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Historias de vida
26 | 03 | 2016
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Si Bardelli no hace la planilla, Atlanta no sale a la cancha

Sergio Tomaro
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Por Sergio Tomaro


Personaje reconocido por hinchas y socios, mantiene un fuerte vínculo con la institución de Villa Crespo en la que desde hace 52 años se encarga del planilleo previo a cada partido oficial del equipo de Primera.

Si Bardelli no hace la planilla, Atlanta no sale a la cancha
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Aunque en el club algunos socios lo llaman "doctor"', por asociarlo a su hijo que fue médico del equipo de Primera de Atlanta, el apodo universal de Julio César Bardelli en el mundo bohemio es 'Chiche', el hombre al que hinchas, dirigentes y jugadores lo destacan por la férrea ligazón que mantiene desde 1941 con la institución.

Chiche llegó de muy chico a Villa Crespo con su papá y su mamá después de haber vivido un tiempo en Villa del Parque, y su padre puso en práctica la idea de que la familia debía ser socia del club del barrio, para apoyarlo. En cuestión de días, los Bardelli ya tenían el carnet de Atlanta.

Años después, la tragedia les asestó un golpe feroz: su padre fue una de las víctimas fatales del accidente de enero de 1959 sufrido por un avión de Austral que cayó al mar frente a Camet y el club también ahí le brindó contención frente a lo irreparable.

"En Atlanta hice de todo y estuve en cuanta subcomisión haya habido: desde la de bailes juveniles, pasando por la de pileta y la de fútbol amateur, con la cual me fui metiendo en la tarea de hacer las planillas oficiales de los partidos de Atlanta, tarea que he desarrollado en los últimos 52 años', apuntó Chiche a HISTORIAS DE VIDA.

Con un parecido notable al periodista Enrique Macaya Márquez y 78 años que tranquilamente puede disimular, al punto que suele ironizar con que "hoy vine con mi mamá" cuando llega a reuniones acompañado por su esposa Olga Irma, Chiche es un libro abierto de la historia del Bohemio.

"'Voy a ver a Atlanta desde que jugaba en el 'cajón', la cancha que antecedió a la actual y en la que los cuadros grandes solían pasarla muy mal", precisó quien conoció a su señora cuando ambos eran empleados administrativos del INTA. Con Olga Irma tuvo dos hijos, Norberto Hugo y Patricia Silvina, y son abuelos de cuatro nietos: Natalia Soledad, Matías Ezequiel, Federico Daniel y Melina Giselle, todos, como no podía ser de otra manera, hinchas de Atlanta.

Bardelli se ríe cuando lo definen como el hombre de las mil planillas, por la cantidad de veces que de local o visitante confeccionó la nómina oficial de jugadores que salían a la cancha, lo que le impone la rutina de recolectar los documentos de los 18 futbolistas convocados, volcarlos al papel, llevárselo al árbitro y esperar al fin del partido para quedarse con su copia.

"En mi casa tengo infinidad de esas planillas que ahora empiezo a armar el día anterior al partido" añade, aunque su nieto Matías, un compañero de fierro en el sentir bohemio, asegura que su abuelo hasta anticipa cómo formará el equipo sin haber hablado con el entrenador.

Justamente el padre de Matías, el doctor Norberto Hugo Bardelli, jugó hasta la séptima división en Atlanta y cumplió su sueño de ser médico de la Primera. "Era chico -cuenta no sin emoción su padre- y ya decía que cuando se recibiera, iba a ser el médico del primer equipo y lo pudo cumplir".

"El fútbol no me ha enseñado nada, lo que soy lo heredé de mis padres y abuelos. Eso sí, me dio muchos amigos", asevera y, aunque no lo mencione, también un profundo amor por los colores que lo apasionan, multiplicado por cada una de las planillas que lleva confeccionadas en los últimos 52 años cada vez que su corazón bohemio palpita el momento en que el equipo de Atlanta entra al campo de juego.

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Flor de paraguazo por las pelotas

En Atlanta, durante los años de crisis, había que hacer lo imposible para que el poco dinero disponible en caja, rindiera. Una de esas medidas de austeridad era cuidar al máximo las pelotas que se utilizaban los días de partido, para que sirvieran para otros encuentros o bien para entrenamientos.

Tras un partido jugado bajo la lluvia, el recordado arquero Héctor Cassé ingresó al túnel con una de las pelotas oculta debajo del buzo, lo que molestó al utilero de Atlanta que sin mediar palabras, asestó un puñetazo descendente sobre el balón oculto que quedó picando contra el suelo.

La confusa situación generó un revuelo de aquéllos. "Yo tenía un paraguas y vi la situación. Me pareció que el arquero quería reaccionar contra el utilero por lo que para enfriar la situación, intervine", narró Bardelli.

En su caso, asestó un paraguazo ascendente contra la humanidad del guardameta, a quien impactó en la parte que más le duele al hombre con lo cual el incidente quedó dominado.

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Hasta se dio el gusto de ser técnico interino

Bardelli está orgulloso de cómo Atlanta logró renacer de sus cenizas después de que una quiebra casi lo condena a la extinción. Como tantos otros socios, Chiche puso el hombro en las malas, aunque lo suyo cobró características singulares.

De hecho Chiche, que era un colaborador del técnico de tercera división, una vez en plena crisis económica del club salió tres partidos oficiales sentado en el banco de Atlanta, como entrenador interino.

"El técnico de la Primera era Claudio Sapia, lo habían expulsado en un partido y le habían impuesto una multa como sanción. El problema -sintetizó- es que en el club no había un peso y entonces Sapia cumplió una suspensión, por lo que yo salí al banco de suplentes en tres partidos donde gané uno, empate otro y perdí el restante".

La época oscura de Atlanta lo llevó también a tomar responsabilidades en el predio de Atlanta en Villa Celina, donde jugaban las inferiores. Un domingo fue a preparar la cancha y marcó como pudo las líneas de cal. "'El tema se complicó en los laterales porque iba volcando la cal diluida caminando para atrás y no me quedaron derechas", recordó.

José Méndez, el árbitro que después dirigió en Primera, cuando vio las marcas dijo "esto lo hizo un borracho'", pero Chiche lo explicó lo sucedido y el referí recalculó: "Bueno, en todo caso perjudica a los dos equipos".

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