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Boxeo
13 | 04 | 2016
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¿La profecía?

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


Cuenca hizo todo al revés el viernes pasado y volvió a perder frente al ruso Troyanovsky, en la revancha por el título mundial superligero FIB. Curiosamente, el árbitro intentó darle una mano, cosa inédita para los nuestros, que se junta con el fallo en favor de “La Monita” Esteche en Francia la semana anterior. Pero antes habían perjudicado a Sole Matthysse en Canadá. ¿Qué está pasando en el boxeo mundial con los púgiles argentinos?

¿La profecía?
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César Cuenca tal vez ahora sí haya comprendido el mensaje. Tarde, pero quizás lo haya asimilado. O quizás no. Quizás siga creyendo que su problema del año pasado frente al ruso Eduard Troyanovsky, cuando perdió el título mundial superligero FIB por KOT 6, se debió a una desinteligencia con el árbitro, quien no le entendió y la paró cuando él le estaba diciendo que quería seguir.

Al repasar las imágenes, se ve clarito cómo el chaqueño abandona y hasta discute con su rincón que lo quería volver a la lucha, diciéndole que no veía nada de un ojo.

Aquella vez, amparados en el idioma, la dibujaron con la falta de entendimiento y dejaron instalada la versión de que fue un problema comunicacional, para que el ego quedara  mejor parado y no reconocer la superioridad del invicto y pegador ruso.

Eso le jugó en contra el viernes pasado en la revancha que gestionó su mánager Osvaldo Rivero, porque todos terminaron creyéndose su propia mentira.

Con el afán de ser convincente se convenció él, y seguramente igual hizo su equipo, a juzgar por los hechos posteriores. Porque el chaqueño volvió a perder ante el mismo rival, por el mismo título y casi de la misma forma, pretendiendo obtener un resultado distinto siguiendo su antigua ruta.

Es que en su fantasía se engañó y pensó que la vez pasada había hecho todo bien, y que simplemente era cuestión de reforzar un poco más su performance, como si fuera el camino correcto.

Eso tiene un nombre y se llama "falta de autocrítica". Suya y de su equipo, porque pareció que la convicción era general y armónico.

La autocrítica puede ser un rasgo de madurez y humildad, pero su ausencia todo lo contrario. Y eso raya con la soberbia. Si la soberbia fue su consejera, sería la primera vez que esto traiciona a Cuenca, que hizo toda su carrera en base a humildad y sacrificio.

Un sacrificio que en sus dos últimos combates no mostró sobre el ring, donde fue evidente que no supo sufrir.

      César cuenca Eduard Troyanovsky


No es reproche, sino una observación. Nadie pretende que se inmole, pero cada cual gana un concepto de su identidad según cómo reaccione en las situaciones difíciles.

No acostumbrado a revertir adversidades sobre el cuadrilátero, ya sea por ser generalmente superior, o por pelear amparado en su terruño, el chaqueño nunca tuvo necesidad de apelar a su temperamento, al recurso "extra", al tesón, y cuando lo necesitó descubrió que no tuvo cómo.

Porque ni bien sufrió su primera caída ante Troyanovsky en el 4º round, con él cayó su espíritu. Tal vez antes, cuando comprobó que bailar, caminar, entrar y salir, contragolpear y boxear, no resultaba, ni era el camino.

¿Nadie supo leer en la previa la táctica indicada para casos como estos? ¿No es acaso un ABC que ante un boxeador más largo y alto, de golpes rectos y picantes, la distancia elegida debe ser la corta?

Si la razón está contaminada por la ceguera de la falta de autocrítica, ni lo obvio es visible.

¿Puede alguien a esta altura de la civilidad deportiva, prescindir de repeticiones, videos, estudios y elementos tácticos, solo porque así hizo siempre y le fue bien, como si Troyanovsky, el que le sacó un invicto de 50 peleas, fuera igual a los demás?

Cuando un púgil está perdiendo y encima hace tiempo, es que se rindió. Y era la imagen de Cuenca el viernes, arrojando el bucal, quedándose en el piso por cualquier razón, o simulando no entender cómo debía limpiarse los guantes tras caer, en un diálogo de sordos con el árbitro (el yanqui Malik Waleed).

Y eso sucedió así porque la ficha le cayó en medio del combate, cuando ya era tarde.

Los uppercuts asesinos de izquierda que metía el ruso lo pusieron en la lona de nuevo en el 6º, y entre el árbitro y la campana lo salvaron del KO en esa vuelta, sólo hasta la siguiente, en que no pudo disimular un hook al hígado que lo arrodilló, aunque a punto estuvo de hacerlo pasar por resbalón y engañar otra vez a todos.

Lo curioso fue que el árbitro hasta pareció protegerlo, como si él fuese el local, cosa que hizo recordar la pelea de "La Monita" Ana Esteche de la semana anterior en Francia, cuando tras haber sido dominada de cabo a rabo le regalaron un injusto -y sorpresivo- empate frente a la francesa El Hadrati, permitiéndole retener la corona superligero AMB.

Raro en estos tiempos. E inédito en la historia del boxeo argentino, donde jamás ocurrió algo así, al punto que siempre se habla de "desprotección" para nuestros compatriotas cuando salen a pelear afuera.

Y aunque la realidad de estos últimos combates desmientan tales afirmaciones sin que nadie las rectifique, basta retroceder una semana más y recordar cómo robaron a Soledad Matthysse en Canadá ante la local Jelena Mrdjenovich, lo cual relativiza la influencia a favor o en contra de nadie, y menos de los promotores argentinos.

Están pasando cosas raras en el boxeo mundial. ¿Será parte de alguna profecía? Agreguémosle que la AIBA está haciendo boxeo profesional y el CMB boxeo amateur, fusionándose cada vez más ambos mundos.

Eso sí: tal como muchos pedían, Cuenca, Esteche, Sole Matthysse, Reveco, Narvaes, y en un mes "El Tyson" Víctor Ramírez –en Rusia ante Denis Lebedev por la unificación del crucero FIB con el AMB- están peleando todos afuera y ganando mejor plata, aunque en su mayoría perdiendo sus títulos,  o sus revanchas.

Bolsillos llenos, coronas vacías. ¿Será así como viene el fin del boxeo argentino?

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