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Fútbol
23 | 03 | 2016
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¿Qué esperamos de Messi?

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Después de estar ausente durante los 4 primeros partidos de las eliminatorias, Messi regresa a la Selección para enfrentar a Chile y Bolivia. ¿Qué precisa y que le puede dar Messi a la Argentina? Lo que precisa es un equipo en marcha. Y lo que le puede dar depende de él y de una respuesta colectiva que lo trascienda.

¿Qué esperamos de Messi?
Foto:

Ultima semana de diciembre de 2012. Microcentro porteño. El escenario es la confitería o el bar de siempre. El Flaco Menotti, un par de rondas de café cortos y el fútbol que gana todos los espacios.

Y entre tantas observaciones sobre el Barcelona, Pep Guardiola, el Cholo Simeone, Pelé, Cruyff, Di Stéfano, Maradona y el periodismo, hay una que abarca a Lionel Messi: "Si la Selección espera que todos los problemas del equipo los resuelva Messi a partir de su inspiración, cagamos. Ningún jugador gana solo un Mundial. Tiene que acompañarlo el funcionamiento del equipo. Argentina, por ahora, tiene a un marciano como Messi que expresa la magia del fútbol y tres muy buenos jugadores como Agüero, Higuaín y Di María. Pero no es suficiente. Lo que falta es que se vea la idea más clara. Esa idea todavía no apareció, más allá de los buenos resultados que la Selección consiguió este año. Pero yo no hablo de resultados. Yo hablo de juego. Y el juego no lo advierto demasiado. Como si el equipo aún no hubiera definido una línea, un estilo".

Menotti hablaba de aquella Selección que dirigía Alejandro Sabella. Y de aquel Messi al que valoró como el mejor jugador del mundo, pero igual insuficiente para regalarle a la Argentina la tercera Copa del Mundo en Brasil 2014 a partir de su sola influencia.

Pelé en México 70 la rompió, pero también la rompió Brasil con ese equipo maravilloso de Carlos Alberto, Clodoaldo, Rivelino, Gerson, Tostao y Jairzinho, entre otros notables. Maradona la rompió en México 86 en una dimensión aún superior a la de Pelé, pero Argentina tuvo volumen colectivo con Batista, Giusti, Burruchaga, Héctor Enrique y Valdano, entre otros.

      Lionel Messi


Messi precisa eso: el sostén de un equipo. El relieve de un equipo. El funcionamiento de un equipo. A eso aspira el entrenador de la Selección, Gerardo Martino. A construir un equipo mientras se disputan las eliminatorias. En las vísperas del partido de este jueves ante Chile en Santiago y el martes 29 frente a Bolivia en Córdoba, el regreso de Messi con la camiseta argentina después de estar ausente en los 4 primeros encuentros de la competencia sudamericana, es un eslabón inevitable que va a modificar el mapa del equipo.
 
¿Qué esperamos de Messi? La pregunta es la que se viene formulando desde que apareció en los grandes escenarios del fútbol mundial. De Messi se espera que resuelva todas las complejidades. Y en la Selección no ha resuelto todo. Quizás porque aquella frase que Menotti pronunció hace poco más de 3 años ("Si se espera que todos los problemas del equipo los resuelva Messi a partir de su inspiración, cagamos") tiene una vigencia que no puede desconocerse.

El Tata Martino, seguramente, tampoco la desconoce. Para que Messi brille, la Selección tiene que atrapar un funcionamiento. ¿Qué es el funcionamiento aplicado al fútbol? Es una idea plasmada en la cancha. Puede ser una idea defensiva, contragolpeadora u ofensiva. Martino ya eligió: pretende un equipo de ataque, lo que no significa regalar espaldas y espacios para que los rivales lo victimicen de contragolpe.

¿Qué quiere Martino de Messi? Que flote como un duende como lo hace en el Barcelona. Que se mueva libre y sin posición fija, más allá de que su punto de partida  sea la banda derecha. Que la dinámica natural del partido lo lleve a encontrar los ritmos, las sociedades y los espacios. Y que Argentina se nutra y se alimente de Messi y Messi de Argentina.

      martino messi


En esta idea del fútbol circular que en determinado momento tiene que transformarse en fútbol vertical para agredir en la zona de fuego que siempre es el área adversaria, Messi tiene la necesidad imperiosa de tener varias opciones de descarga. No ir solo. No ir buscando la heroica, como la dibujó Maradona frente a Inglaterra y Bélgica en México 86 con 3 golazos infernales (el de la mano de Dios es otra historia). Pero Maradona es Maradona. Y Messi no parece disponer de esa épica inigualable. Por lo menos por ahora.

Las compañías que busca Messi están en los papeles. Son el Kun Agüero, Higuaín, Di María, más atrás en la cancha, Mascherano (purgará contra Chile una suspensión por doble amarilla) y Biglia. Son los de siempre, en definitiva. ¿Qué falta, entonces? Armonizar. Juntar las piezas. Y juntar al equipo. La palabra "juntar" no es anecdótica ni irrelevante para la lógica del fútbol. Expresa solidaridades, complicidades, generosidad para retroceder y desplegarse en ataque. Un equipo que sabe juntarse para defender, recuperar la pelota y atacar termina convirtiéndose en un muy buen equipo. Y en algunos casos en un equipazo.

Si el equipo se estira es porque no se junta. Si el equipo se hace largo es porque no se junta. Si el equipo no achica es porque no se junta. La convicción de Martino es armar un equipo corto. Que presione arriba, que achique y en el que Messi no tenga que bajar demasiado a buscar la pelota. Todo esto es lo que precisamente no hizo la Selección en la final de la Copa América el 4 de julio del año pasado ante Chile cuando cayó en la definición por penales. Y Messi pagó. Y Argentina pagó. Y Martino pagó.
 
Sospechamos que esa lección se debe haber aprendido. No es que Argentina tiene que jugar para Messi. Pero tiene que acomodarle el tablero. Y es una condición excluyente que el equipo maneje el mayor tiempo posible la pelota. Que tenga la pelota. Si la resigna o la pierde por la iniciativa rival, podrá ganar un partido de contraataque, pero correrá más riesgos de los que debería correr. Y reducirá su potencial. Como ya lo hizo frente a Chile el sábado 4 de julio de 2015.

Messi, qué duda cabe, es el jugador más desequilibrante e influyente del mundo. Pero esto no alcanza para construir una gran Selección. Tiene que aparecer el equipo como lo hizo en el 1-0 (gol de Biglia) a Colombia el pasado 17 de noviembre de 2015. Allí no estuvo Messi. Y Argentina jugó en un nivel estupendo.

 Ahora estará Messi frente a Chile y Bolivia. Las preguntas, una vez más vuelven a formularse: ¿Qué se puede esperar? ¿Que Messi sea un gran solista? ¿O que integre una buena orquesta? Una síntesis voluntarista de los dos últimos interrogantes sería lo ideal. Pero los jugadores y los equipos siempre hablan en la cancha.     

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