martes 6.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
30 | 03 | 2016
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Análisis | Selección: la fiesta que no arrancó

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


No se desató el festival de fútbol y goles que todos preveían que se iba a desatar. Argentina le ganó con holgura a Bolivia, pero tuvo un partido discreto. Continúa la Selección denunciando problemas para elaborar y construir juego ofensivo y para crearle mejores condiciones a Messi en la zona de resolución.

Análisis | Selección: la fiesta que no arrancó
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Se esperaba un baile. Una fiesta. Una superioridad aplastante. Un concierto de Messi. Un par de goles de Messi. Otro par de goles de Higuaín. Y de otros compañeros. Y el disfrute colectivo de todos los hinchas que reventaron el estadio Mario Kempes. Se esperaba un 4, 5, o 6-0. Los antecedentes más cercanos también suscribían esa ilusión. En los dos últimos enfrentamientos ante Bolivia, Argentina ganó 5-0 el 6 de junio de 2015 en San Juan y 7-0 el 4 de septiembre del mismo año en Houston.

  
¿Qué significaban esas cifras? Que esa es la distancia futbolística entre Argentina y Bolivia fuera de los 3650 metros de altura de La Paz. Esa notable ausencia de equivalencias no se desvaneció en la noche cordobesa. Ni se diluyó por arte de magia. Sigue existiendo, aunque el módico y austero 2-0 del martes 29 de marzo de 2016, quizás promueva algunas interpretaciones falsas. ¿Qué pasó entonces? La Selección, en general, tiene menos gol de lo que insinúa.
  
Y Messi con la camiseta nacional tiene menos gol de lo que expresan sus números. Que son rutilantes, incluso en la Selección, con 107 partidos y 50 conquistas. Habría que refrescar simplemente lo que declaró el propio Messi luego de aquel 0-0 en cuartos de final frente a Colombia durante la Copa América que se disputó en Chile en 2015. Después de ese partido que se definió en la instancia de los penales, comentó con un evidente aire de resignación: "Es increíble lo que me está costando meter goles para la Selección".
  
No se había equivocado el astro del Barcelona. Tiene complicada en la Selección el arte de la  resolución ofensiva. La resolución es el pase a la red. Que no es tan sencillo como parece enunciarlo. Porque allí, en el área rival, dónde los viejos comentaristas sostenían que se mueren las palabras, hay que ser necesariamente muy preciso, muy quirúrgico, muy determinado, muy simple. ¿No lo es Messi? Sí lo es. Lo denuncian los 499 goles que conquistó entre el Barcelona y la Selección. Pero la realidad es que en la Selección no está tan fino y senslble en los últimos metros en relación a su impresionante capacidad futbolística que no parece agotarse.
  
¿Qué sería de Argentina sin Messi? Un equipo con muy pocas luces. Un equipo con escasa creatividad. Un equipo despojado de un relieve ofensivo importante. Como por ejemplo lo es Brasil sin la presencia de Neymar, aunque Neymar no tenga la chapa ni la continuidad genial que revela Messi desde hace poco más de una década. Messi ilumina a Argentina en la medida en que su talento va encontrando reciprocidades. Pero esas complicidades indispensables para acceder a los espacios que anuncian el gol inminente suele no encontrarlas.
  
Gerardo Martino lo viene comprobando desde el mismo momento en que asumió luego del Mundial de Brasil. Y cambia. Primero se queda con Agüero. También con Tevez, desafectado. O con Higuaín. O tal vez con el pibe Dybala, por estos días lesionado. Busca Martino una sociedad. La mejor que sigue disponiendo es la de Agüero. Pero Martino duda. Entonces lo pone contra Chile y lo saca ante Bolivia para darle aire al estupendo presente goleador de Higuaín en el Napoli con 29 tantos en 30 partidos.
  
Es cierto, Agüero no es el Gordo Coutinho, quien fue el compadre de Pelé en aquel Santos maravilloso de los 60, cuando Coutinho y Pelé se entendían con una venda en los ojos. Pero él Kun es el que mejor lo interpreta a Messi. El que mejor adivina sus movimientos y sus engaños con y sin la pelota. Esa sintonía que viene de lejos entre Messi y Agüero es intransferible, por más que se pretendan forzar otras dinámicas que no pueden reemplazar lo que ya está constituido.
  
Está claro que Messi va a jugar con cualquiera que le pongan al lado. Porque él acelera y pasa. O frena y pasa. Pero en algún momento tienen que definirse titularidades. En Barcelona tiene de compañeros en ataque a Luis Suárez y a Neymar. En la Selección ya hace demasiados años que los puntas entran y salen. Viene pasando desde la segunda etapa de Alfio Basile en la Selección luego del Mundial de Alemania 2006. Continuó con Diego Maradona, Sergio Batista, Alejandro Sabella y ahora con Martino.
  
¿Quién es después de tanto tiempo la pareja futbolística que se consolidó al lado de Messi? Ese nombre propio sigue sin confirmarse. Y Messi, mejor o peor, lo continúa padeciendo. La Selección, en un horizonte más amplio, también. Por eso en cada partido queda flotando la impresión que la etapa de las pruebas no se terminan nunca. Y que los distintos entrenadores no se deciden a bancar a un protagonista.
  
Las evidencias expresan que la Selección tiene más gol en la teoría que en la práctica. Que es mucho más temible en la previa que durante los desarrollos. Que goza de más desequilibrio ofensivo cuando arranca en el medio o en tres cuartos que cuando llega. Y esto también es funcionamiento. O mejor dicho, falta de funcionamiento. Falta de sociedades para simplificar lo más complejo del fútbol que es la construcción perfecta de la maniobra ofensiva.
  
Porque no alcanza con Messi. Con la inspiración de Messi. Con la generosidad de Messi, como la reveló en el 2-0 frente a Bolivia. No alcanza. Se precisan más respuestas. Más elaboración. Más armonía para tocar y descargar. Y menos traslado de Di María, de Correa, de Banega y de casi todos. A mayor traslado, mayor previsibilidad. A menor traslado, más sorpresa. Cuando Messi traslada en esas corridas monumentales es porque no encuentra la posibilidad de la descarga precisa al pie o al espacio. Traslada porque no ve las opciones. O porque las opciones que ve no son las más adecuadas para filtrar un pase.
  
Sumó los 6 puntos que deseaba la Selección en esta doble jornada. Pero no jugó bien. Ni en Chile ni en Córdoba, salvo algunas ráfagas. Suerte que estuvo Messi para someter con sus flashes los perfiles del aburrimiento. Quedó bien parada Argentina en la tabla de las eliminatorias. En la cancha, no tanto.
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