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Historias de vida
27 | 02 | 2016
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A sus mil oficios, Carlos le suma el salvar matrimonios

Sergio Tomaro
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Por Sergio Tomaro


Curtido de chico en la cultura del trabajo, incursionó en diversas ocupaciones que le permitieran ganarse el sustento, y hoy se dedica junto a su esposa a una tarea espiritual para rescatar parejas de la disolución.

A sus mil oficios, Carlos le suma el salvar matrimonios
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La de Carlos Balbuena es una vida sostenida en tres hitos fundamentales: el primero, el día que a los 8 años ayudó a su padre a amurar un poste, el otro cuando de adolescente allá por los 80 un pibe que andaba en la rara le marcó que la amistad entre ambos no era lo más conveniente, y el último, la vez que entendió junto a su esposa Verónica que salvar matrimonios de la desintegración era tarea de buen cristiano.

Con 52 almanaques ya consumidos, Carlos reconoce que la anécdota del poste fue la clave que le permitió incorporar la cultura del trabajo, la que abrió una notable foja de servicios que incluye tantos empleos y ocupaciones casi como años vividos. "Ese día sentí que trabajaba con mi viejo aunque con el tiempo me di cuenta que me pidió que lo ayudara simplemente para dejarme una enseñanza, porque en verdad todo el laburo lo hizo el solo", relató a HISTORIAS DE VIDA.

Aquello que aprendió esa vez en Esquina, Corrientes, el lugar donde nació, lo multiplicó al punto que prácticamente no hay actividad en la que Carlos no haya incursionado: carpintero, ebanista, albañil, chofer de ómnibus de larga distancia y de camiones de carga, portero, seguridad, panadero, electricista, mecánico, lutier y hasta conductor de un programa de radio en la 101.7 Visión de Florencio Varela.

"Suena a mentiroso, pero hago todo bien" señaló con picardía quien también fue empleado de una agencia de autos que trabajaba para la embajada de Francia. Una mañana, funcionarios galos que tenían una entrevista en la entonces municipalidad porteña, se subieron al vehículo pensando que Carlos dominaba el idioma de ellos. Ya a abordo le dijeron "al hotel de ville", que en francés significa intendencia, aunque Balbuena los trasladó a un hospedaje cuatro estrellas de nombre parecido situado en el centro porteño.

La otra marca del destino fue cuando su madre, ya viuda, se afincó en Varela y un Carlos adolescente recibió el criterioso consejo de un joven vecino que transitaba los andariveles del delito. ''Vos sos un tipo sano, no te juntes conmigo', me dijo", lo que le espantó el peligro de tomar malas decisiones.

El saber tocar la guitarra, lo acercó al que sería su tercer hito. Empezó a participar de los fogones de la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe donde se ganó el apodo de El Chama, por el chamamé que rinde culto a su origen correntino.

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Al servicio de Dios

En ese ámbito conoció a Verónica, con la que se casó hace 26 años, que le dio a sus tres hijos David Andrés, Diana del Pilar y Lourdes Malena, y con la cual impulsa en la parroquia Cura Brochero, de Bosques, encuentros matrimoniales para ayudar a parejas que no la están pasando bien.

"Lo nuestro es una ayuda al prójimo porque predicar no significa estar besando santos sino hacer lo correcto al servicio de Dios" manifestó el hombre que de chico a punto estuvo de tomar los hábitos cuando vivió un tiempo con un tío cura en Concordia, Entre Ríos, pero sin que lo alcanzara la vocación.

La suya ahora, mientras se gana la vida como personal de seguridad, es desde lo testimonial y en sintonía con la realidad social del Conurbano, es apoyar a matrimonios en dificultades. "Si proponemos un Dios de amor, cómo no vamos a hacer ese servicio", afirma Carlos para demostrar en cada encuentro que a su alma también le tira el trabajo. Y que eso de volver a unir parejas, también lo hace muy bien.i

En terapia, cara a cara con Cristo

Quizás cansado de tantos trabajos realizados en los últimos 52 años, el corazón le jugó a Carlos una mala pasada el último 12 de julio. Un infarto puso su vida en serio peligro.

En las horas que pasó terapia de la Clínica Modelo de Lanús, donde fue trasladado de urgencia tras el colapso cardíaco, no le sacó la vista al Cristo que desde una pared dominaba con piadosa presencia todo el sector. "Lo miraba porque me llamaba la atención que la figura había sido hecha con los brazos muy extendidos y pensé que eso podía encerrar un significado", al menos para mí", apuntó. "Allí vi luchar la vida contra la muerte y tengo viva la imagen de médicos y enfermeros en un enorme esfuerzo para sacar a un hombre de la cama al lado del paro cardíaco en que había entrado". En ese mismo momento, Carlos vio como la muerte ganaba esa batalla, pero como es un convencido que "siempre hay una oportunidad para vencerla", volvió a poner su mirada en el Cristo de los brazos extendidos.

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El "guacho" vendía empanadas para ayudar a la mamá

Alexis, su padre, falleció muy joven, a los 39 años, por lo que la vida se tornó muy difícil para su madre, Julia Isabel, quien para salir adelante y mantener a la familia encontró que la venta de empanadas era una muy buena posibilidad en la cual Carlos, aunque fuera niño, podía una mano importante.

Si bien por una predisposición natural al esfuerzo y la responsabilidad Carlos no tuvo problemas en apoyar a su mamá, que era catequista, debió lidiar con algo que le dolía mucho cuando cumplía con esa tarea: que lo llamaran el "guacho" para referenciar a su condición de huérfano. "El problema se agravó cuando mi mamá se juntó con otro hombre que se hizo cargo de nosotros, que éramos cuatro hermanos, por lo que varias veces en la escuela anduve a los trompazos para enfrentar lo que hoy sería un bulling atroz", contó.

Dueño de muchas anécdotas que lo acercan a Dios, Carlos no olvida cuando fue víctima del sueño blanco, que suele afectar a los conductores de micros de larga distancia. "Ves, pero no podés reaccionar", explicó. "Una madrugada -recordó- venía muy cansado manejando un ómnibus y rezaba para que todo saliera bien. Adelante tenía cada vez más cerca el acoplado de un camión al que iba a impactar si no era que un pasajero que venía dormido se despertó y me preguntó 'qué zona es ésta?'. Ahí reaccioné y pegué el volantazo. La oración -dijo- nos salvó a todos".


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