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04 | 04 | 2016
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Luis Brandoni: "No calculo los riesgos"

Sergio Pjaseczny
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Por Sergio Pjaseczny


El actor dice que en la profesión recorrió un camino con los altibajos lógicos, pero que logro vivir de la actuación, como se planteó en sus comienzos. Se define como apasionado, aunque formal, y afirma que no se fija lo que arriesga cuando defiende sus principios.

Luis Brandoni: No calculo los riesgos
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Luis Brandoni reflexiona sobre distintos aspectos de su profesión y de su vida privada con la lucidez que le aportaron el conocimiento y la experiencia. Habla un hombre optimista que sabe que se irá de este mundo en paz, porque ha logrado los objetivos que se propuso llevar adelante cuando comenzó a transitar por este mundo.

- ¿Cómo ha sido el camino que lo trajo a este presente?

-En principio, fue largo, parejo, nada vertiginoso y con altibajos, como les pasa a casi todos los actores. Atravesé una etapa difícil que fue cuando me tuve que exiliar y luego pasé por otro momento, que duró ocho años, durante la época de las listas negras, pero de verdad, en los que, me la tuve que arreglar como pude.

- ¿En qué consistía su objetivo inicial?

-En vivir de mi trabajo. De modo que logré lo que me propuse.

- ¿Ese es el verdadero éxito?

-Entiendo que sí, porque me da la posibilidad de decidir cuándo voy terminar mi carrera.

- ¿Le cuesta arremeter?

-Sí. Soy bastante formal. Eso no implica que, en varias ocasiones, no haya emprendido cosas con riesgo. No soy violento, pero sí apasionado y curioso.

- En los vínculos que establece con los otros, ¿de qué está alerta?

-De nada. Tal vez, por esa razón, haya cometido errores. No calculo si hay un riesgo, ni si puede caer algo mal. Tengo mis principios y los defiendo.

- Hasta la fecha, ¿siente que le sacó a la vida el máximo jugo posible?

-Viví intensamente. Tiré de la cuerda lo suficiente. Hice lo que debía, siempre con un alto grado de responsabilidad, porque me casé muy joven y fui papá muy joven, y esas cosas hay que preservarlas.

- ¿Con qué ojos mira la vida?

-Con ojos optimistas. Ese optimismo me llevó a encarar una tarea política y cuando uno abraza la política como una necesidad de ser parte del fenómeno social, no de balconearlo, debe ser optimista, sino no lo puede hacer.

- ¿Su idea era intentar cambiar el mundo?

-No tanto. Mi idea era y es que las cosas vayan mejor.

- ¿Su edad cronológica condice con su edad mental y espiritual?


-Siento que hay una armonía, pero no ignoro que no soy el mismo de hace cuarenta años. Tengo una edad avanzada, pero gozo de buena salud, que es mi mayor capital.

- La imagen que le devuelve el espejo, ¿le agrada?

-No está mal, pero en el espejo uno se va al revés de cómo lo ven a uno. Ni mejor, ni peor, distinto. Por lo demás, siempre intenté ser un hombre común que aspira a ser público.

- A estas alturas, ¿qué lo impulsa a hacer las cosas?

-Aún me siento en condiciones de ejercer mi profesión. No obro por una necesidad imperiosa de recursos, sino por una necesidad espiritual. Además, me sigue gustando mi oficio.

- A la hora de elegir un papel, ¿qué elementos sopesa?

-En mi 1971 tomé la decisión de hacer teatro argentino. Eso lo elegí, porque me gusta dar espectáculos que conmuevan a la gente y lo primero que debemos hacer para lograrlo es facilitarle al espectador la identidad con lo que sucede en el escenario, ese objetivo creo haberlo alcanzado más de una vez.

- Actuar bajo presión, ¿lo estimula o lo cohíbe?

-No me achico ante la presión, pero no es lo mejor que me puede pasar.

- A su juicio, ¿por qué experiencias debería pasar cualquier hombre?

-Un hombre no debería privarse de desarrollar su imaginación en la niñez, de vivir con intensidad su juventud, de procrear, si lo desea, y de formar una familia. Lo esencial es tener conciencia del momento que vive porque sólo así puede disfrutar de su existencia.

- ¿Qué pasó por su vida como un soplo?

-El servicio militar, siempre lo padecí mucho, fui muy desdichado pero no me dejó una cicatriz. El exilio, si bien fue muy doloroso, lo resolví con la mayor rapidez que pude. Sólo estuve diez meses exilado, porque fue todo lo que me aguantó el corazón. Eso lo viví intensamente, pero pasó rápido.

- ¿Tiene alta o baja tolerancia al fracaso?

-Hace mucho que aprendí a fracasar. Asimilo bastante bien el fracaso, sobre todo cuando hago teatro, en donde cada noche tenés la chance de fracasar, pero el espíritu de buscar el desquite y de intentar enamorar a los espectadores, me ayuda a sobrellevar el momento.

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