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15 | 02 | 2016
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Daniel Burman: "Reencontré la inocencia de mis primeras películas"

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El director decidió regresar al espíritu lúdico de sus comienzos. El undécimo film del realizador retrata a la comunidad judía de la zona comercial porteña y, no casualmente, es la historia de un retorno.

Daniel Burman: Reencontré la inocencia de mis primeras películas
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El cineasta Daniel Burman experimentó un "renacimiento personal y cinematográfico" con El Rey del Once, una comedia en la que vuelve a sus orígenes y retrata a la comunidad judía de esa zona porteña, a través de las vivencias de un joven que regresa de Nueva York para encontrarse con un padre-dios omnipresente, responsable de una fundación de acción solidaria, al que siempre escucha pero nunca puede ver.

"Esta película es un nuevo comienzo para mí, porque llegué a un punto de mi vida profesional en que me había abandonado el entusiasmo y esa emoción infantil de hacer cine. Por eso decidí volver a esa inconsciencia y frescura que tenía cuando empecé. O dejaba de hacer cine o volvía a este tipo de películas", aseguró Burman, que estrenó su undécimo largometraje en Argentina y Alemania simultáneamente.

A sus 42 años, Burman se alejó de "la telaraña de expectativas propias y ajenas" que le impedían disfrutar de lo que hacía: "Quería reencontrarme con esa sensación de inocencia de mis primeras películas y así poder experimentar un renacimiento de mi vida profesional. Cuando para ir a un estreno pensás si tenés que tomar un sedante o no, cuando perdés el espíritu lúdico o te tomás todo tan a pecho, ahí hay que resetear y empezar de nuevo".

El nuevo film del autor de "El abrazo partido" y "Derecho de familia", que inaugurará la sección Panorama del 66º Festival Internacional de Cine de Berlín, en Alemania, marca el regreso de Burman al universo que más conoce y sabe retratar, la vida de la colectividad judía del Once, las problemáticas relaciones entre un padre y su hijo, los vínculos familiares y la dinámica febril de esa zona comercial. Se trata de una comedia sutil y humana que sigue el viaje de transformación de Ariel (Alan Sabbagh), un joven judío argentino que tiene un exitoso presente como economista en Nueva York y regresa a Buenos Aires convocado por su padre, Usher, quien lo va involucrando -sin que lo note- en el ritmo alocado de la fundación que él dirige, dedicada a la ayuda solidaria de la comunidad judía y de otra gente en la zona de Once.

Envuelto en la vorágine y el caos que implican cumplir los compromisos que esa fundación y su padre se imponen para ayudar a los demás (pagar deudas, catalogar donaciones, conseguir dinero, buscar alimentos, conseguir medicamentos, hacer la comida y un grandísimo etcétera), Ariel se va reencontrando con su infancia, sus querencias y los valores humanos de una cultura tan rica como milenaria. "Ante la pérdida de rumbo lo mejor es volver al punto de origen. Es un plan diseñado por Usher, pero para que Ariel lo viva por sí mismo", afirmó Burman en relación a la influencia que tiene sobre el carácter del protagonista la figura paterna que, aunque siempre está ausente, se manifiesta casi como un dios que sabe exactamente dónde está a cada momento y le da indicaciones desde el más allá, a través de un celular.

"Es una no presencia contenedora. Un buen padre o dios no es aquel que está siempre presente, sino aquel que preparó todo para cuando no puede estar presente. Su ausencia es una profunda y delicada preparación para que el otro pueda ser por sí mismo", dijo Burman y añadió que es algo parecido al Zim-zum, el primer movimiento de Dios según la religión judía, "un momento de contracción donde el Padre se retrae para dejar un espacio para uno".

Para el cineasta, "hay como un retorno al origen y una rectificación de cosas de su padre. Hay una transformación interna, porque lo importante es cómo llegás y no necesariamente a dónde. De algún modo, para Ariel ese es el click que le permite convertirse en padre de su padre, ya que lo baja del pedestal simbólico y lo deja en el lugar donde siempre estuvo".

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