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Fútbol
27 | 03 | 2016
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La influencia de Mascherano

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Sigue siendo vital para la Selección la presencia de Javier Mascherano. En el 2-1 a Chile se advirtió que Argentina había perdido peso y presión en el medio. La influencia del jugador del Barcelona trasciende la función que cumple, porque le permite al equipo jugar más arriba, alejarse del propio arco y ser más ofensivo.

La influencia de Mascherano
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Eran los días en que Daniel Passarella, aún siendo técnico de River, hablaba de fútbol con algunos periodistas. En unos de esos encuentros, que en algunas pocas oportunidades trascendían la formalidad de una entrevista, nos hizo un comentario que arrancó con una pregunta que nos sorprendió: "¿Sabés quién me enseñó a hacer pressing?". Le respondimos con la certeza que nos daban los hechos del pasado que había sido el Flaco Menotti en la Selección. Nos dijo que no con su orgullo intacto. Que había sido ese volante central de Independiente que había llegado a River en el comienzo de 1975 apodado Perico.


Era Miguel Angel Raimondo, gran compañero de ruta en aquel mediocampo recordadísimo del Rojo que integró junto al Pato José Omar Pastoriza y al Polaco Alejandro Semenewicz. Raimondo, ya se había consagrado campeón con Independiente a nivel doméstico en 1970 y 1971, también obtuvo la Copa Libertadores de 1972, 1973 y 1974, la Copa Intercontinental en 1973 y la Copa Interamericana en 1973 y 1974.  
 
Passarella nos explicó y amplió aquella noche su observación sobre el fútbol de Raimondo, quien se incorporó a River con 31 años en enero del 75: "Yo todavía no era titular del equipo. El titular era el cordobés Artico que había traído Labruna de Talleres de Córdoba. Pero yo lo veía a Raimondo como se paraba en la cancha. Como se movía. Donde recuperaba la pelota. Donde la pedía. Que hacía en los partidos. Que hacía en las prácticas. Según en qué lugar de la cancha él se paraba, jugaba River. Mejor o peor. Cuando estaba en campo contrario él invitaba a todo el equipo a presionar bien arriba. Porque el fondo tenía que salir rápido a cubrir las espaldas de los volantes. Y eso que era Raimondo el que más obligaciones defensivas tenía. Pero sus movimientos y su ubicación proponían el pressing. Eso siempre me quedó grabado. De él lo aprendí. Estuvo poco en River, pero a mí me dejó mucho".

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Esa observación tan valiosa de Passarella que data de 1991 puede trasladarse hasta estos tiempos. El pressing de antes que había institucionalizado el Ajax de Johan Cruyff en el amanecer de los 70 es la misma presión alta de hoy. ¿A qué viene todo esto vinculado con la actual Selección nacional? A la gran influencia que sigue teniendo la presencia de Javier Mascherano en el equipo.

Sin él, como ocurrió en el reciente 2-1 sobre Chile, Argentina perdió presión en el medio, retrocedió sus líneas en exceso y quedó partida por los repliegues de Matías Kranevitter (todavía está verde para jugar en el medio a campo abierto), Lucas Biglia y Ever Banega.

La posición geográfica y estratégica de Mascherano en la cancha, como la de Raimondo en aquel River que después de 18 de años de abstinencia volvió a salir campeón en el Metro de 1975, es vital para que la Selección gane la iniciativa e impulse una presión en terreno adversario.
 
Donde se para Mascherano (vuelve ante Bolivia después estar de ausente frente a Chile por doble tarjeta amarilla) es donde se va a parar el equipo, lo que por otra parte también define las intenciones, las búsquedas y sobre todo la idea. Si lo hace a 50 o 60 metros del arco propio obliga al adelantamiento masivo de la línea de fondo. Y a jugar más arriba todo el equipo. A juntar al equipo en 40 o 50 metros. A ser más corto para ir y volver. Y a empujar al adversario a su campo, asfixiado por el pressing luego reconvertido en elaboración de juego.

Ese River de 1975 de innegociable actitud ofensiva (Juan José López, Raimondo y el Beto Alonso como volantes, más Pedro González, Morete y Mas como puntas) demandaba para protegerse atrás achicar los espacios hacia adelante. No podía jugar en una cancha grande para inmolarse repetidamente en cada contraataque adversario, aunque atrás contara con la solvencia intransferible de Roberto Perfumo y con la categoría del Pato Fillol para resolver en el mano a mano.

Si Martino, como así parece, pretende armar una Selección con una vocación de ataque sostenida, Mascherano continúa siendo un eje fundamental de la estructura y el funcionamiento colectivo. Porque él juega en un equipo super ofensivo como es el Barcelona. Y aunque hace varias temporadas que no lo hace como volante sino como defensor, conoce y frecuenta a diario las dificultades y los riesgos de salir a ganar una pelota al descampado con el arco del Barça a 45 metros de sus espaldas.

      Javier Mascherano - Seleccion argentina



Con la Selección, Mascherano es volante desde el 16 de julio de 2003 cuando en un Argentina-Uruguay (2-2) debutó bajo la conducción de Marcelo Bielsa. Desde allí se fue construyendo como un volante tiempista que tiene que salir a cortar con la precisión de un cirujano. A romper, incluso en inferioridad numérica. A promover ahora la presión junto a su socio Biglia para que todos acompañen. Y para que Messi en sintonía con Agüero o Higuaín (el lobby de amplios sectores de la prensa a favor del delantero del Napoli es muy evidente) dispongan de mayores posibilidades para descargar, tocar y ser vertical cuando hay que ser vertical.

Mascherano ya tiene sobradas experiencias en esa función o rol de volante que va a los bifes con gran determinación y agresividad. Mientras tenga aire en los pulmones lo va a seguir haciendo sin victimizarse. Por eso lo precisa Argentina. Para marcar la cancha. Para delimitar su territorio. Y para ir a buscar los partidos con decisión. De allí que el recuerdo de aquellas palabras que, en otro contexto y en otras circunstancias volcó Passarella sobre Perico Raimondo hace 25 años, conserven su vigencia.     

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