domingo 11.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
04 | 04 | 2016
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Guillermo: ¿la obligación de ganar?

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Le plantearon a Guillermo Barros Schelotto si sentía que Boca estaba obligado a salir campeón de la Copa Libertadores. Dijo que no. Respiró autenticidad su respuesta. Los medios naturalizaron obligaciones que no son tales. Nadie puede estar obligado a ganar. Guillermo desactivó ese escenario y dejó en evidencia las simplificaciones mediáticas.

Guillermo: ¿la obligación de ganar?
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-¿Te sentís obligado a salir campeón con Boca de la Copa Libertadores?


-No.

-Sin embargo las exigencias y todo lo que indica la historia de Boca es que tiene que ganar la Copa Libertadores.

-Sí, está bien. Pero yo no puedo mentirle a la gente. Hace muy poco que llegué al club. Y llegué porque Boca no estaba bien. Hoy a lo que aspiro es a hacer crecer al equipo para ganar el próximo partido. Sé de las exigencias que existen en Boca porque acá jugué muchos años, pero ahora no me siento obligado a ganar la Copa Libertadores.

Un par de días antes del triunfo de Boca 3-0 sobre Atlético Rafaela, Guillermo Barros Schelotto respondía en un programa deportivo de la TV preguntas orientadas para que prometiera una conquista internacional. No lo hizo Guillermo. Se mantuvo firme con absoluta serenidad. No vendió humo, en definitiva, que por otra parte es lo más fácil. Y lo más berreta.

Es destacable su actitud. ¿Por qué? Porque en pocas palabras y con algunos silencios que parecieron largas pausas desactivó el escenario de la obligación futbolera que le habían planteado. Que era la obligación de ganar. Una falacia total que naturalizó la aldea periodística sin reparar en nada. Ni en los adversarios, ni en las circunstancias y contextos, ni en la dinámica imprevisible del fútbol. Un verdadero y auténtico disparate.

Esa imposición explícita de ganar porque un técnico o un jugador viste determinada camiseta delata la fragilidad argumental de cualquier análisis disfrazado de pretencioso. Si Guillermo no se consagrara campeón de la Copa Libertadores con Boca, ¿qué pasaría? ¿Sería un entrenador insolvente, precario y desangelado? ¿Sería un mediocre con más chapa que contenidos? ¿Tendría que irse de Boca de inmediato porque no estaría a la altura de todo lo que consiguieron como técnicos, primero Juan Carlos Lorenzo y después Carlos Bianchi?

      Guillermo Barros Schelotto

La realidad es que nadie está obligado a ganar. Esa división reaccionaria y fascista entre ganadores y perdedores no le hace bien ni al fútbol ni a la sociedad en su conjunto. Leo Messi (involucrado junto a su padre en abrir bancas offshore para evadir pagar millones de dólares en impuestos al fisco español) también la padece junto con varios de sus compañeros de la Selección. Ante cada frustración de Argentina en una competencia mundial o sudamericana no son pocas las voces que por adentro y por afuera de los medios se multiplican repitiendo desde la propia impotencia que Messi y compañía (entre ellos Javier Mascherano) son tipos perdedores cuando se ponen la camiseta nacional. Allí no hay análisis de ningún tipo. Hay cinismo e hipocresía. La intención que queda en primerísimo plano es herir, agraviar, descalificar, perturbar, humillar y someter la autoestima, entre otros brulotes.        

En el ambiente del fútbol argentino se cocinan como en todos los ambientes más progres o más conservadores las simplificaciones y los lugares comunes más recalcitrantes. ¿Quién puede estar obligado a ganar? Por ejemplo, Brasil estaba obligado a ganar en el Mundial del 50 y Uruguay protagonizó aquel recordadísimo Maracanazo, lo derrotó 2-1 en el partido decisivo y lo dejó con las manos vacías. Siguiendo con Brasil, también estaba obligado a ganar en el último Mundial para cerrar de laguna manera las heridas del 50, sin embargo en semifinales perdió de forma estruendosa  7-1 ante Alemania y fue un paño de lágrimas.

Los dos ejemplos citados son apenas un granito de arena en la inmensidad inabarcable del desierto. El fútbol de  todos los tiempos nunca admitió certezas de ningún tipo. Y menos aún verdades absolutas. No las hay. Por eso las obligaciones adquiridas o incorporadas de ganar un partido, una Copa o un Mundial, son lecturas erróneas. Son películas falsas. Son fotos veladas. Son versos incorregibles. Son papeles en el viento.

No hay tales obligaciones. Sería como si alguien por decreto estuviera obligado a ser feliz.  O a ser irresistiblemente bello. O a ser perfecto en un mundo tan imperfecto como injusto y violento. ¿Qué hay, entonces? Búsquedas, ambiciones, deseos, aspiraciones.

Guillermo Barros Schelotto supo ser justo y preciso cuando le preguntaron si sentía que estaba obligado a ganar la Copa Libertadores como técnico de Boca. Dijo que no. No tribuneó. No hizo demagogia. Y no dejó que le pusieran palabras en la boca. Pensó. Y contestó en función de lo que había pensado. Y no en función de lo políticamente correcto. Que hubiera sido prometer la Copa para generar grandes aprobaciones. Y un título vendedor en el videograph.

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