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Política
19 | 03 | 2016
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Una mayoría holgada para festejar los 100 días

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


El resultado de la votación en la Cámara baja del acuerdo con los buitres fue la mejor noticia para el oficialismo, que ahora espera repetir -con números más moderados- en el Senado. El kirchnerismo no se desmembró, pero notó que su techo es insuficiente.

Fue paradójico para el kirchnerismo que justo después de dar una gran demostración de fuerza, se hablara de su inexorable ocaso. Pasó en el Congreso de la Nación, donde la expresidenta puso su mayor empeño antes de irse para asegurarse una cuota importante de poder, cualquiera fuera el resultado de las elecciones. Pero parece que más efectivo le hubiera sido ese ejército de fieles que dejó en la Cámara de Diputados con un gobierno afín.

¿Cuál fue la gran demostración de fuerza del kirchnerismo? Haber exhibido una fuerte cohesión de su tropa legislativa en la votación del proyecto sobre los holdouts, pese a la gran presión hecha por los gobernadores peronistas. Solo cinco diputados cambiaron su voto; seis, si se tiene en cuenta al que se fue del bloque el mismo día de la sesión. Se presumía una mayor erosión, y pasó algo parecido a cuando se registró la gestación del bloque Justicialista: entonces se esperaban más que los 17 que terminaron yéndose con Diego Bossio y compañía.

El clima de la maratónica sesión fue parecido a los tiempos de oro del kirchnerismo: discursos encendidos, épica a pleno, las consignas típicas a flor de labios. Pero los palcos desprovistos de militantes; signo del cambio de época.

Sin embargo esa "unidad" lejos estuvo de empañar el efecto de la arrolladora victoria oficialista. El resultado de 165 votos a favor, tan cerca de los dos tercios, exime de mayores comentarios. Es una cantidad que conmueve, sobre todo a los peronistas, tan afectos a las señales de poder. Fue una mayoría como las que tantas veces alcanzó el kirchnerismo con aliados. En este caso, el oficialismo dio una muestra de carácter en el desafío legislativo más importante y controvertido que se le planteaba. Y dejó al kirchnerismo en soledad, con la sola compañía de la izquierda. Quién los hubiera imaginado juntos alguna vez.

Hay que esforzarse para recordar una derrota legislativa del Frente para la Victoria. La única significativa en Diputados fue la del 82% móvil, en tiempos del Grupo A. En la megasesión tuvieron dos "palizas": bien temprano habían perdido también por 165 votos cuando propusieron postergar la sesión hasta que se hiciera una consulta popular sobre el tema. "Nos vamos a tener que acostumbrar a perder", admitió ante este medio una legisladora kirchnerista, extenuada, la mañana del miércoles.

La parte del vaso lleno que prefieren ver los kirchneristas es la que muestra a diputados resistiendo las presiones de sus gobernadores. Fue llamativo el ejemplo del mandatario entrerriano, el primero en pedir públicamente a sus diputados que dieran quórum, sin que ninguno de los cinco del FpV de esa provincia le hiciera caso y todos votaran en contra. Es un llamado de atención para el gobierno, pensando en lo que pueda pasar en el Senado, donde una abrumadora mayoría de 16 gobernadores de los 18 que desfilaron por el plenario de Presupuesto y Economía manifestaron su apoyo al arreglo con los holdouts.

Tiene su explicación: desde la muerte de Néstor Kirchner, las listas legislativas de todo el país fueron armadas Carlos Zannini, a gusto de Cristina. Sobre todo las últimas dos, lo que establece que prácticamente la totalidad de los diputados haya sido elegida por CFK, precisamente para lo que ha empezado a darse. Pero como se ve, no es suficiente, ni garantiza que tarde o temprano las fidelidades vayan cediendo.

No se espera que en el Senado el resultado sea tan holgado; más bien lo contrario. Se trabaja voto a voto y "alcanza con ganar por uno", según graficó ante DIARIO POPULAR un legislador de Cambiemos, interbloque que suma solo 16 miembros sobre 72. Con todo, el punteo indica que solo le faltarían al oficialismo 8 votos del Frente para la Victoria para ganar la votación. Después de lo expresado por casi todos los gobernadores, no pareciera ser una cantidad inalcanzable, y en rigor ya estarían: el gobernador de Misiones ya garantizó que los tres de esa provincia votarán el proyecto; el hermano y el primo de Urtubey harán lo propio y los tres de Santiago del Estero también votarán a favor.

Hecha la diferencia necesaria, restaría saber cuál será la magnitud de la victoria oficialista. El kirchnerismo duro votará en contra, pero es seguro que habrá más votos a favor de los ocho mencionados. El jefe de la bancada, Miguel Pichetto, debe ser muy cuidadoso de modo tal de evitar una ruptura de la misma, pero este sábado dejó entrever que está de acuerdo con el proyecto. El gobernador de su provincia, Alberto Weretilneck, que lo venció en las elecciones pasadas, dijo en su paso por el plenario que "es necesario e imprescindible que este Senado apruebe el convenio", y le pidió particularmente a los senadores de su provincia que "acompañen".

Más allá de la holgura de la ventaja que obtenga, la aprobación de la ley, en tiempo y forma, será un gran espaldarazo para el gobierno, que a cien días de haberse constituido puede alardear de los resultados obtenidos en materia política, contrariamente a lo que se preveía. En el plano económico -donde mayores expectativas había- se abren los más interrogantes. Tiene sentido; la carga heredada es allí donde más se nota. Para peor, se suman factores negativos.

Cristina Kirchner solía decir para justificar adversidades que "el mundo se nos cayó encima". Hoy si bien el contexto internacional es más que favorable para la Argentina, ese optimismo se verifica solo en las expectativas abiertas por el nuevo gobierno. Los commodities están en baja, China en problemas y Brasil, verdaderamente, se nos cayó encima. Ese sí es un problema.

La crisis de nuestro socio principal es la peor noticia internacional que podía esperar el gobierno de Macri. Con todo, al finalizar una nueva semana de la crisis brasileña se abrían mejores perspectivas. Los analistas internacionales coinciden en que lo peor que le puede pasar a la Argentina es una prolongación indefinida de ese estado de situación, y lo que se prevé ahora es una resolución más próxima. Crece la suposición de que Dilma terminará siendo desplazada en el marco del proceso de inpeachment que se le ha abierto y en ese caso asumiría su vicepresidente, del PMDB, con lo que la crisis podría encarrilarse. No hay esperanzas en cambio respecto de lo que pueda hacer Lula desde su cargo de superministro.

Las comparaciones son odiosas, pero no puede evitarse en pensar que los "salvadores" -más allá de que en el caso del expresidente brasileño el salvataje es mutuo- suelen fracasar. Como cuando Domingo Cavallo fue llamado por la Alianza para salvar al enfermo terminal, y terminó hundiéndose con él. Lula no es Cavallo, más bien son bien distintos, y hasta las circunstancias diferentes, pero la comparación cabe.

El gobierno argentino mira con singular expectativa a la espera de una mejora que contribuya para mejorar el clima aquí en materia económica. Pero también está atento al efecto "contagio" que el avance judicial sobre los poderosos pueda tener en nuestro medio. En la interna del poder todavía no se ponen de acuerdo sobre si alentar o no un mani pulite local, pero fueron varias las fuentes que coincidieron en anticipar novedades muy importantes en la materia en las próximas semanas.

 
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