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Más allá del Misterio
04 | 04 | 2016
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Los lobizones serían una manifestación del cuerpo astral

Sebastián Aranguren
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Por Sebastián Aranguren


Investigador plantea una singular hipótesis sobre la licantropía: un punto ubicado "a mitad de camino entre lo físico y los astral". Los detalles

Los lobizones serían una manifestación del cuerpo astral
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Un investigador de fenómenos paranormales que profundizó en el increíble caso de una familia entrerriana que fue asediada por un lobizón en una sucesión de episodios impresionantes acaecidos hace quince años, asegura que lejos de encuadrar en una leyenda, los hombres lobo son la resultante de una manifestación del cuerpo astral de una persona que libera su costado más animal.

Gustavo Fernández, que también es escritor, señaló a MAS ALLA DEL MISTERIO que tras haber avanzado en el estudio de distintos casos, en especial el de la familia Restaino, en Colonia Elía, Entre Ríos, tiene el convencimiento que el fenómeno que da lugar al lobizón está íntimamente ligado al cuerpo astral y lo esotérico.

"No solo ese concepto es aplicable en nuestro medio al caso el lobizón sino también se extiende al del de Pie Grande norteamericano, el Yeti tibetano el Alma ruso, entidades que desarrollan una conducta similar en cuanto a que sólo matan algunos animales, perturban, molestan, asustan y desaparecen", sintetizó Fernández.

La interpretación del investigador se basa en un "hilo conductor" que permite entender el fenómeno del hombre lobo como un punto ubicado "a mitad de camino entre lo físico y los astral".

"Cuando comencé a estudiar este tipo de casos pensaba que los registros sobre lobizones y hombres lobo eran parte de una fantasía o bien una expresión de licantropía psiquiátrica. Sin embargo insistió- existe una posición cercana a lo esotérico para interpretar el fenómeno".

La teoría de Fernández apunta a que "desde la antigüedad se sabe que el ser humano exuda su cuerpo astral ante situaciones extremas de dolor y trauma psicológico para de esa manera manifestar lo más bajo de su naturaleza, es decir su costado animal".

En ese orden Fernández ubica el caso liminar que lo acercó al fenómeno, el de los Restaino, que en setiembre de 2004 habitaban en una chacra de Colonia Elía, muy cerca de Concepción del Uruguay y en la que un lobizón los mantuvo en vilo por varios días.

De metro ochenta y ojos rojizos

La descripción que hicieron en su momento los atribulados miembros de la familia era la de un ser extraño que estaba erguido en dos piernas pero cuando huía lo hacía en cuatro patas, de un metro ochenta de estatura, sin cuello, ojos rojizos y cubierto con una escasa pelambre blanca amarillenta, que dejó arañazos en las paredes de un galpón y mató varias gallinas en sus distintas incursiones.

En más de una oportunidad los ocupantes de la chacra le dispararon con armas de fuego a la criatura que, como describieron incluso ante el fiscal de Concepción del Uruguay que intervino en su momento para tomarles la denuncia "gruñía como un tigre". Los balazos aparentemente nunca dieron en el blanco y si lo hicieron, no produjeron herida alguna a la entidad.

Los hechos en la chacra de los Restaino de golpe dejaron de producirse, en lo que para Fernández constituye otro signo clásico que define a los lobizones de esta y otras latitudes y que no hace más que avalar su conjetura contraria, puntualiza, "a la desnaturalización que la literatura y el cine hicieron del fenómeno en torno a una transformación biológica que es imposible".

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