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Historias de vida
13 | 03 | 2016
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Maidana, creador ante quien hay que sacarse el sombrero

Sergio Tomaro
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Por Sergio Tomaro


Está al frente de un negocio emblemático de la Ciudad que su abuelo abrió en 1911 y en el que desarrolló una actividad que lo convirtió en un innovador de reconocimiento internacional.

Maidana, creador ante quien hay que sacarse el sombrero
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Allá por 1950, era casi una certeza que el futuro laboral de Jorge Norberto Maidana iba a estar ligado con el negocio de venta y mantenimiento de sombreros que su abuelo abrió en 1911 en la entonces calle Victoria, hoy Hipólito Yrigoyen, casi en frente del Senado de la Nación. Bastó que su padre despidiera a un empleado infiel sorprendido en plena fechoría para que de allí en más Maidana entrara al ruedo e hiciera simbiosis con una actividad en la que se convirtió en un auténtico creador.

De hecho, el modelo 'corazón de potro' que tanto se usa en el campo fue un aporte que hizo en 1967 para darle vida a un sombrero de alas más extendidas y copa un tanto más baja. Pero inquieto como es en un tema que lo apasiona, concibió otro prototipo al que bautizó 'hornero' por estar inspirado en el nido del pájaro nacional y que también suma adeptos a raudales en el medio rural.

Maidana, de 81 años y que no se deja vencer por eventuales cimbronazos de la vida, entiende a las mil maravillas el sentido de su actividad galardonada por el reconocimiento internacional obtenido por su local ahora ubicado del otro lado del Palacio Legislativo, sobre avenida Rivadavia y en diagonal a la Cámara de Diputados.

"Para imaginar un sombrero de esas características hay que tener amor a la naturaleza y pensar en cómo los distintos modelos pueden lograr la atracción del público", afirmó en el local que asegura "es un clásico de Buenos Aires"'.

Es que además de los clientes autóctonos, la sombrerería recibe a turistas brasileños, uruguayos, franceses y estadounidenses, muchos de ellos tentados por el tango, rubro en el cual también el negocio de Jorge tiene respuestas para, como señala con humildad, "ir defendiéndonos".

De eso de defenderse, el sombrerero de Congreso sabe un rato largo. Siendo adolescente, antes que entrara a trabajar al negocio de su padre, había montado una suerte de pequeña PyME con consistía en poner bicicletas para el traslado de la latas con películas de un cine a otro.

Una kermese en el Ateneo de la Juventud lo llevó a conocer a una española recién llegada al país desde Santiago de Compostela. Manola, y aunque allí sintió que la hermosa muchacha le había robado el corazón, debió esperar casi cuatro años para ponerse de novio y casarse en 1958. Tuvieron dos hijas, Adriana y Silvia, que han sumado a la familia cuatro nietos, Agustina, Martín, María Camila y Macarena, y un bisnieto, Francisco.

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Déjate el sombrero puesto

"Aunque parezca increíble el sombrero hoy tiene un problema: la falta de espacio para guardarlos porque desde que el placard reemplazó al ropero sobre el cual se podían poner las cajas donde estaban a resguardo, la cosa cambio", aclaró.

"Ahora ha vuelto a vivir y no solo como moda, sino como una necesidad establecida por cuestiones de salud para prevenir los problemas que genera el sol, incluso por recomendación médica", indicó.

Hincha de River que piensa en asociar a al pequeño Francisco al club de la banda roja, disfruta de su actividad. Pero más aún, por "poder continuar con el legado de mi abuelo y mi padre".

Así Maidana vive con pasión lo que hace y cuida al máximo cada detalle que lo distingue como un especialista por lo que a clientes y visitantes de su local no les queda otra que sacarse el sombrero para, al descubrirse, testimoniar reconocimiento al hombre que revive a diario un legado de 106 años que lleva sobre su cabeza.

"Mirá pibe, mejor seguí trabajando"

Manola, la esposa de Maidana, afirma con orgullo que cuando conquistó a quien es hoy su marido se quedó .con el chico más lindo del barrio. Por entonces, Jorge galvanizaba su pinta con una intensa actividad deportiva en el Ateneo de la Juventud, donde hizo muy buen papel como basquetbolista. Sin embargo un día quiso probar con el fútbol, como luego lo hizo su hermano Luis, quien jugó en la primera división de Banfield, Racing y Huracán entre fines de los 60 y principios de los 70. Pero Jorge no tuvo tanta fortuna. Cuando se fue a probar a River como arquero, al final de la práctica el entrenador, el ex wing millonario Carlos Peucelle, le trazó un diagnóstico demoledor. "Peucelle se me acercó al finalizar el entrenamiento y me preguntó: 'Pibe, vos trabajás o estudiás', con lo que pensé -recordó- que me estaba abriendo una posibilidad para quedarme en el club. 'Sí, trabajo, le contesté a lo que Peucelle me respondió: 'mirá, mejor seguí trabajando''.

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En la cabeza de Lula, Bill Clinton y Rod Stewart

La clientela internacional de la sombrerería de Maidana es más que interesante. El ex presidente estadounidense Bill Clinton tiene un sombrero suyo que le fue obsequiado cuando lo invitaron a una demostración de caballos en La Rural. La embajada de Brasil también hizo una compra para el ex mandatario hoy caído en desgracia Inacio Luiz Lula Da Silva, con el propósito de disimular con dos sombreros los efectos de la quimioterapia a que era sometido. La presidenta del club de fans de Rod Stewart en Argentina también llevó un sombrero de Maidana para el cantante, en ese caso uno de copa alta para atenuar visualmente la baja estatura de la estrella británica. La lista de famosos y notables, entre los que se encuentran la actriz Liza Minelli, el director de orquesta Daniel Barenboim, el chamamecero Antonio Tarragó Ross y el Chaqueño Palavecino es enorme y se suma a las infinitas anécdotas que acumula el local.

Cómo la vez que Maidana recibió a un prestigioso abogado que, indignado, le dijo que alguien en el tren Roca le había cambiado el sombrero cuando iba a La Plata. Jorge por los detalles que tenía el sombrero "cambiado" que traía el letrado, que no podía ser de otro que no fuera un cuidador de caballos que trabajaba en el hipódromo platense, también cliente suyo. En unas horas y con un par de llamadas, Maidana resolvió el entuerto y cada uno recuperó lo que era propio.

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