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Boxeo
02 | 04 | 2016
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Hamlet

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


La duda existencial de Lucas Matthysse entre retirarse o no y sus motivos internos, se esclarece leyendo entrelíneas su mensaje, que no sólo hay que saber, sino querer decodificar. "Boxear o no boxear" y en qué condiciones, sería el planteo, pero también el "para qué" se mezcla en un análisis que se ve mejor de lejos que de cerca.

Hamlet
Lucas Matthysse
Foto:

Por diversas razones poco explicables desde la lógica, la actualidad de Lucas Matthysse está preocupando sobremanera al pequeño mundo del boxeo.

Primero porque él mismo se bajó de la pelea que tenía programada para el 7 de mayo en Las Vegas contra el yanqui Mauricio Herrera, en el semifondo de Canelo-Khan, con motivos poco claros, donde prevaleció la "versión oficial" –que pocas veces es la real- que hizo creer que se debió al problema de su ojo izquierdo, aún no recuperado tras el KO sufrido el año pasado frente al ucraniano Víktor Postol.

Por supuesto que los fanáticos de siempre, quizás por ingenuidad, quizás por ceguera, y los obsecuentes e hipócritas de turno que existen en toda actividad, lo creyeron. O mejor aún, quisieron creerlo, mandando apoyo por redes sociales, o haciendo comentarios de ocasión en donde fuere, aludiendo siempre al tema de su ojo.

Nunca supieron, o no quisieron saber la otra realidad. La más sincera y auténtica, seguramente menos grata, que es que Matthysse se bajó porque en el fondo quiere abandonar el boxeo, al menos por ahora.

Se cansó, se saturó, se hartó; póngase el verbo que se quiera.

No por la derrota ante Postol, sino porque era algo que venía madurando lentamente, como un volcán en erupción.

Amagó a veces, pero como el tero, cuando amenazó con dejar el boxeo fue cuando más se aferró a él y mejor producción tuvo. Y ahora que después de Postol aseguró que quería seguir, que por nada del mundo se retiraría, al menos por ahora está bajando la persiana.

¿Pero ese doble discurso de poner los huevos en un lado y pegar el grito en el otro lo hará conscientemente, o sin querer?

En una extensa nota brindada al programa "Ring Side en el Aire", del colega Carlos Irusta que se emite por radio La Red (AM 910) el domingo pasado, soltó frases como éstas:

"Me bajé de la pelea porque no estaba motivado"

"Quiero estar tranquilo, pensar y decidir lo que voy a hacer"

"Me vine a vivir para Trelew. Me traje mis cosas, mis pertenencias, mis perros, todo" (NdeR: estaba viviendo y entrenando en Junín con el Cuty Barrera y el profe Matías Erbín).

"Lo vi poco y nada a Mario Arano –su mánager-  últimamente. Hablé por teléfono y nada más".

"Estuve entrenándome acá en Trelew con Mario Narvaes, que labura muy bien"

"No tengo ganas de entrenar. Ni me pongo a pensar en cuál sería mi equipo de trabajo ideal si lo pudiera elegir"

"Yo podría haber peleado contra Mauricio Herrera, pero no con la misma preparación de siempre"

"Me motivaría irme a entrenar con alguien en USA, me sentí muy bien cuando estuve allí"

"Contra Danny García sí, me encantaría pelear de nuevo, eso sí me motivaría"

"Me bancaría estar 2 meses entrenando en USA, me encantaría"

"Creo que cumplí un ciclo con Juan Martín Coggi y el "Cirujano" Morales, dos de los DT que me estuvieron ayudando en el último tiempo. Todavía no hablé con Mario Arano al respecto".

Más claro, el agua. Independientemente de cuáles fueron las preguntas y el contexto que dispararon estas respuestas.

Pero el lenguaje entrelíneas requiere más de buenos entendedores que de buenos emisores, y no todos tienen esa virtud interpretativa, y menos los más cercanos.

Por alguna extraña lógica, la comprensión del mensaje entrelíneas suele ser directamente proporcional a la lejanía del vínculo, y viceversa, es decir, cuanto más estrecho es éste más cuesta leerlo, como pasa en los matrimonios.

Y da la sensación de que Matthysse no le quiere decir "a su hipotética esposa" (su equipo de trabajo) que quiere separarse, aunque lo desea.

Tal vez por culpa, tal vez por falta de valor, por no animarse, por no herir al otro, la cuestión es que a veces puede seguir el afecto, la gratitud, el cariño, pero no el amor y sin él no funciona ningún vínculo, aunque éste perdure en los papeles y en la convivencia.

¿Estará esperando que legalmente se venzan los plazos de todos los contratos que lo unen a todas las empresas y personas que lo tienen firmado?

¿A eso se referirá cuando dice: "cuando me vuelvan las ganas y la motivación vuelvo a boxear"?

Ahora bien, la pegunta es para qué volver a pelear.

Está claro que Matthyse no se bancará hacer todo el camino de vuelta como un principiante, y sólo le interesarán las peleas grandes, no un Mauricio Herrera. Pero ¿para qué?

¿Alguno piensa que lo que Matthysse no consiguió en el cenit de su carrera, cuando estaba entero y 10 puntos, lo conseguirá después y encima subiendo de categoría?

¿Piensan que fue casualidad que Lucas haya ganado peleones cuando no había nada en juego y perdido cuando lo había? Su historia de amateur, campo donde se suelen reflejar con precisión temperamentos y realidades, ¿se desconoce, o se olvidó?

Siempre se repitió en el chubutense una constante, aún cuando era el mejor púgil aficionado del país. Y a quien realmente conoce tal constante, no debió sorprenderle nada de lo que sucedió después.

Sin embargo todas las voces que se alzan se muestran incrédulas, desconcertadas, como si hubiera ocurrido algo inimaginado.

Mas son sus propias fantasías, sus deseos y sus necesidades internas las que les hicieron proyectar en Lucas a la figura que no estaba llamado a ser, por algo que no depende de la voluntad, ni del trabajo, tampoco del talento –que le sobra-, sino que se tiene o no se tiene sin mérito alguno, que es el temperamento.

¿Es un pecado no poseerlo? ¿Es alguien culpable por eso? ¿Denigra? Tan aleatorio como la genética de cada cual, nadie tiene por qué rendir cuentas de nada, y por la misma razón tampoco es deshonroso reconocerlo, ni necesario disfrazarlo.

Matthysse además sufre de otro síndrome que tampoco se quiere ver: es el síndrome "Chino Maidana". Ambos sienten lo mismo porque ambos están en el mismo lugar, aunque por distintos caminos.

Tanto uno como otro ganaron similar cantidad de plata -dólar más, dólar menos-, aunque el Chino la haya hecho en menos peleas, particularmente en las últimas dos contra Mayweather.

Pero si uno suma las bolsas de Matthysse de sus varias peleas en USA, no es mucha la diferencia. A esto hay que agregarle que ambos perdieron, es decir, ninguno de los dos se quedó con ninguna corona en su cabeza, y sí con una abultada cuenta bancaria. Son jóvenes, pero hace mucho están en esto. Ya llegaron, cada cual a su manera, y no pudieron vencer.

Plata tienen, ¿para qué seguir haciendo sacrificios? ¿Por la gloria? ¿Por la fama? A ninguno de los dos les interesa esta última –todo lo contrario- y en cuanto a la primera, tienen mucho más para perder que para incrementarla.

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