domingo 4.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
31 | 03 | 2016
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Messi volvió a enamorar

Pablo Vignola
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Por Pablo Vignola


Una noche, en Córdoba, Lionel Messi se reencontró con el cariño de los hinchas argentinos. Carteles, aplausos y reverencias de un lado y fútbol de alto vuelo de parte del astro, en un estadio colmado de afecto.

Messi volvió a enamorar
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Hubo una época en que lo miraban de reojo. En que su gente lo sentía ajeno, extranjero. Con la cuota de resentimiento de aquellos que sienten que ése al que quieren amar sólo le abre su corazón a otros, más allá de las fronteras.

Hubo una época en la que su magia y tu talento, parecían propiedad privada del pueblo catalán. Una época en la que el mundo lo admiraba y se compraba sombreros para sacárselos ante su presencia, pero en la que la cosecha de su genialidad era exclusiva de Barcelona.

Pero antes de esa época, hubo un dirigente tan cuestionado como sagaz, que vio más allá del tiempo e inventó un partido internacional para que ese pibe que nadie conocía jugara, de una vez y para siempre, con la casaca de la Selección Argentina. Julio Grondona, que jugaba a la mancha con los aviones, aseguró de esa manera que el pasaporte de quien se transformaría en el mejor jugador del mundo, fuera de tapa azul, industria nacional.

Así, Lionel Messi, abducido por el poderío del fútbol europeo, brotó, creció y echó raíces en España, donde a fuerza de su andar incontrolable batió todos los récords existentes repartiendo sonrisas eternas entre todos los hinchas de Barcelona. Sin embargo, no tuvo la misma efectividad matemática vistiendo la casaca celeste y blanca; y eso generó recelo, sabor a despecho: "para ellos todo y para nosotros nada..."

Las finales del Mundial de Brasil y de la Copa América en Chile, fueron guindas para ese postre amargo se sirviera en buena parte de las mesas criollas.

Sin embargo, las épocas cambian. Y la visita del seleccionado argentino a Córdoba, en una ronda Eliminatoria que pese a las estrellas que deslumbran por antecedentes en el equipo de Martino tuvo un arranque traumático, marcó un quiebre en la relación público-ídolo.

El estadio que lleva el nombre de un viejo héroe, se vistió de gala para recibir al dueño de todas las ilusiones. Ya la ciudad había dado un anticipo abriendo cálidamente los brazos para recibir al equipo y, en especial, a su capitán. Pero la reconciliación con los hinchas argentinos, representados por los sesenta mil cordobeses que desbordaron las tribunas, tuvo un ida y vuelta mutuo. Porque Messi propuso y encabezó la salida a la puerta del hotel para saludar a la gente, algo inusual incluso en planteles con figuras de menor trascendencia. Y porque los hinchas lo esperaron con banderas y carteles en los que manifestaron su amor incondicional.

Ese idilio se extendió e incrementó a lo largo del partido frente a Bolivia. Un partido en el que, astro y simpatizantes, vivieron de una manera especial. Messi, en cada arranque iluminado por los chispazos de su brujería, dejaba en claro que se estaba brindando por el público; mientras que desde tribunas y plateas, al tiempo que se coreaba su apellido, la multitud se ponía de pie para hacer la clásica reverencia de quien se encuentra frente a una divinidad.

No pudo regalarles el gol 500, que buscó por distintas vías, pero le alcanzó con el 499 y con cada una de sus apariciones, para pasar por la ventanilla del cariño y cobrar el cheque de los rotundos aplausos con que lo despidieron de Córdoba, la noche en que Messi volvió a enamorar a los argentinos. Y la promesa es "hasta que la muerte nos separe".

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