sábado 10.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
07 | 03 | 2016
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Algo de River, nada de Boca

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


La ausencia de ambición ofensiva que desnudó Boca, conformándose con el empate, también reveló cierta inferioridad que viene expresando cuando se cruza con River. Eso transmitió el equipo que conducen los Barros Schelotto. River quiso más, intentó más, pero no tuvo talento para generar los espacios y quebrarlo.

 Algo de River, nada de Boca
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  Boca asumió su inferioridad frente a River en el Monumental. ¿Cómo asumió ese rol tan modesto y austero que dejó en evidencia sus grandes debilidades para plantarse de igual a igual? Aferrándose convencido al empate. Ese fue su objetivo: empatar. Porque no salió a ganar el partido. Lo salió a aguantar. A bancarlo desde el fondo con un Cata Díaz en la  función de un bastonero impecable, cortando todo y sacando todo de arriba y de abajo. ¿Y qué más? Casi nada más. Menos aún de mitad de campo en adelante.

   Este Boca insustancial de los Mellizos Barros Schelotto (aunque formalmente no esté así considerado, son en realidad una dupla técnica) ya había abierto el paraguas durante la semana, anunciando que no iba a llegar al superclásico en las mejores condiciones físicas por el cruce del último jueves ante Racing por la Copa Libertadores. Esa observación de Guillermo posterior al insufrible 0-0 frente a la Academia conservadora del Colorado Sava, ya anticipaba el planteo y la idea que expresarían contra River.
   Ese planteo y esa idea fue absolutamente especuladora. No despegó nunca Boca. Y nunca inquietó a Marcelo Barovero. Ni en el primer tiempo ni en la segunda etapa. Nunca Carlos Tevez logró asociarse con alguien. Ni ganar una gambeta. Ni facturar algún error defensivo rival. Nada de nada.
   Se conformó Boca con el puntito. Con no perder. Y no perdió porque River no tuvo ingenio ofensivo, que es lo más difícil de conquistar en el fútbol. El ingenio no es otra cosa que el talento. Y le falta a River talento, aunque le sobre empuje, vértigo y vocación para ir a resolver los compromisos. El talento en fútbol tiene una traducción insoslayable: el desequilibrio para encontrar los espacios que siempre están si se saben fabricar. De cara a esa ausencia, River le metió combustible a sus búsquedas, pero generó muy poco en relación a los tiempos en que manejó y administró la posesión de la pelota.
   Frecuentó el área de Agustín Orión, pero no elaboró lo que necesitaba elaborar. ¿Qué era? La jugada fina, precisa y certera. En definitiva, el mano a mano con Orión. Que generalmente no se logra despachando centros desde los laterales. Centros que no arribaron después de imponer un desborde.
   Más allá del empate que para Boca resultó un objetivo cumplido según las necesidades y las sumas y restas que habrán hecho los Barros Schelotto, no puede ocultarse que por estos tiempos River es más que Boca. Y lo hace sentir en la cancha. La diferencias que establece no son holgadas. Pero es lo que transmiten los últimos enfrentamientos. La sensación de que siempre está más cerca River de la victoria. Aún sin jugar bien. Aún sin transformar a Orión en gran figura. Pero delatando una mayor convicción para intentar quedarse con todo. Los cambios quizás lo explican: en los 45 minutos finales el Muñeco Gallardo decidió los ingresos del uruguayo Alonso, Martínez y Lucho González. Quería ganar. Los Mellizos, en cambio, sumaron a Meli por Bentancur, Chávez por Palacios y a Colazo por Pablo Pérez. Quería empatar.
   Sabrán los Barros Schelotto hasta donde pueden tensar la cuerda. Y hasta donde resiste Boca. Es probable que esa notable falta de ambición que evidenció el equipo la interprete el pésimo momento futbolístico de Tevez, sin potencia ni imaginación para coordinar alguna maniobra ofensiva valiosa.
   ¿Qué le pasa a Tevez? Lo que le pasa se ve en la cancha desde que comenzó el 2016. Como si no pudiera arrancar y meter un cambio de ritmo. Y por supuesto Boca lo sufre demasiado. Lo sufre y lo padece tanto que se quedó a oscuras durante 90 minutos esperando agazapado el cierre del partido, mostrando satisfacción por una igualdad que le dejó abierto un escenario de dudas, preocupaciones y urgencias.
   ¿Así va a seguir jugando Boca? Es muy probable que no. Pero la mentalidad netamente conservadora que mostró en el Monumental quizás exprese el nivel actual de sus limitaciones. Así por lo menos lo entendieron los Mellizos. Y así funcionó Boca. Conformándose con desactivar a River. Con silenciarlo. Con atraparlo. Con enredarlo. Es muy poco. Pero es lo que hizo. El aburrido 0-0 lo dejó en paz.
   River tampoco puede poner el grito en el cielo. No supo quebrarlo. No inventó la jugada que no estaba. Y en el fútbol siempre hay que inventar. Hay que venderles buzones a los rivales. Engañarlos. Mentirles con el cuerpo para que después la pelota diga la verdad.  No apareció ese jugador. Y se desvaneció el fútbol.
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