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Historias de vida
13 | 02 | 2016
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San Valentín: lo conoció jugando al Preguntados y vino desde Rusia por amor

Sergio Tomaro
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Por Sergio Tomaro


Hace cinco meses que Irina vive en la Argentina como resultado de la relación que estableció por Internet con un joven periodista, luego que ambos se contactaran por azar en un juego virtual de preguntas y respuestas.

San Valentín: lo conoció jugando al Preguntados y vino desde Rusia por amor
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Los 37 grados de térmica que rostizan San Antonio de Padua a la tres de la tarde, son una enormidad frente a los 5 bajo cero que imperan a las once de la noche en el pueblo ruso de Chusovoy, en los Urales, distante unos 14.600 kilómetros del Oeste del Conurbano bonaerense, donde hoy Irina Greseva vivirá la versión argenta del Día de los Enamorados junto a su flamante esposo, Julián.

Irina, quien a pesar que el mate no le gusta tanto como el asado pero asiste sin reparos a la ronda impuesta por la infusión popular, reside en Argentina desde hace cinco meses cuando decidió dar un paso realmente importante: iniciar una vida en común con Julián Coraggio, el joven al que conoció en 2014 jugando al Preguntados on line.

El mundial de fútbol que se disputó ese año en Brasil hizo el resto. Los dos, que evidentemente pegaron onda desde el terreno virtual, veían por televisión un mismo partido y luego lo comentaban por Facebook.

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Un viaje de Irina a Bogotá, Colombia, para hacer un curso de español, le dio a Julián cercanía geográfica ir hasta allá y conocerla en persona. Desde entonces, la distancia física entre ambos se acabó para siempre.

En agosto Irina, que en Rusia era profesora de inglés y contadora pública especializada en impuestos, se vino a vivir a Padua con Julián, periodista deportivo y estudiante de Kinesiología en la Universidad Nacional de La Matanza. Los dos dieron vida a una pareja que formalizó su relación en matrimonio el 27 de diciembre pasado.

"'Yo había hecho siempre lo que mis padres me sugirieron y un día me propuse hacer algo mío, como conocer el mundo y a otra gente dado que mi país era muy cerrado", señaló Irina a HISTORIAS DE VIDA, con un español claro pero con marcada entonación eslava.

"Cuando les dije a mis padres que me iba a casar en Argentina, lloraron mucho pero de felicidad porque piensan en lo mejor para mí" dijo la hija menor de Ludmila y Alexander, un leñador ya jubilado que cuando conoció a Julián por Skype, traducción de Irina mediante, le vio cara de muchacho bueno.

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Algo que la joven encuentra similar a su país es la filosofía familiera de los argentinos, similar a la que compartía con su padres, sus hermanos Andrei y Luybov, y sus sobrinos, ahora en un horizonte ampliado por sus suegros María Celia y Angel, y su cuñada, Mora, quienes se desviven para que a Irina no le falte nada.

De hecho Irina le da una mano a María Celia, que es dermatóloga, en la recepción de su consultorio, tarea que suma a la de ama de casa la cual cumple a la perfección, aportando a la dieta de los Coraggio los pelmeski, que son ravioles con carne; borzh, sopa de remolachas, y pirozhki, empanadas con huevos y cebollas de verdeo.

Moscú, Londres, Buenos Aires

Para llegar a la Argentina, Irina inició el trayecto aéreo desde Moscú, pasó por Londres donde saludó a su hermana Luybov y a sus sobrinos, empalmó con Frankfurt y de allí a una Buenos Aires que le planteó algunas dificultades para su residencia permanente.

Pero en el barrio, todo bien. Los vecinos ya la llaman Iri y en los comercios celebran a la clienta rusa con regalos diversos productos para que los vaya conociendo. Julián no se sorprende porque sabe que la calidez de su esposa todo lo puede. Como cuando la dejaba ganar en el juego virtual que los unió, sin imaginar que la pregunta fuera de competencia 'te querés casar conmigo' iba a tener a la felicidad como respuesta ganadora.

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Quedarse en Argentina no fue un trámite sencillo

Cuando Irina vino al país para iniciar su vida con Julián no imaginó que los trámites para obtener la residencia le iban a resultar en extremo difíciles, al punto que a poco estuvo de entrar en una ilegalidad que la llevara a la deportación.

"No existen convenios entre Argentina y Rusia por lo que mi permanencia aquí era de apenas tres meses", apuntó Irina quien a la vuelta de un viaje que hizo a Colonia, Uruguay, con Julián, pensando que al reingresar al país reactualizaba el permiso de residencia, se enteró que sólo le quedaban 27 días para tener que dejar Argentina.

A Julián se le ocurrió acelerar la posibilidad del casamiento, como argucia para evitar que la que hoy es su mujer tuviera que irse a Rusia.

"Pero yo no quería casarme sólo para obtener una visa, sino que si lo hacía, era para pensar en formar una familia" explicó la joven, al rememorar la charla que tuvo con Julián cuando este le planteó aquella jugada.

"Cuando me lo dijo me dí cuenta que la mía no había sido la manera correcta de decirle que me quería casar en serio con ella. Por eso fui más claro que nunca para hacerle ver que para mí apuntar al matrimonio es una apuesta para toda la vida", sentenció Julián.

"Pero además, el hecho que la estadía de Irina aquí le da mas sentido al matrimonio - aseveró- y nos hace originales ya que hoy nadie se quiere casar".

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