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Fútbol
24 | 03 | 2016
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Semblanza | Cruyff, la memoria del fútbol

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Se despidió Johan Cruyff. Un monstruo del fútbol de todos los tiempos. El expresó con una naturalidad genial la suma de todas las inteligencias posibles para interpretar y plasmar en la cancha los misterios siempre irrepetibles del juego. Entendió esa dimensión de la totalidad que llevó a Holanda a la cumbre del fútbol mundial.

Semblanza | Cruyff, la memoria del fútbol
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Murió Johan Cruyff a los 68 años por un cáncer de pulmón. Allí radica la noticia tan fría, inexorable como certera. Lo que no puede interpretar ni contextualizar la noticia es que también con la partida de Cruyff murió un pedazo no cuantificado de fútbol. Un símbolo y una bandera del mejor fútbol de todos los tiempos.

En ese ranking desprolijo pero siempre vital que abordan los futboleros de cualquier rincón o geografía del mundo, Cruyff integró la lista de los jugadores más extraordinarios junto a Pelé, Maradona, Di Stéfano y Messi. Si igualó o superó a los cuatro antes citados, es una cuestión que depende de las preferencias y las subjetividades individuales, siempre intransferibles.

¿Qué era Cruyff jugando? La suma de todas las inteligencias posibles. Es cierto que Alfredo Di Stéfano fue un verdadero adelantado para expresar la idea del fútbol total. Jugaba en toda la cancha. Y siendo un brillante especialista del gol, también definía un rol de altísima funcionalidad. Estaba donde lo necesitaba el equipo. Donde lo requería la dinámica de cada partido. También por eso Alfredo fue un grande que abarcó las áreas más sensibles del fútbol bien pensado y formidablemente ejecutado.

Cruyff, sin duda, perfeccionó aquellas lecturas espontáneas de Di Stéfano. Les dio una dimensión aún superior. En aquel Ajax espectacular que se alumbró en el arranque de los 70 y en aquella selección holandesa que revolucionó el fútbol en el Mundial de Alemania en 1974, él dirigió la orquesta, aunque el entrenador haya sido Rinus Michels.

Pero fue Cruyff quien impuso su lógica avasallante. Sin Cruyff ni el Ajax ni Holanda hubieran escrito la misma partitura. O hubieran filmado la misma película. El sello, la marca registrada, la idea y los relieves tan plenos de esa idea, se gestaron a partir del mismo momento en que el Flaco Cruyff comenzó a jugar al fútbol. Porque así lo entendió. De punta a punta. De arco a arco. Por la derecha o por la izquierda. Recuperando una pelota en campo propio por presión y construyendo de inmediato la aventura ofensiva elaborando la estrategia del ataque.   

"Siempre tuvo todo en la cabeza", solía repetir Menotti. Esas pocas palabras siempre denunciaron una admiración suprema a su gran talento. Tenía todo pero de antemano no tenía nada. Porque esa es una característica de los genios. De los tipos que la ven antes pero que la plasman desde la naturalidad que no se programa.

Porque no era un laboratorio futbolístico Cruyff. No lo iluminaron las luces de las tácticas, los videos y los pizarrones. No fue un hombre producido para jugar al fútbol como muy pocos. No lo inventaron ni el técnico rumano Stefan Kovacs (también dirigió al Ajax) ni Rinus Michels. A propósito de Kovacs, cuando en diciembre del 84 visitó la Argentina invitado para un dar un curso por Carlos Timoteo Griguol en las instalaciones de Ferro, en una entrevista que nos concedió para el diario La Razón, comentó: "Nosotros hicimos mucho, pero Cruyff hizo todo".   

Porque fue él quien se inventó. Porque a sus capacidades técnicas superlativas le sumó el concepto colectivo. Que no es otra cosa que entender. Entender el juego. Entender las pausas. Entender los ritmos. Entender los frenos. Entender cuándo meter el pressing bien arriba ahogando hasta la desesperación a cualquier adversario y cuando sacar el pie del acelerador para descansar con la pelota. Entender que nunca hay que dejar de pensar. Ni en la gran adversidad ni en las grandes urgencias. Ni en la goleada propia ni en la goleada que se viene. Entender, en definitiva, para qué se juega. No jugar por jugar. No ir y venir sin saber qué pasa.

Ese nivel de inteligencia colosal que ni Pelé ni Maradona tuvieron para que absolutamente todo girara a su alrededor, encontró en Cruyff a un intérprete que rompió todos los moldes. Su freno, su manejo, su cambio de ritmo monumental (dejaba parados a los rivales con un amague), su velocidad para encarar y pasar y el gol como una obra inevitable, son apenas diseños o estéticas que no lo muestran en su real dimensión.

La dimensión de Cruyff con la camiseta del Ajax, de Holanda o del Barcelona cuando le impuso su estilo revolucionario a Cataluña cuando arribó en 1973, fue la dimensión de un hombre que en su tránsito por la vida supo capturar los cielos y los infiernos del fútbol. No importa si ganó más títulos o ganó menos títulos que otros. No importa si como entrenador se retiró demasiado rápido para guardarse en cuarteles de invierno. No importa poner en primer plano algo que no haya hecho. O algo que no haya dicho.

Cruyff es una de las más impactantes memorias del fútbol. El 24 de marzo de 2016, ese hombre de 68 años se despidió. Siempre lo recordaremos.  

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