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Fútbol
21 | 03 | 2016
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Desnudos en el arco

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Ese rectángulo de fuego que es el arco está demandando respuestas integrales que los arqueros no pueden ofrecer. No hay monstruos en la función. Ni aquí en la Argentina ni en el exterior. Se delatan problemas de formación para atajar y para resolver con los pies. “Se está pagando el precio de pensar que es el puesto del boludo”, dijo Fillol.

Desnudos en el arco
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En los últimos días, el ex arquero de Racing, Nacho González, que tuvo un paso fugaz por la Selección dirigida por Daniel Passarella en 1997, opinó con un criterio inteligente: "Hoy los arqueros pueden destacarse en dos facetas bien definidas. Una es como se manejan con los pies con la pelota en movimiento y otra es en el juego aéreo, porque debajo de los tres palos más o menos todos tienen un nivel parecido".

   Es cierto. No hay monstruos en el arco. Como en su momento lo fueron Amadeo Carrizo, Ubaldo Fillol, Hugo Gatti y en el exterior, el ruso Lev Yashin, el inglés Gordon Banks, el uruguayo Ladislao Mazurkiewicz, el italiano Dino Zoff o el alemán Sepp Maier. Esos gigantes del arco no tuvieron grandes reemplazos. O por lo menos reemplazos a la altura de sus antecesores.

   Como bien dijo Nacho González, hoy atajando nadie le saca diferencias notables al resto. En el fútbol argentino se advierte claramente, más allá de las distintas respuestas. Lo que los diferencia son los momentos. Los buenos momentos y los malos momentos. Pero dejando de lado a los protagonistas que, en general, se empeñan en dar rebotes, las resoluciones de los arqueros son similares. Seguramente por eso el arco de la Selección sigue siendo propiedad de Sergio Romero (arribó al Manchester United e 26 de julio de 2015 y jugó apenas 5 partidos) desde hace 8 años. Y Romero lejos está de ser un fenómeno o de mínima un arquero muy confiable. De hecho no lo es.

   En el juego aéreo que no es otra cosa que salir a cortar centros y en la necesidad de jugar con los pies dentro y fuera del área, tampoco hay competencias fuertes. El único que se destaca es el ex arquero de Newell's y ahora en Tigres de México, Nahuel Guzmán, también convocado por Gerardo Martino (junto a Romero y Gerónimo Rulli) para los cruces de la Selección este jueves 24 de marzo ante Chile y el 29 frente a Bolivia.

   Esa leyenda del fútbol argentino que es Amadeo Carrizo tiene una opinión que no admite ambigüedades: "Lo que les falta a muchos arqueros es formación. Por eso se ven demasiadas dudas para cortar los centros y prevalecen los rebotes, lo que significa que hay poca técnica. Porque bajar centros y atenazar la pelota pasa especialmente por la técnica que haya incorporado cada uno durante las etapas del aprendizaje. Igual, a pesar de todo eso, yo me sigo quedando con los arqueros sudamericanos. Los europeos, salvo excepciones, no salen nunca ni anticipan nunca. Parecen de metegol".

   Ante un fútbol que demanda arqueros más integrales que trasciendan el rol de ser mejores o peores atajadores, sugestivamente en la Argentina el retroceso fue notable. No hay grandes atajadores como lo fue el Pato Fillol. Ni grandes anticipadores como lo fueron Carrizo desde los 50, Alberto Poletti y Néstor Errea en los 60 y Gatti en los 60, 70 y 80. La sucesión de Gatti encarnada en las presencias de Carlos Fernando Navarro Montoya, Angel David Comizzo y Germán Burgos, por citar a tres protagonistas que no preferían inmolarse debajo de los tres palos, tampoco tuvo herederos destacados. Salvo el caso mencionado de Nahuel Guzmán.

   Gatti, nunca tibio ni cortesano para expresar su pensamiento, hace unos años nos comentó: "Pensar que antes los periodistas que sabían de fútbol, que por otra parte son contados con los dedos de una mano, como por ejemplo Macaya Márquez, me criticaban porque sostenían que yo era flojito para ir arriba a descolgar centros porque no tenía físico y me tiraban a la mierda. Ahora son un verdadero desastre. Veo a estos arqueros siempre dudando y cagados en las patas y me dan ganas de llorar. Les pasa la pelota por las narices y se quedan pegados en la línea y rezando para que el travesaño no se les caiga encima. Pero algún día se les va a caer. Habría que ponerles un ají en el culo para que se despierten".

   La lectura siempre descarnada y chispeante de Gatti para interpretar la lógica dominante que hoy atrapa a los arqueros, también encuentra en Fillol a un auténtico elegido que dejó una marca registrada que continúa perdurando. El Pato habla del arco y de los arqueros: "Falta formación y gente que enseñe. En este sentido, el déficit es muy grande.  Pero no es solo desde la práctica, sino desde lo teórico. Ahora estamos pagando las consecuencias de repetir durante tanto tiempo que el del arquero es el puesto del clásico boludo. La función de arquero es muy especial. No se agota solo con que te maten a pelotazos durante media hora por día, porque con eso no alcanza. Te bombardean, vas de palo a palo, pero dando mil rebotes. Y en la cancha la jugada no finaliza cuando al arquero lo fusilaron de cerca, sino recién cuando retuvo la pelota. Los goles pavos que les hacen a los arqueros no me preocupan porque a todos nos hicieron goles pavos. Claro que hay que ver cuántos. Cuando pasa eso es porque el arquero se siente inseguro, tensionado. Muchos de los errores que se ven es a raíz de eso: de estar mal parados, de no saber salir, de sentir las presiones. Porque el error de un arquero se repite por televisión diez veces todos los días de la semana. Son las reglas de juego, pero no es fácil soportarlas".

   La realidad es que esas fragilidades para bancarse el arco a sus espaldas se fueron ampliando y extendiendo. De lo que no hay dudas es que los arqueros, mal o bien, se construyeron en soledad. Y se fueron quedando solos. Unos meses antes de su despedida ese tipo entrañable que fue Roberto Perfumo, volcó en su columna semanal del 3 de agosto de 2015 en el diario Olé unas palabras dedicadas a los arqueros que reproducimos: "Los arqueros son tipos muy especiales. Como si estuvieran afuera de los códigos de los jugadores de campo. Son personajes raros que juegan a otra cosa y parecen más fuertes de lo que en realidad son, a pesar que se vuelven locos cuando hacen macanas que se convierten en goles. Son tipos que sufren mucho. Se saben discriminados y que en los planteles tienen fama de giles. Están condenados al descrédito, a la desvalorización, porque son extraordinariamente necesitados en un deporte que se juega con los pies. Ahora, más que nunca, ellos deben emplear ese recurso y a veces no lo logran".

   Hoy, los arqueros están en el medio del baile. Con la obligación que les impone el reglamento de jugar con las manos y con los pies. De jugar en el área chica, en el área grande y más allá de esa frontera. Y de equivocarse lo menos posible. Están muy expuestos y vulnerables. Y se nota demasiado.   
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