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Opinión
08 | 03 | 2016
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Almirón, de ayer a hoy

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


El presente del entrenador de Lanús, Jorge Almirón, es estupendo. Su equipo gana y juega bien. Lo que precipita a que viejos y nuevos oportunistas afirmen que en Independiente no lo esperaron. Es falso. Lo esperaron. Pero el equipo nunca arrancó. La división entre técnicos de clubes chicos y medianos y técnicos de clubes grandes.

Almirón, de ayer a hoy
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El brillante momento de Lanús, puntero en su zona con 5 triunfos y un empate, 10 goles a favor, 3 en contra y un estupendo nivel de fútbol, le permitieron a Jorge Almirón ser reivindicado como un entrenador valioso, después de su desvinculación de Independiente el 24 de mayo de 2015, luego de perder 1-0 ante Racing.


Los buenos resultados y los buenos contenidos futbolísticos que viene denunciando Lanús, hicieron sonar las sirenas que siempre van de la mano con el triunfo. Y Almirón, de la noche a la mañana pasó a ser considerado por el ambiente como un incomprendido que la gente de Independiente, en su momento, no supo valorar.
 
Estas viejas y nuevas lecturas siempre oportunistas pecan de una debilidad manifiesta: son grandes simplificaciones. En Independiente, Almirón no fue un incomprendido. La realidad es que nunca (ni aún en el primer campeonato que dirigió cuando sumó 33 puntos) encontró regularidad en los rendimientos ni en el plano central de cualquier técnico, que es el funcionamiento. Es más: Independiente padeció y se expuso a sufrir goleadas por falta de funcionamiento. Ya en el 2015, esa debilidad se llevó puesto al equipo. Y por supuesto también a Almirón. Los números que lo acompañaron durante sus 10 meses de gestión en el Rojo expresaron una medianía: 35 partidos (entre torneo y Copa Argentina), 14 victorias, 11 empates, 10 derrotas, 51 goles a favor y la friolera de 46 en contra.

En este arranque formidable de Lanús, Almirón parece haber encontrado los tiempos y los silencios que necesitaba. Porque no es lo mismo conducir a un club grande que a un club que no califica en la misma dimensión. Son distintas las presiones, las expectativas propias y ajenas y las obligaciones que internalizan los planteles. Y son distintos también los microclimas periodísticos que se van gestando.
 
      jorge almiron


El mismo Almirón explicó estas diferencias en una entrevista que concedió al diario La Nación el 13 de enero de este año. Y comentó: "Todos los clubes son diferentes por las exigencias y el contexto. En Godoy Cruz llegué en una situación complicada con el promedio y terminamos segundos (junto con Boca y Estudiantes) y el equipo jugó muy bien. Fue un proceso de corrección y de generar confianza en el plantel, sin presión de la dirigencia ni visitas a los entrenamientos. En un club grande es distinto porque cada jugada es analizada y cuando el resultado no se da, las críticas son severas. Esto lo siente el entrenador y también los jugadores. Son equipos en los que no alcanza con jugar bien, sino que mentalmente hay que estar muy fuerte y preparado para aceptar la presión que genera esa exposición. Por eso mi paso por Independiente fue lo más fuerte".        

¿Qué dejó instalado hace casi dos meses Almirón con esas palabras? Algo que precisamente también cae sobre las espaldas de los principales protagonistas que son los jugadores. Es una división entre jugadores para clubes chicos o medianos y jugadores para clubes grandes. Puede ser calificada como arbitraria esta división, pero existe. Y existió siempre, aunque suene antipático confirmarlo. Y los jugadores mucho más en privado que en público lo admiten.

Con los técnicos ocurre lo mismo. Hay técnicos para clubes chicos y medianos (como Caruso Lombardi y Gustavo Alfaro, por citar dos casos) y hay técnicos para clubes grandes. No es igual dirigir a Godoy Cruz que dirigir a Independiente. No es igual dirigir a Tigre que dirigir a Boca. No es igual dirigir a Arsenal que dirigir a San Lorenzo o Racing. Como no es igual vestir la camiseta de un club que vestir la camiseta de la Selección nacional. Cambian las exigencias y se modifican notablemente las presiones y la exposición, como bien interpretó Almirón.

Al actual entrenador de Lanús le soplan por estos días vientos mediáticos que hoy lo reivindican. Y no faltará casi nada para que aparezcan no pocas voces que sostengan que en Independiente sus hinchas y dirigentes no supieron esperarlo. Es falso. Lo esperaron. Pero el equipo se venía en banda. Le sienta mejor a Almirón un club menos atrapado por las urgencias como es Lanús. O como lo fue Godoy Cruz, a pesar de estar muy amenazado por el descenso cuando asumió Almirón.

Los clubes grandes demandan respuestas grandes en todos los planos, aunque en muchísimas oportunidades las respuestas son pequeñas o insuficientes en relación a esas exigencias. Y quedan en evidencia. Las respuestas grandes en clubes grandes fueron, por ejemplo, las de Manuel Giudice, el brasileño Osvaldo Brandao y el Pato Pastoriza en Independiente. Las de Angel Labruna, Ramón Díaz y Marcelo Gallardo en River. Las de Juan Carlos Lorenzo y Carlos Bianchi en Boca. Las del brasileño Tim y Juan Carlos Lorenzo en el Ciclón. Las de Juan José Pizzuti y Alfio Basile en Racing.
 
Almirón, por lo que se advierte, está muy a gusto en Lanús. Como bien dijo en la entrevista del 13 de enero: "Todos los clubes son distintos por las exigencias y el contexto. En un club grande cuando el resultado no se da, las críticas son severas. Esto lo siente el entrenador y también los jugadores".

Bastaría agregar: a confesión de partes relevo de pruebas.     

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