obras literarias ya fueron escritas?

-Sin duda, los grandes temas fueron tocados, pero creo que hay lugar para grandes obras, porque los seres humanos necesitamos seguir preguntándonos y esas preguntas requieren nuevas respuestas. Es probable que los griegos ya se hayan preguntado todo. Si bien ya pasaron 2.500 años, aún seguimos precisando escribir.

l En estos tiempos, ¿las palabras han perdido peso específico?

-Me da la impresión que las palabras son menos trascendentes. Hablamos mucho. Lo bueno es que nos expresamos más pero lo malo es que cada palabra se tornó más ligera, menos seria y menos contundente. Se puede decir cualquier cosa de alguien y nadie presta demasiada atención a lo que se dice y eso no es bueno.

l ¿Qué reflexión le merece el dicho: "A las palabras se las lleva el viento"?

-No lo comparto. Es más, a veces, las palabras vienen cargadas de rencor, de odio, de maldad o de mucho amor y esas palabras quedan, ni qué hablar si están escritas, porque son más sólidas que las palabras dichas.

l Dígame, Sacheri, ¿uno es lo que hace?

-Uno es mucho más lo que hace que lo que dice.

l Al margen de escribir, ¿qué otra cosa le sale bien?


-Leer. Soy un buen lector, porque le pongo una enorme pasión a la lectura.




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