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Fútbol
11 | 02 | 2016
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La máquina de humo: por qué hay tanto ruido en el mercado de pases

Nicolás Rotnitzky
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Por Nicolás Rotnitzky


Cerró el libro y concluyó el periodo de versiones sobre incorporaciones insólitas. Bernardo Romeo y Ricardo Schlieper intentan explicar solamente uno de cada cinco jugadores que sonaron como posibles refuerzos en los cinco grandes pudieron concretar las negociaciones. ¿O no todas fueron negociaciones?

La máquina de humo: por qué hay tanto ruido en el mercado de pases
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"El mercado de pases es un despelote de nombres que van y vienen", dice Bernardo Romeo y no hay frase mejor para definirlo porque el mercado de pases es eso: un despelote de nombres que van y vienen. Según relevó DIARIO POPULAR, desde que terminó el campeonato que ganó Boca hasta ayer, que cerró el período de transferencias, hubo 145 rumores -con varios nombres repetidos- vinculados a River, Boca, San Lorenzo, Independiente y Racing. Solamente 27 futbolistas, de un total de 111 jugadores que sonaron más veces que la canción del verano, llegaron a los cinco grandes. En limpio: cuatro de cada cinco versiones no se concretaron. O peor: ni siquiera fueron negociaciones.

"La cantidad de jugadores que nos ofrecen es increíble", dice Bernardo Romeo, manager del Ciclón, y se ríe. A él, precisa, le acercaron "entre 40 y 50" profesionales: "A veces me llama un representante; otras un familiar, un tío, un hermano. Los atiendo a todos", cuenta. Romeo es el encargado de incorporar futbolistas: en algunos casos los elige, en otros se ocupa de las negociaciones. La lista de pretendidos sale de una mesa chica entre Matías Lammens, Marcelo Tinelli y el director técnico de turno, en este caso, Pablo Guede. La secta define, primero, qué puestos deben reforzar. Ponen prioridades: plan A, plan B, plan C. Y salen al mercado: "Este año afrontamos varias negociaciones, pero por suerte la mayoría que trajimos eran nuestra primera opción", revela.

Trascendieron 28 apellidos en el club de Boedo, pero llegaron solamente seis: Fernando Belluschi, Marcos Angeleri, Paulo Díaz, Nicolás Navarro, Ezequiel Cerruti y Pedro Franco.

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Ricardo Schlieper es un representante con más de 25 años en el fútbol. Maneja, entre otros, a Nicolás Tagliafico, Juan Antonio Pizzi y Mauricio Martínez, volante de Unión que estuvo cerca de arribar a Independiente. Tiene un lema, una verdad personal: "Intento que no trascienda nada hasta que esté cerrado", asegura. Muchas veces son sus colegas, los agentes, quienes divulgan los rumores: "Cualquier nombre que surja por parte de un dirigente, empresario, allegado, o lo que sea vinculado al club, el periodismo lo pone como posible refuerzo. La culpa es de los periodistas por no chequear la información", explica Schlieper.

Otras veces, los representantes contactan a los entrenadores y el diálogo es algo así:

-Me enteré que estás buscando un central. Yo tengo a Juan Gómez, si te interesa—.

-No, no busco un central, ¿pero tenés algún volante por derecha?-

Esa charla se filtra: siempre se filtra. Y ahí está, ahí tenés: un nuevo apellido en la radio.

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"Siempre tenés que estar atento al mercado. El representante le ofrece el futbolista al que tenga más confianza en el club: dirigente, entrenador, presidente. Otras veces, nos llaman desde los clubes para pedir sugerencias", afirma Schlieper.

Schlieper dice que la cotización de un futbolista no sube si es buscado por los grandes: "Eso podía pasar en otra época. Ahora no hay competencia en el mercado interno: Boca y River no se tocan. El problema es cuando los quieren los clubes del exterior. Ahí, salvo excepciones como la de Nicolás Domingo a River, no podés pelear". Romeo, incrédulo, lo contradice: "Yo sé lo que te digo: los costos se agrandan. Los representantes tiran el nombre para subir el valor. Hay un precio de mercado, pero si aparecen clubes importantes, se atrasa la negociación, el club vendedor especula... no es lo mismo", asegura.

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Pero la competencia interna existe: Sergio Vittor y Germán Conti, por ejemplo, sonaron en cuatro de los cinco grandes. San Lorenzo empezó a negociar por el central de Colón. Semanas después se metió River. Esa superposición de intereses, a Romeo, le molesta: "No me gusta que los jugadores que buscamos suenen en otros clubes. Pero el representante es sincero: si el jugador quiere ir al club, te da la prioridad, por más que lo quieran otros. Hay un código, una palabra que es importante", dice.

Este último mercado de pases fue extraño: hubo dos meses sin fútbol. Romeo se apoya en esa premisa para argumentar las demoras del Ciclón para cerrar negociaciones. Schlieper indica que "no fue un mercado de gran trascendencia". Mientras tanto, los hinchas, sin la pelota, sin la cancha, sin partidos, juegan y fantasean: preguntan si los refuerzos van a llegar, se ilusionan con un posible equipo ideal, con salir campeones, ganar la Libertadores y viajar a Japón. Y al final, aquellos que firman, son los menos: uno de cada cinco, dos de cada diez.

Así, con ese indicador y expectativas más bajas, hay que seguir el mercado de pases: ese despelote.


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