sábado 3.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
14 | 03 | 2016
Imprimir
Agrandar
Reducir

Marche un goleador

Eduardo Verona
0
Comentarios
Por Eduardo Verona


Ante la ausencia de Calleri, el rol de media punta que pretende ser Tevez y el período de recuperación física que todavía sigue Osvaldo, Guillermo Barros Schelotto planteó la necesidad de contar con un hombre de área. Con un goleador clásico, en definitiva. La vigencia de los especialistas para resolver lo que otros no resuelven.

Marche un goleador
Foto:

Septiembre de 2007. Gabriel Batistuta, residente por aquellos días en Australia, ya se había retirado del fútbol hacia un par de temporadas. Consultado por la prensa argentina respecto a los problemas que aquejaban a aquella Selección que conducía Diego Maradona, sostenía: "A la Argentina le está faltando un goleador. Alguien que se apodere del área rival y que se haga respetar en la zona de definición".

Marzo de 2016. Guillermo Barros Schelotto, entrenador de Boca, planteó su insatisfacción por la ausencia de un hombre de área y comentó: "Nos está faltando ese jugador que todos tienen en el área. Un referente arriba. Calleri ya no está más y podría ser Osvaldo, pero todavía se está recuperando de la lesión que tuvo".

Antes Batistuta y ahora Guillermo reivindicaron la presencia de un especialista en la zona de fuego. Un goleador implacable. Esto no significa que sin un goleador clásico un equipo no tenga chances. De hecho, la historia del fútbol mundial admite que no es imprescindible contar con un goleador para tener una alta eficacia ofensiva. Por ejemplo, Brasil 70 y Holanda 74, quizás las expresiones más plenas y brillantes de todos los tiempos, no tenían un goleador.

El 9 de Brasil era un media punta extraordinario: Tostao. El 9 de Holanda (aunque llevara el 14 en la espalda) era un jugador de toda la cancha: Johan Cruyff. No eran especialistas en hacer algo determinado. No vivían del gol. Trascendían largamente ese rol. Organizaban, armaban, abastecían y si tenían que resolver de cara al arco adversario, resolvían. En definitiva, ni Brasil ni Holanda se movían con un punta clásico para meter miedo en los últimos metros de la cancha. Pero igual metían miedo por todos los sectores porque les sobraba elaboración, desequilibrio, versatilidad y llegada.

Argentina, campeón del mundo en 1978, tampoco tenía a un punta clasificado como un goleador nato. Ni Leopoldo Luque ni Mario Kempes cumplían esa función, aunque entre Luque y Kempes hayan conquistado 10 goles durante el Mundial. Argentina, campeón del mundo en México 86, ofreció a Valdano como primer punta. Convirtió 4 goles y fueron importantes sus desplazamientos, pero no jugó esperando solo una pelota vertical o un rebote que le quedara servido. El gol lo encarnó Maradona (hizo 5), superando con holgura a la figura del hombre que captura el último pase. Diego era también el fútbol total, como lo fueron Pelé en Brasil en 1970 y Cruyff en Holanda en 1974.

Sin embargo, a pesar de estos ejemplos, los goleadores con más o menos condiciones técnicas no perdieron influencia ni vigencia. Siguen ganando partiditos y partidazos. Y en algunos casos, campeonatos, aún sin ser los mejores jugadores de esos equipos o selecciones. Y quizás habiéndose apropiado de descalificaciones de las más variadas. Como se la ganó Martín Palermo cuando apenas arribó a Boca en agosto de 1997 y Juan Carlos Lorenzo observando algunas de sus torpezas, en una aparición pública, le dedicó unas palabras muy recordadas: "Es un delantero con pies de mármol".

Algo muy parecido que siempre acariciaba la palabra "tronco" recibieron, en su momento, Luis Artime, el Puma Morete, el Beto Acosta, Carlos Bianchi, el Tanque Alfredo Rojas y Gabriel Batistuta por citar a los más notables. Se les reclamaba mayor autoridad para vincularse con la pelota. Más juego. Más participación. Más capacidad para recibir y descargar. Pero ellos tenían lo más preciado que puede tener el fútbol: expresaban el gol. Y hacían goles en cantidades industriales. Golcitos y golazos. Goles de todos los colores.

La fidelidad a esa fenomenal intuición y conocimiento para concluir la jugada, nunca se perdió. Y esto es lo que, precisamente, está reclamando el Mellizo Guillermo. Ese jugador que hoy le falta a Boca para dar la puntada final. Es el hombre de área que Guillermo tuvo en Boca cuando compartió el ataque con Palermo.

Es cierto, el fútbol mundial confirma que un goleador no es imprescindible. Pero suelen ser necesarios. Porque simplifican lo complejo. Porque no precisan jugar como dicen los libros para quemar todos los libros hasta con un gol despojado de técnica y de clase. Esa prepotencia goleadora para victimizar arqueros que viene desde el fondo de la historia, en muchísimas oportunidades no puede reemplazarse. Salvo excepciones. Que por supuesto Boca no es.        

Tags

Comentarios Facebook