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Historias de vida
06 | 03 | 2016
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Lucha y Dignidad, la esquina donde mejor labura Georgina

Sergio Tomaro
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Por Sergio Tomaro


A los 18 años era la niñera de tres chicos cuya madre ejercía la prostitución y que fue quien le abrió la puerta a una actividad que realiza con dignidad, en la cual logró erigirse como una comprometida dirigente social.

Lucha y Dignidad, la esquina donde mejor labura Georgina
Foto:

Para muchos de sus clientes Georgina es un nombre de "guerra", pero en realidad es con el cual la mujer que les ofrece sus servicios sexuales muy cerca de la plaza de Villa del Parque fue bautizada. Esos hombres tampoco saben cuando le hacen juego de luces para preguntarle si está "trabajando", que están frente a una combativa dirigente gremial del sector y mucho menos que después de la actividad en la calle, la profesional del sexo vuelve al departamento que alquila en Villa Urquiza, para atender los requerimientos de su hijo de 8 años.

Georgina Orellano es la secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), una entidad gremial que aglutina en el marco de la CTA a centenares de trabajadores sexuales que, como ella, abogan por derechos, protección y justicia.

De 29 años, Georgina defiende el trabajo que en su caso, ahora que es gremialista, cumple en forma reducida los viernes y sábados pero trajinando la calle en busca de clientes por ocho, diez o doce horas, hasta lograr la suma de dinero que le permita calificar de provechosa la jornada laboral.

"Llegué a la organización gremial por una problemática determinada que padecíamos con otras compañeras en la esquina donde todavía ejerzo como trabajadora sexual", afirmó Georgina a HISTORIAS DE VIDA en su despacho de AMMAR.

Nacida en Morón pero con gran parte de su vida afincada en Derqui, Pilar, a los 18 años Georgina se dio cuenta que no tenía paciencia para el trabajo de niñera que cumplía en la casa de una mujer que tenía ocupaciones fuera del hogar, vestía muy bien y evidenciaba un buen pasar.

"Un día le dije que en un futuro me gustaría ser como ella pero se rió y me dijo 'mirá que no soy lo que aparento, soy prostituta y no quiero que mis hijos se enteren'", relató la secretaria general del gremio de las trabajadoras sexuales.

Ese diálogo la encaminó en la más antigua de las profesiones. Para Georgina era la posibilidad que esperaba de ser, como lo soñaba, autónoma, independiente y ganar buen dinero. "No me veía trabajando en una oficina o respondiendo a un jefe y tampoco tenía mucha paciencia para seguir como niñera", acotó.

La misma mujer le presentó a su primer cliente que era un hombre muy tímido y que "tenía que pagar para compartir un café con una mujer". Esa tarde ganó más que en toda la semana como niñera.

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Chica buena

Allí empezó a "trabajar" en la calle con un servicio que, asegura, no es solo sexual. "El cliente viene por muchas cuestiones como cumplir fantasías, combatir la soledad o estar contenido", dijo, pero se enfada con "la doble moral de los que te dicen 'vos no estás para esto, sos una buena chica'. Eso me revela porque suelen decirlo después de consumirme".

Si bien no cree en el amor pareja, al que define como "algo que dura unos ocho meses", Georgina tiene debilidad por su hijo Santino, que sabe que su mamá es trabajadora sexual.

"Un día -precisó- me llamaron de la escuela para decirme que Santino decía que su madre era trabajadora sexual. La maestra pensaba que quería decir trabajadora social, me citó y ahí le dije que el chico decía la verdad". La docente, conmocionada, se acordó que cada nene había hecho un dibujo de la profesión de su madre y apurada, buscó en el pilón de trabajos: para su alivio, el de Santi era el de una mujer común y corriente, es decir su mamá, llevando de la mano al nene que lo representaba en el papel.

Le costó decirle la verdad a su madre

Si algo valora de sus días de trabajo es el respeto de los vecinos que aceptan -algunos quizás a regañadientes- la presencia de las "chicas" en la cuadra donde se desempeñan. Los clientes también suelen ser respetuosos e incluso destaca a los que llegado el caso han aportado recursos para atender a los hijos de las mujeres de la calle o para salirles de garante en el alquiler de un departamento. Pero en algo que Georgina pone el ojo, sobre todo desde que de 2010 está en AMMAR, son a los casos de violencia institucional que generan más de una denuncia. Acerca de su intimidad, Georgina asegura que "a mi madre recién le dije lo que hacía cuando empecé en el gremio". De su actividad sostiene que "en mi trabajo los problemas son del cliente, que no es un marciano sino un divorciado, casado o solo, al que escucho, y le ofrezco contención, no solo sexo. Después, cuando llego a mi casa dejo de ser trabajadora sexual y soy mamá", concluyó.

"Mi vida ha sido un aprendizaje constante que me permitió ser hasta aquí tal como soy, autónoma, con poder para tomar decisiones y fuerza para afrontar las cosas con coraje".

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El cliente que le pagó con la alianza matrimonial

Georgina considera al Día de la Mujer que se recuerda pasado mañana como "una historia de lucha que más que celebrarse amerita una reivindicación" y asegura que tiene miles de anécdotas derivadas de su actividad que trasladará a un libro que está escribiendo y cuyo título será: "Puta y feminista. Crónicas de una trabajadora sexual".

"Un día empecé a escribir esas anécdotas en Facebook pero no por morbo, sino para brindar una mirada de lo que encierra la actividad y que no se ve a simple vista", explicó.

De sus anécdotas más singulares, Georgina recuerda la del hombre que al pagar con tarjeta la lujosa habitación de hotel alojamiento que habían compartido, el conserje le dijo que el plástico no servía. "Me pidió que le diera lo que había pagado, y se fue, pero me dejó su anillo de matrimonio, no el reloj, como garantía", contó. El caballero volvió al rato, le devolvió el dinero a Georgina y recuperó el anillo.

Otra historia singular fue cuando un hombre que tomaba medicación cardiológica, se descompensó en el yacuzzi de la habitación en la que estaban.

"El agua caliente le hizo mal y se desvaneció, golpeando la cara contra un escalón, lo que le produjo un corte profundo", señaló. Allí Georgina lo tendió en la cama, le limpió la sangre con toallas y esperó a que se recuperara.

 

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