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Fútbol
11 | 02 | 2016
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Estalló la bomba en Boca y las esquirlas tienen nombres propios

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Orion explotó en el vestuario, Tevez volvió a hacer autocrítica y Arruabarrena, bancado por Angelici horas antes de que soplara el Ciclón, sabe que está en la cuerda floja. Cata Díaz le brindó un respaldo tibio y el nombre de Barros Schelotto suena cada vez más fuerte. Seis nombres alrededor de la hecatombe xeneize

Estalló la bomba en Boca y las esquirlas tienen nombres propios
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Rodolfo Arruabarrena camina de aquí para allá, gesticula y, ante cada puñalada de San Lorenzo, otorga para las cámaras retratos perfectos que describen el caos de Boca. Apenas termina el partido esquiva el micrófono, pero minutos después ofrece una rueda de prensa: "Hay bajos niveles, anímicamente estamos mal, pero estamos fuertes para revertir esta situación. Estoy dolido porque el hincha de Boca vino a ver un equipo y se encontró a otro. Hubo momentos en los cuales no tuvimos carácter para una final y fuimos ampliamente superados".

Daniel Angelici lo confirmó en el cargo horas atrás. "Cualquiera sea el resultado, el Vasco seguirá siendo el DT de Boca. Hace su trabajo bien, tuvo un verano que no fue bueno, hay mucha presión", dijo. Fue mucho tiempo antes de este 0-4 lapidario, un resultado "sacatécnicos", como gusta en la jerga. Pasó una vida desde la mañana del miércoles, por más que muchos comenzaran a hablar desde temprano de "fin de ciclo".

Agustín Orion se hace escuchar tras un largo silencio en el vestuario del Mario Alberto Kempes: "¡Somos una máquina de perder finales, qué carajo nos pasa! Acá no se salva nadie, ni uno eh, ni uno. Nos hacen un gol y no nos podemos levantar. Nos hacen cuatro y no reaccionamos". La respuesta es más silencio, quizá porque no haya nada inteligente para decir.

Carlos Tevez ni se gasta en desmentir la bronca del arquero: "Son calenturas. Es la primera final que pierdo desde que estoy en Boca... Cada uno puede decir lo que quiera, estábamos en una reunión y eso queda ahí y cada uno respeta al otro, como tiene que ser". Pero también hace autocrítica –una más- y lanza dardos despersonalizados: "Tenemos que rompernos un poco más el culo. Además de mí, hay seis o siete que están con muy bajo nivel".

Daniel "Cata" Díaz, el capitán, luce tan desorientado en la cancha como a la hora de explicar la crisis general y la situación particular del entrenador: "La continuidad del Vasco la pone en duda el periodismo. Ni nosotros ni los dirigentes tenemos que hablar de eso: esa idea no salió de ninguno de nosotros". Sus palabras no sonaron precisamente como un espaldarazo para el guía de la expedición xeneize.

Guillermo Barros Schelotto se desvincula abrupta y curiosamente del Palermo de Italia, tras cuatro partidos. Acepta sin discusiones que "la ley está para cumplirla" y emprende el regreso a Buenos Aires. Las encuestas de las redes sociales lo ponen en la cima de las preferencias de los hinchas de Boca para hallarle una salida a este equipo millonario lleno de rostros infelices. Un equipo que se autodestruye en lo que dura un verano, reloj bomba de mecha corta. A esta altura, la paz cotiza como nunca en el reino de los tiempos fugaces.

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