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04 | 03 | 2016
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Calamaro: el cantante y un piano

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El cantante presentó Romaphonic Sessions, el tercer volumen de Grabaciones Encontradas, con nuevas versiones de temas clásicos e inéditos.

Calamaro: el cantante y un piano
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En 2018 Andrés Calamaro festejará los 40 años de su primera grabación B.O.B. Dombe, el álbum debut del grupo de candombe-rock Raíces en el cual, aquel joven de tan solo 17 años, tocó los teclados.

En estas casi cuatro décadas de carrera, Andrés ha grabado todo tipo de discos, ya sea en su faceta solista como cuando integró grupos como Los Abuelos de la Nada y Los Rodríguez o cuando buscó diferentes socios como fueron Litto Nebbia, Enrique Bunbury o Fito & Fitipaldis. Ha creado trabajos de estudio inolvidables e hiper exitosos (Alta Suciedad, Honestidad Brutal y La Lengua Popular); recordados discos en vivo (El Regreso, junto a la Bersuit, sin Cordera) y hasta un trabajo íntegro de tango como fue Tinta Roja.

Pero faltaba un registro como este Romaphonic Sessions, establecido como el tercer volumen de Grabaciones Encontradas, aquellos dos discos lanzados entre 1993 y 1996, armados con viejas cintas caseras de las que salieron éxitos como "Lou Bizarro", "No se puede vivir del amor" y "Buena suerte y hasta luego" y hasta la ya célebre versión de "Años" (Pablo Milanés) grabada junto a Luca Prodan.

Con la embrionaria idea de ensayar para la que sería su actuación abriendo en San Sebastián el concierto de Bob Dylan y además preparar un repertorio distinto (mechando viejos éxitos propios con varios tangos y bellas canciones de otros autores) para acercarle a Fernando Trueba, director de cine y melómano, quien quería producirle un disco, Calamaro se juntó dos días con el pianista Germán Wiedemer.

Los porteños estudios Romaphonic fueron la sede donde, sólo acompañados por un micrófono y un piano, el 27 y 28 de mayo de 2015, ambos músicos le dieron forma a un ensayo a base de un puñado de canciones en un tono intimista, cargadas de una belleza, pureza y sencillez, poco habitual en los tiempos que corren.

La historia final de aquellas dos noches se cuenta en el librito interno que acompaña el CD: "para que vamos a hacer un disco si lo que he oído ya es grande" respondió Trueba cuando Andrés le hizo llegar la grabación. Sin quererlo, el cineasta español (que ahora deberá esperar para producirle el deseado disco a Calamaro) escribió el prólogo de esta historia que ahora disfrutamos transformada en un álbum despojado, virgen de retoques y trucos de estudio: es el regreso más desnudo de El Cantante junto a un piano brillantemente ejecutado y un repertorio que no admite baches desde el comienzo al final, desde "Nueva zamba para mi tierra" que El Salmón cantó dos veces junto a su autor Litto Nebbia -en el regreso de Los Gatos Salvajes (2005) y en el concierto en Obras Sanitarias editado como Made in Argentina (2006)- hasta el conmovedor cierre con "Paloma", tocada un tono y medio más abajo que en la versión eléctrica.

De su pluma rescata además "Mi Enfermedad" y "Los Aviones" y une "Siete Segundos" con "El Día que me quieras" (Gardel y Le Pera), uno de los cinco tangos de la placa: los otros son "Garúa" (Troilo y Cadícamo) en una impecable interpretación; "Milonga del trovador" (Piazzola y Ferrer), "Absurdo" (Virgilio y Homero Expósito) y "Soledad" (Gardel y Le Pera) completando el álbum "Biromes y Servilletas" de Leo Masliah, canción que Andrés cantó en vivo en 2015, en el ciclo Fatto in Casa junto al gran Hugo Fattoruso y al trovador Fernando Cabrera.

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La unión de Calamaro y Wiedemer no se quedará sólo en el álbum. Hay prevista una próxima gira por ciudades de España a partir del 7 de mayo en Logroño, y que luego seguirá por otras ciudades como San Sebastián, Valladolid, Pamplona, Barcelona, Valencia, Sevilla y Zaragoza. La gira tendrá como punto final nuestro país siempre junto a Germán Wiedemer en piano, además del contrabajista español Antonio Miguel y el percusionista argentino radicado en España, Martín Brun.


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