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Política
13 | 02 | 2016
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El mínimo no imponible destrabaría paritarias

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Claramente la inflación es el lastre más pesado que carga la administración macrista a dos meses de haber asumido. Ya se sabe qué se impuso entre shock y gradualismo. La política en cambio está encaminada.

El mínimo no imponible destrabaría paritarias
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Despectivamente llamado 'CEOcracia' por sus adversarios más duros, quienes minimizan la capacidad del gobierno de Mauricio Macri ponían en tela de juicio las posibilidades del mismo para avanzar en acuerdos políticos. Y a pesar de las innumerables penurias económicas heredadas, le asignaban al área política el talón de Aquiles del nuevo Poder Ejecutivo.

Con un gobierno que le destinó seis ministerios al área económica, y puso al frente de los mismos a gente de prestigio y reconocimiento en el mundo de los negocios, el panorama en principio era auspicioso. Si a eso le sumamos el arranque exitoso con la salida del cepo, no había más que albergar expectativas positivas.

Como contraste teníamos a un gobierno que se complicó rápido con los decretos de nombramientos de dos jueces 'en comisión' para la Corte Suprema, y un panorama ciertamente complicado en las dos cámaras del Congreso.

El gobierno de Macri cumplió dos meses revirtiendo ese cuadro. Luego de haberse manejado a fuerza de decretos -aunque los polémicos de necesidad y urgencia fueron apenas seis-, llega a las puertas del inicio de las sesiones ordinarias del Congreso con un panorama despejado en ambas cámaras, luego de haberse registrado una primera ruptura en el bloque kirchnerista de diputados y haber alcanzado principios de entendimiento en el Senado, donde el macrismo será minoritario durante todo su mandato.

Por el contrario, la economía aparece complicada, en función de una inflación inasible. Con el 'éxito' de la salida del cepo en sus pergaminos, el ministro de Finanzas Alfonso de Prat-Gay espera convencer con su pronóstico inflacionario de entre el 20 y 25%. Habrá que darle crédito, pero no hay consultora que tenga un interanual inferior al 31%.

El ministro confía en que pasado el sacudón de estos reajustes, en el segundo semestre el alza de precios se haya estabilizado. Igual, ahora prefiere hablar a largo plazo y sostiene que llevará dos años llevarla a un dígito. En el propio Cambiemos, los optimistas no son tan contundentes y estiran los tiempos a cuatro años. Es el menú que ofrecían los otros candidatos con posibilidades.

Prat-Gay habla de gradualismo, admitiendo que esa política es la que se impuso al shock que sugerían otras voces. Siempre se supo que al inclinarse por el economista proveniente de la Coalición Cívica, Macri se alejaba de la alternativa ortodoxa. Aquellos insisten en advertir que contra la inflación en la Argentina sólo tuvieron éxito los planes de shock. En la otra vereda recuerdan que el 'rodrigazo', y hasta el fracasado Plan Primavera. Para aventar polémicas, el ministro recordó que bajar rápido la inflación implicaría 'despidos, ajuste fiscal y ajuste social'. Esa convicción fue la que convenció a Macri de optar por la moderación, consciente de que no existen las condiciones para imponer medidas más drásticas de las que se están tomando. Los argentinos solo están dispuestos a estos sacrificios ante situaciones terminales, léase hiperinflación de 1989, o derrumbe de 2001.

Mientras tanto Prat-Gay ha debido lidiar con las primeras rencillas internas, producto de su exposición mediática y su juego demasiado individualista para el gusto PRO. El ministro habla directamente con Macri, sin la escala previa en el jefe de Gabinete, y eso genera ciertas rispideces. Para poner paños fríos, se realizó una reunión de la que participaron Marcos Peña, Rodolfo Frigerio y los seis ministros que conforman el gabinete económico, de donde surgió la decisión de conformar una mesa chica que comandará el jefe de Gabinete e integrarán funcionarios de esos ministerios y de la Secretaría de Medios, para analizar y desarrollar las estrategias de difusión más adecuadas para el gobierno.

Como de momento no habrá señales positivas en los precios, el gobierno las espera del exterior, donde la pulseada con los holdouts ha entrado en instancias decisivas, más allá de que lleve un buen tiempo un acuerdo. Se confirmó el entendimiento con dos de los seis fondos que litigan con Argentina -los más pequeños-, como así también la semana cerró con la confirmación de parte del mediador Dan Pollack respecto de la falta de acercamiento con los restantes, sobre todo los más duros: NML Capital y Aurelius, que dicen no encontrar diferencias entre la administración macrista y su antecesora. Una luz de esperanza la abrió el juez Griesa cuando el jueves marcó diferencias al ponderar la actitud de esta administración e instar a los fondos que le reclaman mantener el bloqueo contra las cuentas de nuestro país que antes del 18 fundamenten tal demanda. Si Griesa repone el stay, como pide la Argentina, inmediatamente nuestro país podría reanudar los pagos de vencimientos y volvería a tener acceso a los mercados de financiación. La postura dura de los fondos buitre se debilitaría y una solución estaría más cercana. Habrá que prender velas.

Ya las prendió el gobierno para las negociaciones paritarias, que se descuentan complicadas, pero que tuvieron una buena señal al cabo de la reunión de los líderes gremiales con el presidente Macri. Al día siguiente, las voces sindicales se mostraron sumamente moderadas y permiten albergar buenas expectativas, teniendo en cuenta la cintura mostrada en la pelea con el kirchnerismo. Con todo, habrá que esperar alternativas imaginativas, por cuanto nadie prevé a ningún gremio cerrando acuerdos por debajo del 25%.

La eliminación de Ganancias será clave en la negociación. Gabriela Michetti reveló que el proyecto se enviará recién en los primeros días de marzo y será en base a las propuestas de los gremios. Una aritmética precisa podría aportar la solución deseada, ya que los gremios más grandes saben que según sea el nuevo piso para tributar Ganancias, un porcentaje de aumento demasiado elevado pondría a sus afiliados de nuevo en la línea de fuego, licuándoles el incremento. Esa sería el elemento para convencer.

Un argumento que no corre para los gremios docentes, enfrascados en una dura negociación con María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires. Un clásico de cada verano, esta vez jugado con camisetas distintas de parte del gobierno provincial, que se debate en la sumatoria adversa de arcas escuálidas y un compromiso con el Ejecutivo nacional de no sobrepasar límites en su oferta. Para colmo, del otro lado tiene a un menú de gremios cuyo nivel de combatividad es su cualidad distintiva; cuya cabeza distintiva es Roberto Baradel, un hombre cercano a Nuevo Encuentro, y por lo tanto enemigo declarado del macrismo. Se dirá que tampoco tuvo consideración con Daniel Scioli, pero el sabbatellismo nunca quiso al gobernador. Es de imaginar que el tipo de planteo hubiera sido bien distinto si del otro lado del mostrador hubiera estado ahora un gobierno provincial cuyo vicegobernador fuera Martín Sabbatella.


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