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Viva la pesca
07 | 04 | 2016
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La Salada Grande volvió a vivir y tiene grandes pejes

Wilmar Merino
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Por Wilmar Merino


La siembra de la Estación Hidrobiológica de Chascomús permitió una rapidísima recuperación de este espacio que hoy marca diferencias por su calidad con otros ámbitos. De yapa, se suman lindas tarariras.

La Salada Grande volvió a vivir y tiene grandes pejes
Foto:

La Salada Grande vuelve a ser noticia. No sólo recuperó el agua, sino toda la vida que ella encierra. Y la vedette es el pejerrey, que alcanza portes de más de 40 cm a sólo dos años de haberse quedado seca. Tal es la calidad del agua, con buen alimento para la especie, que hoy es muy fácil hacer la cuota de 15 pejerreyes grandes en pocas horas. Y con buen criterio se ha elevado la medida mínima a los 30 cm y sólo se pueden sacrificar 15 piezas por pescador.

Este pejerrey, fruto de la siembra recibida con alevinos de la Estación Hidrobiológica Chascomús, ha vuelto a mover turistas hasta este clásico en recuperación. Y el alerta en este caso nos llegó por parte del guía Rubén Lezano, quien nos dijo que la pesca era excelente, especialmente al garete.

Transitamos Ruta 2 hasta Dolores, de ahí a Conesa y Madariaga y en la Ruta 74 que va de Madariaga a Pinamar, a 3 km de la rotonda de Madariaga, tenemos un retome para girar en U y tomar el camino de tierra a la laguna, siempre complicado en caso de lluvias. Este camino de 17 km se bifurca a mitad del recorrido y un cartel nos indicará el giro a la izquierda por la senda que nos depositará en el Club de Pesca Gral. Madariaga, único pesquero habilitado por el momento.

Junto al amigo Gustavo Miranda, nos regocijamos en la navegación viendo cisnes de cuello negro, gaviotines y espátulas y flamencos que le dan un hermoso color a la laguna. Finalmente, trabajamos una zona entre el Callejón de Fernández y el claro central, donde arrancamos los intentos anclados, tras armar nuestras cañas Spinit Spectrum de 4 metros montadas con un reel mediano Shimano Sienna con multo del 0,18.

Los aparejos son sencillos: líneas de tres boyas simples, con o sin tramposas, a gusto. Hay que renegar un rato con los dientudos, pero entre zapatilla y zapatilla empezarán a darse las grandes flechas de plata.

Sorprenden los portes: de 35 para arriba son la gran mayoría. Todo pescado parejo, sembrado al mismo momento, de allí la explicación a esta apariencia similar entre ejemplares. Son más bien de boca chica, por lo que un anzuelo 3 será suficiente.

Un dato: tras sacar varios dientudos el guía los fileteó y este cebo fue muy efectivo pues no se sale tan fácilmente en los lances ni en los ataques de dientudo, por lo que le daba suficiente tiempo a la línea en el agua para que las flechas pudiesen comer.

El pique se dio entre los 25 y 40 cm, y el pique de peje se dio muy distinto al del dientudo: mientras éstos hundían sin miramientos, el peje desplaza las boyas. Ahí sí, clavábamos francamente para cobrar la pieza.

Mi compañero de aventuras Gustavo Miranda picó en punta con varias piezas de 35 cm. Estaba usando boyas grandes, en color verde y negro. Lezano usó boyas plásticas voluminosas de formato chupete y lograba esporádicas capturas. En mi caso, solo dientudos y una soberbia tararira que saqué del labio de milagro. Y como para ganar abajo hay que trabajar arriba, entendí que los flotadores no eran un dato menor y cambié la línea por otra de boyas grandes en formato esféricas (ping pong) que comenzaron a generarme notables piques en la boca del Callejón de Urrutia. Algunos ejemplares, pasaron apenas los 40 cm, siempre pescando en brazoladas de 30 a 40 cm.

Sin dudas, este espejo dará que hablar en esta temporada, porque pejes así justifican hacer unos kilómetros más.

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