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Opinión
17 | 04 | 2016
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Contrastes

Gustavo Nigrelli
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Por Gustavo Nigrelli


Heiland y TNT Maidana, crepúsculo y alba, bajaron de Las Vegas, a Necochea. Combatieron en el país en una velada caótica, más parecida a un partido del ascenso que de Elite, en una noche que contradijo sus pretensiosas ambiciones. La iniciativa fue válida, aunque poco acorde a sus realidades y proyecciones. ¿Fue un paso adelante, atrás, o un sinceramiento de estas épocas?

Contrastes
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La semana pasada debutó en el país como profesional Fabián "TNT" Maidana –el hermano menor del Chino, en Necochea- un púgil de exitoso pasado amateur, que interrumpió su carrera en ese terreno para pasar al profesionalismo yéndose a USA, donde ya realizó 8 peleas, todas ganadas, 6 por KO.

La del sábado fue la 9ª y ganó por puntos en 8 rounds deslucidamente ante el santafesino Andrés Amarilla (de 6-4-3, 0 KO), y en la misma velada reapareció el "Gauchito" Sebastián Heiland, que hizo el fondo y venció también en las tarjetas, tras 10 vueltas, al pampeano Martín Ríos, en un peleón donde cayó y todo en el 8º, aunque se impuso con claridad y dando espectáculo.

Ambos están entrenando en USA –Heiland hace unos pocos meses-. Pero si uno desconociera el dato, no advertiría diferencias físicas y mucho menos boxísticas.

Es más; Heiland mantiene su buen nivel exhibido últimamente, pero a TNT parecería faltarle entrenamiento, y en cuanto al nivel boxístico, si el suyo es éste, y es igual al que tenía como amateur, cuesta explicarse su grado de proyección real, más allá de su portación de apellido. La otra explicación es que haya retrocedido en vez de haber evolucionado allí en USA.

Sin embargo, es buena noticia que ambos hayan peleado aquí, en su patria. Lástima la poca repercusión que tuvo la velada, donde no hubo más de 700 personas, que en otro caso hubiera sido para alquilar balcones al lado de lo que se ve últimamente en la pantalla tradicional de TyC Sports (la televisó la TV Pública, gracias a una gestión del Momo Venegas y su gremio UATRE, mecenas de Heiland).

Pero la misma, que se organizó en el club Rivadavia de Necochea, Pcia de Bs As, bajo la promoción del promotor José Orlando Reynoso, realmente dejó que desear por ser digna del más paupérrimo de los festivales amateurs del interior del país hecho a pulmón –dicho con todo respeto-, no apta para una reunión donde peleaba un rankeado mundial, con pantalla abierta a todo el país.

Si el CMB, donde Heiland es retador Nº 1 de tan emblemática categoría como la mediano, en la que reinan el mismísimo Gennady Golovkin y el Canelo Álvarez (uno como campeón interino, el otro como regular), viera dónde peleó su desafiante obligatorio, Don José Sulaimán se levanta de la tumba y se vuelve a morir.

Un ring de 4 x 4 que parecía de utilería: lona plastificada, impermeable cual resbaladizo pilotín de lluvia, que parecía una pista de patinaje, proclive a accidentes, y la cuarta cuerda (la de abajo) no solo floja, sino prácticamente suelta -peligrosa y antirreglamentariamente-, fueron el penoso marco de una velada que desprestigió injustamente tanto a Heiland como a TNT.

Y menos mal que la suerte fue la madrina de la noche, porque si hubiera caído alguien por allí, hubiera seguido de largo hasta el piso, vaya uno a saber con qué calamitosas consecuencias.
¿Cómo lo admitió el fiscal? ¿No supervisó el estado del ring? ¿Alguien alzó la voz, o deslizó aunque sea una mísera crítica constructiva de cada cosa?  

Lastimoso. Irrespetuoso. Imprudente

La fatalidad suele estar a la orden del día en el boxeo, y nadie puede darse el lujo de abrirle las puertas, máxime en una jornada donde interviene un primer retador mundialista, que a los fines empresariales, retrocedió más de lo que avanzó.

Heiland, en conflicto con su mánager Osvaldo Rivero, acaba de hacerle juicio a éste por rendición de cuentas –algo que históricamente jamás se estiló en el boxeo, al menos en el argentino-, no solo blanqueando su disconformidad, sino agravando aún más aún el vínculo –que aún lo une hasta julio de este año-, y desnudando su verdadera intención de unirse al Team Maidana en los Estados Unidos.

Tiene todo el derecho y la libertad del mundo para ambas cosas, pero también todo tiene su tiempo y forma. No evalúa que pone en riesgo su carrera por recoger las monedas, como quien se arroja al mar por un pañuelo. ¿Era el momento?

No cualquiera tiene el privilegio de estar tan alto en una división de monstruos, máxime cuando el ránking no es por sumatoria de puntos, ni algo matemático, sino más bien político/deportivo, donde valen más los contactos que los méritos.

¿O cómo hizo Heiland para sostenerse Nº 1 con una sola pelea en 2015 y a nivel local, ante Claudio Ábalos?

Un organismo internacional, que trabaja eminentemente con promotores y que edifica sus ránkings justificando ascensos, inclusiones y permanencias arbitrariamente, con la misma arbitrariedad puede justificar también sus descensos. ¿Va a permitir dicho organismo el canibalismo de que la gestión y el trabajo de un cliente sea aprovechada por otro gratuitamente, traicionándolo?
Suponer eso es desconocer las escabrosas reglas comerciales del boxeo internacional en el ámbito profesional, o de lo contrario haberse dejado engatusar por alguien, ya sea con inocencia e ingenuidad mutua, o con dolo.

Pero en ambos casos es un acto carente de astucia e inteligencia, ingredientes indispensables para el boxeador, que no siempre gana por fuerte ni por osado, sino al contrario. Y que a veces por
querer dar un paso para adelante, da dos para atrás.

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