sábado 3.12.2016 - Actualizado hace
Opinión
26 | 02 | 2016
Imprimir
Agrandar
Reducir

Romero: el pase ofensivo

Eduardo Verona
0
Comentarios
Por Eduardo Verona


Llegó a Racing en el arranque de 2015, pero recién en los últimos meses el paraguayo Oscar Romero empezó a ser una figura considerada en el equipo. Tiene lo que no abunda: capacidad para manejar la pelota y meter buenos pases a la zona de definición. Su inclusión puede cambiarle el funcionamiento a Racing.

Romero: el pase ofensivo
Foto:

El paraguayo Oscar Romero juega bien. Lo que no significa que sea un fenómeno, como se estila comentar cuando un futbolista se viene destacando. El zurdo de Racing  de 23 años tiene lo que por supuesto escasea: buen pase  y lectura ofensiva. Ese pase que mete con ventaja para el que lo recibe, no se enseña ni se incorpora. Lo trae desde que comenzó a jugar al fútbol, aunque las influencias (su ídolo es Riquelme) no pueden subestimarse.  

   Romero denuncia saber interpretar algo vital en el fútbol de ayer y de hoy: conoce los tiempos de la entrega. Por eso revela precisión y peligro su pase ofensivo. Que también es una pelota de gol para cualquiera que pique al espacio. Esto no significa que Romero ya haya superado todas las pruebas para expresarse como un enganche o armador clásico consagrado. No lo es. ¿Qué es? Un media punta con panorama. Similar en el concepto a las plenitudes del Rolfi Montenegro, que por supuesto no son las actuales. 

   De hecho en Cerro Porteño, Romero no jugaba de enganche, sino frecuentando las bandas. Y Diego Cocca en Racing no lo utilizó como enganche. Es más: bajo la gestión de Cocca, durante el 2015, Romero no logró ganarse la titularidad. "Es que me falta adquirir más ritmo; en Paraguay se juega más lento que acá", sostenía el zurdo. "Cuando se adapte a las características del fútbol argentino va a ser el ídolo de Racing", afirmó el ex técnico de la Academia en septiembre del año pasado, cuando Romero todavía no perfilaba el protagonismo que hoy tiene.

   ¿Qué fue lo que cambió? La posición más libre detrás de los delanteros es lo que le permite entrar más en contacto con la pelota. Y un aspecto esencial para cualquier jugador: ganó en confianza a partir de la continuidad. No entra y sale del equipo. Entra y se queda. Y juega más por el medio, más allá de que después la jugada pueda llevarlo por los laterales pasando al ataque o retrocediendo.

   Ese pase ofensivo que cultiva a la salida de una gambeta o de un arranque en tres cuartos de cancha demanda que los puntas tengan movilidad. Como decía Bochini: "Yo preciso que los jugadores se muevan. Si los de arriba se mueven los espacios siempre aparecen y se me hace más fácil colocar buenas pelotas".

   Esa sintonía fina entre el que habilita y el que recibe es también la síntesis del fútbol bien pensado y bien ejecutado. Precisa Romero que la pelota pase mucho por sus pies. No que la tenga mucho. Aquel estupendo diez que fue el Pibe Valderrama la tenía poco. Jugaba a uno o dos toques. No trasladaba. No corría con la pelota. Pero la hacía correr como los dioses. Participaba de todas las maniobras ofensivas recibiendo y descargando con esa mirada circular que siempre lo distinguió. Tenía poco gol. Pero les regalaba a sus compañeros goles servidos en bandeja dejándolos mano a mano con el arquero adversario.

   Romero, por ahora, en algunas oportunidades quiere demasiado la pelota. Como si necesitara mostrar que sabe conservarla, gambetear, frenar, amagar, arrancar y cambiar el ritmo. Esa búsqueda permanente de aprobación también es consecuencia de la continuidad que en el 2015 no tuvo. No es necesario hacer un enganche más para mostrar que uno sabe enganchar. Y a Romero lo tienta meter un enganche de más para regalárselo a la tribuna. O exponerse fuera del área a ligarse una patada porque el adversario advierte que lo está sobrando cuando amaga sobre la pelota quieta.

   Lo indudable es que Racing ganó una dosis valiosa de fútbol con la presencia de Romero. Una dosis de pausa y de elaboración, que además le cambia el funcionamiento al equipo, alineado y subordinado al contraataque para los piques fulminantes del goleador Gustavo Bou.

   Ahora con Romero hay otra alternativa. Es jugar encontrando otras sociedades. Otros permisos. Otras búsquedas. Salvo que se imponga el contragolpe como fórmula excluyente. Con Cocca terminó ganando el contraataque. Con el Colorado Sava se verá. Por el momento, duda. Y a diferencia del campo intelectual, en el fútbol no son buenas las dudas.

      Embed


Te puede interesar

Comentarios Facebook