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Política
16 | 04 | 2016
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La reaparición de Cristina, la contrafigura preferida

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


Mientras Cristina Fernández de Kirchner regresaba a la centralidad de la que tanto disfruta, el Presidente practicaba el juego de los opuestos. Incomodidad en el resto del peronismo.

La reaparición de Cristina, la contrafigura preferida
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Desde que dejó el poder en el marco de un impresionante acto político en Plaza de Mayo, se especuló con la manera como Cristina Fernández de Kirchner haría su retorno a los primeros planos. Se dijo que marzo sería el momento elegido y luego se anticipó esa fecha para febrero. Conforme se fueron achicando los tiempos y complicando la situación judicial para la exmandataria, esa vuelta se fue tornando más difusa.

Con su citación por la causa de la venta de dólar futuro, el juez Claudio Bonadio puso una fecha concreta y desde entonces el kirchnerismo se puso a trabajar en lo que se vio el miércoles pasado. Ante ello, trascendió que el gobierno quería evitar ese escenario y por eso buscaba desactivar la citación. Esa intención oficial por evitar que avanzaran causas que permitieran la victimización de la expresidente fue parte del enojo de Elisa Carrió cuando la emprendió contra Daniel Angelici.

En los días previos a la llegada de Cristina a Buenos Aires, se especuló sobre supuestos contactos al más alto nivel judicial para dar paso a un cambio de juez en la causa, y con ello desactivar las citaciones. Fuentes de alto nivel del gobierno desmintieron ante DIARIO POPULAR esas versiones; y si existieron esos contactos, el gobierno deberá cambiar de operadores.

Tampoco los habría habido con Bonadio, se afirma, dando crédito a la afirmación de que el gobierno no está operando sobre los jueces. Sería un caso inédito, incluso a nivel global. No habría que ser tan taxativos entonces.

Pero amén de que en efecto el gobierno no quería suministrarle a CFK un escenario de victimización, las voces recogidas por este medio son coincidentes en cuanto a que el saldo de esta semana de protagonismo extremo de la expresidente no fue negativo en términos políticos para el oficialismo. Así como Cristina Kirchner desea convertirse en la jefa de la oposición -objetivo que se planteó incluso desde el momento en que especuló con que su sucesor fuera Mauricio Macri-, se sabe que el gobierno prefiere al kirchnerismo duro y puro como antagonista. Tiene a los gobernadores opositores y al peronismo "racional" para negociar, pero para pelearse, nada mejor que el cristinismo.

El magnetismo vigente de CFK atrajo la atención a partir de emprender su regreso desde Santa Cruz, y le quitó protagonismo a todo el resto. Fueron tres días de exposición plena de la expresidente, que alcanzaron su pico máximo en su largo discurso frente a los tribunales. Se sabe que hubo reproches internos al operativo de seguridad, o más bien, a la falta del mismo, aunque desde esa área se aclaró ante este medio que se optó por el mal menor: evitar enfrentamientos. Peor hubiera sido que los titulares del día siguiente giraran en torno a incidentes para los que estaban prestos elementos de Quebracho presentes en la movilización.

Entre los "daños colaterales" habrá que considerar los hechos violentos que sufrieron miembros de la prensa, pero "no hicieron más que exhibir el nivel de intolerancia del kirchnerismo", graficó una fuente oficial.

A la hora de interpretar las razones por las que el gobierno vio con ojos positivos la vuelta del cristinismo a los primeros planos, en primer lugar ponen a las figuras que rodearon este retorno. Celebran la presencia de Luis D'Elía, Amado Boudou y Aníbal Fernández en primera fila, lo mismo que otras figuras recordadas de la reciente gestión. Y por si no fuera poco considerar a los que estaban con Cristina, más peso habrá que asignarle a los que no estaban. En efecto, no hubo un apoyo institucional partidario concreto; ni siquiera apareció el excandidato presidencial Daniel Scioli.

Deliberadamente, o sin poder evitarlo, Mauricio Macri le cedió el protagonismo a su antecesora, pero paralelamente se mostró en el polo opuesto. Mientras la expresidente llegaba a Buenos Aires para declarar dos días después ante un juez, el Presidente se mostraba en la cena del CIPECC -a la que nunca fueron los Kirchner como presidentes-, sentado en la mesa con el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. Y en momentos en que Cristina hablaba frente a Comodoro Py, Macri se mostraba con el gobernador peronista de mejor imagen, Juan Manuel Urtubey. Por la tarde, lo hacía en la residencia de Olivos con los jefes de las tres CGT.

Más allá de lo que pueda representar para el gobierno su vuelta a los primeros planos, no es buena la sensación para el peronismo, metido de lleno como está en su reorganización. Ya quedó claro el distanciamiento entre las partes con la conformación de nuevas autoridades, que no tuvo en cuenta a La Cámpora, léase el cristinismo. Se vio claro en la concentración del miércoles, donde sólo hubo un puñado de intendentes y ningún gobernador.

Cristina tomó nota de ello y planteó lo que tal vez sea su distanciamiento definitivo del PJ al convocar a la creación de un Frente Ciudadano, versión aggiornada de la transversalidad que buscó recrear su esposo cuando también pensaba en desembarazarse del pejotismo. Lo cierto es que la división de la oposición es la mejor noticia que tuvo el macrismo en días donde las mismas no abundan.

Tuvo un cuarto día de actividad Cristina en esta capital, cuando se mostró con los diputados del bloque FpV. Concurrieron alrededor de 70, lo que ratifica que esa es la pata institucional más sólida que el cristinismo mantiene. También exhibe la ausencia de una decena de legisladores, que hacen presagiar que las fugas pueden continuar allí. Para el lunes, la expresidente convocó a los intendentes, y será más interesante aún verificar presencias y ausencias.

Para más adelante se espera que convoque a los senadores de su bloque, donde la división volvió a quedar expuesta el día previo al acto en Comodoro Py, cuando se emitió un comunicado "contra la embestida judicial", que llevaba las firmas de sólo 16 senadores, entre las que no estaba Miguel Pichetto.

Pero más allá del reposicionamiento político de CFK, lo que más inquieta a la exmandataria es el hostigamiento judicial que vislumbra, de ahí el mensaje que brindó frente a los tribunales. Se interpreta que más que hablarle a Bonadio, al que ni saludó, Cristina se dirigió al resto de los jueces, probablemente más permeables a su presión. Uno de ellos tomó una velocidad inusual en las últimas semanas en la causa que más la preocupa, pero los últimos días volvió a una parsimonia que una vez más pone dudas sobre su interés en avanzar.

En Cambiemos toman como otro efecto colateral de la reaparición de Cristina el "beneficio" de haber desplazado por unos días las noticias sobre inflación. También le quitó atención a la resolución judicial en Nueva York, que dejó a la Argentina a las puertas de salir del default, la gran apuesta del gobierno para esta primera parte del año. Las expectativas están puestas ahora en que ese acuerdo abra las puertas a capitales e inversiones que le den aire a la economía, y que el sacrificio de estos primeros meses de "sinceramiento" empiece a mostrar resultados.

El objetivo final es bajar la inflación, la gran promesa. Para el "mientras tanto", el Presidente anunció este fin de semana medidas de carácter social, como un analgésico entre tantas penurias.

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