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Política
26 | 03 | 2016
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Macri retoma una relación que los Kirchner también buscaron

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Más allá de las diatribas del kirchnerismo duro, ese gobierno privilegió la relación con Washington durante sus primeros años. Tras el desaire marplatense hubo intentos de remontar la cuesta. Ahora, el macrismo celebra eufórico la "Obamamanía".

Macri retoma una relación que los Kirchner también buscaron
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Las autoridades argentinas no podían contener la euforia al concluir la visita de Barack Obama. Fue como esas fiestas en las que todo debe salir a la perfección y donde el anfitrión sólo espera que finalice, ante el temor de que cualquier incidente la empañe. Y cuando va transcurriendo favorablemente -y sobre todo al concluir-, lamenta que no haya sido más extensa, animado por el éxito de la misma.

Ya en la primera actividad conjunta, en el encuentro en la Casa Rosada y luego en la conferencia de prensa de ambos mandatarios, en el gobierno celebraban un éxito 'superior al esperado', por un Obama que derramó elogios sobre su colega argentino.

Luces de alarma se habían encendido el día anterior, cuando los atentados en Bélgica no sólo obligaron a elevar el nivel de alerta en nuestro país, sino también se generó la sensación de que esos episodios podían opacar la visita. Por el contrario, se redobló la atención internacional sobre Obama y buena parte de las preguntas giraron en torno a la cuestión terrorista. Fue la oficialización de un realineamiento de la Argentina con el mundo. Hacía años que no se producía la llegada de un presidente de países del primer orden, y la de Obama constituyó la frutilla de una sucesión de visitas iniciada por el primer ministro italiano, Matteo Renzi; y el presidente francés, Francois Hollande.

En este tema también el kirchnerismo duro quedó alineado con la izquierda en el rechazo a la presencia de Obama. Colaboró en su postura la fecha elegida para estar en Buenos Aires, mera coincidencia. Si bien la intención de venir al país existía por parte del presidente norteamericano, la escala fue decidida para atender su plano interno, agitado por los republicanos que objetaban su presencia en La Habana.

La visita de Obama estuvo muy presente en las críticas escuchadas el 24 de marzo contra el gobierno de Macri, marcando un contraste notorio con lo que se conoce como 'el primer kirchnerismo', ese que en sus orígenes quiso establecer una fuerte relación con los países centrales. Hablamos de tiempos lejanos a una radicalización adquirida con el paso del tiempo. Vale una muestra: en la campaña de 2003, cuando el publicista Braga Menéndez le propuso a Néstor Kirchner cruzar a Carlos Menem -que lo tildaba de 'Chirolita' de Duhalde- con afiches con la imagen del riojano en las rodillas de George W. Bush, el santacruceño se negó a usarlos.

Con Bush se vería antes de cumplir dos meses en el gobierno, en un encuentro celebrado en la Casa Blanca y calificado por los Kirchner como 'un éxito'. No era para menos, de entrada el mandatario republicano le dijo a Néstor Kirchner frente a un retrato de Abraham Lincoln: 'Siga así. Si ustedes se ayudan, van a tener un respaldo decidido de nuestro gobierno'. En ese primer encuentro, en un dejo de confianza y fuera de todo protocolo, el presidente argentino le palmeó afectuosamente a Bush la rodilla. Al salir del Salón Oval, una sonriente expresó con alivio: 'Zafamos, no nos preguntaron por Cuba', en alusión a la obsesión permanente de los gobiernos republicanos; tampoco habían sugerido que Argentina mandara tropas a Irak.

Por esos días, la entonces senadora sostenía que 'ser antinorteamericano no sólo es equivocado. Diría que es hasta demodé. No estamos en los 70, cuando si llovía le echábamos la culpa al imperialismo. Nuestra seriedad consistirá en integrarse al mundo desde un espacio regional que es el Mercosur'. Los Kirchner viajaron varias veces a Estados Unidos, juntos o separados. En una de sus visitas como primera dama, Cristina fue dos días antes que su esposo para reunirse por su cuenta con Jimmy Carter, al que agradeció su defensa de los derechos humanos en especial durante los años de la dictadura. Pero el plato fuerte personal en Estados Unidos lo tuvo Cristina cuando pudo concretar un encuentro para el que la diplomacia argentina debió esforzarse a fin de no desairarla. En el segundo viaje presidencial a Estados Unidos, la senadora Fernández de Kirchner logró reunirse con Hillary Clinton, quien para muchos era entonces su musa inspiradora. El encuentro se realizó en Washington y para ir a esa ciudad la primera dama argentina utilizó el Tango 01 que permanecía en Nueva York -donde su esposo participaba de la Asamblea de la ONU-, llevando consigo a una comitiva de periodistas que acompañaba la gira presidencial. Interesaba sobremanera darle relevancia a ese encuentro entre senadoras.

El idilio con Bush duró hasta la Cumbre de las Américas, celebrada en Mar del Plata en 2005, donde se liquidó el proyecto del ALCA, y si bien fue Hugo Chávez el encargado de ir al choque y Lula parte de la estrategia, Néstor Kirchner quedó definitivamente marcado, como el anfitrión de la Cumbre que tenía como misión desairar a Bush en su propia cara.

A poco de asumir, Cristina Kirchner debió sobrellevar el incidente de la valija de Antonini Wilson, que atribuyó a 'operaciones basura' de Estados Unidos. No fue el mejor comienzo, pero esperaban recomponer la relación con la vuelta de los demócratas al poder. No fue así: EE.UU. no olvidó más el destrato a su presidente, y Barack Obama no cambió la mirada de Washington hacia los Kirchner. Pese a los denodados esfuerzos, Cristina nunca fue recibida como presidenta en la Casa Blanca y sus encuentros con Obama se limitaron a las cumbres del G20. Se vieron cinco veces, pero solo en dos realizaron reuniones bilaterales: en 2011 en Francia, donde relanzaron la relación, que venía de mal en peor; y al año siguiente en Colombia.

La mala relación de los Kirchner no se limitó a Estados Unidos. El reciente visitante Francois Hollande suspendió el año pasado su visita al país por 'razones de contexto general'. Había ocurrido la masacre de Charlie Hebdo, y eso justificaba que tuviera que reacondicionar la agenda, pero el francés ya no vino con Cristina en el poder, tal vez a raíz de la fría reacción del gobierno argentino ante los atentados parisinos. Recordemos que por entonces no hubo una representación oficial argentina en la marcha contra el terrorismo de la que tomaron parte líderes internacionales, a pesar de que el canciller Timerman estaba en París.

Totalmente lanzada contra Washington a partir del fallo a favor de los fondos buitre, Cristina concluyó su relación con esa administración atribuyéndole cualquier atentado que la pudiera afectar, y poniendo en duda en la ONU a los terroristas de ISIS, cuyos degollamientos definió como 'verdaderas puestas en escena (...) Porque permítanme: me he tornado absolutamente desconfiada de todo'.

Nada comparable, dirán muchos, con el episodio en el que Timerman, alicate en mano, hizo requisar a la Aduana una valija de comunicaciones de un avión militar de Estados Unidos, en busca de drogas o contrabando. Fue en febrero de 2011, y según se interpretó entonces, obedeció al enojo de la entonces presidenta porque Obama había organizado una gira por El Salvador, Brasil y Chile... evitando a la Argentina.

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