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Política
20 | 04 | 2016
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Cristina y la incómoda relación con el peronismo

José Di Mauro
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Por José Di Mauro


La citación judicial fue el factor del que se valió el cristinismo para reflotar la figura de su líder, que incomodó al PJ convocando a un Frente Cívico que abre interrogantes. Una historia de desencuentros que se reaviva.

Cristina y la incómoda relación con el peronismo
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Camino a la gobernación de su provincia, Néstor Kirchner creó el Frente para la Victoria Santacruceña, que en un principio habían querido denominar Frente para la Victoria Justicialista.

Fue Cristina la que se opuso, argumentando que tal denominación daba una sensación acotada, que no se correspondía con el espíritu que querían mostrar, que era el de abarcar a todos los santacruceños. El que quiera pensar que ya entonces se vislumbraba una resistencia de los Kirchner -sobre todo de ella- hacia el partido, puede.

Cuando el proyecto se extendió al resto del país, quedó limitado a Frente para la Victoria, y ya en el poder el entonces presidente Néstor Kirchner ensayó el esquema de la transversalidad, en lo que muchos interpretan como el más serio intento de un gobernante peronista de desembarazarse del partido. La experiencia trascendió la gestión del santacruceño y su esposa llegó al poder acompañada por el más encumbrado exponente de esa transversalidad, el gobernador mendocino Julio Cobos.

Duró hasta la guerra con el campo, cuando muchos de esos exponentes de la transversalidad tomaron distancia del kirchnerismo y volvieron a sus orígenes. Otros se quedaron, y ya sin retorno a sus partidos se transformaron por una mezcla de fidelidad y supervivencia en los más encendidos kirchneristas.

Desecha la transversalidad y derrotado en las legislativas de 2009, Néstor Kirchner volvió a recostarse en el Partido Justicialista, que volvió a servirle como formidable maquinaria electoral. Muerto el expresidente, fue la nave que llevó a su viuda a la reelección con el 54%. Pero las resistencias de CFK hacia el PJ en sí no surgieron entonces; ya desde muchos años antes solía hablar despectivamente del partido: "No pertenecemos al pejotismo, es decir, a quienes construyen el poder desde una visión mafiosa de las ideas, y por eso no les importa lo que piensa la gente sino erigir poder y ganar de cualquier manera", disparaba la entonces senadora. Precisamente el término "pejotismo" se lo asignaba a lo que entendía como una deformación del Partido Justicialista: el aparato vaciado de contenido, de proyectos; el poder sin ideas.

Digámoslo de una vez: no hay amor entre el peronismo puro y el cristinismo duro. La dirigencia peronista mayormente mantuvo con Cristina Kirchner una relación de sumisión durante su mandato que hace difícil pensar que con ella ya fuera del poder pueda pensar en volver en el futuro las cosas a ese estado de situación. Sobre todo después de haber percibido que durante su presidencia, Cristina cubrió los principales espacios de poder con jóvenes de La Cámpora, agrupación que poco menos que detestan. Si alguna duda hay de esto, basta con repasar la conformación de la nueva conducción partidaria, prescindente de camporistas.

Durante los últimos tiempos del mandato de CFK y el tiempo posterior, fue común advertir entre los dirigentes peronistas una incomodidad manifiesta al ser interrogados sobre el destino que vislumbraban para la Presidenta, fuera del poder. Las respuestas siempre fueron evasivas, salvo en el kirchnerismo puro, que le dio siempre un futuro de conducción. El peronismo formal, en cambio, no reniega de ella, pero prefiere asignarle meramente el papel de "expresidenta". Que es el bronce, si se quiere, pero en modo alguno una injerencia real.


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El peronismo que piensa en cómo retornar al poder sabe que necesita de los que se fueron, y cualquier posibilidad de regreso de aquellos no contempla un papel central para la expresidenta.

La restructuración partidaria en ciernes mostraba, como decíamos, la marginación del cristinismo, que iba consumándose conforme pasaba el tiempo y la imagen de Cristina iba apagándose con su ausencia. La sacó de esa instancia la citación del juez Claudio Bonadio que sorprendente y hábilmente el kirchnerismo transformó en un "regreso con gloria". Más allá de que la convocatoria lograda haya distado mucho de las expectativas -el día anterior al acto en Comodoro Py, Juan Cabandié había augurado "no menos de 200 mil personas, y terminaron siendo diez veces menos-, se logró el objetivo de que la líder recuperara "la centralidad". Tuvo así la semana pasada cuatro días de mayor o menor protagonismo y su lengua filosa buscó advertir a los jueces, y encuadrar a la dirigencia propia.

Con todo, el debe parece ser más grande que el haber. No hubo ningún dirigente justicialista de peso en la movilización a Tribunales; los apoyos fuera del kirchnerismo puro, fueron aislados y a título personal, solo el PJ bonaerense publicó una solicitada solidarizándose. En vísperas de la indagatoria, el bloque del Senado emitió un comunicado que solo firmaron 16 de sus 39 senadores; solo cuatro intendentes del Conurbano movilizaron gente a Comodoro Py.

Cuando al día siguiente Cristina convocó a los diputados nacionales, demostró que ese es el principal bastión institucional que le queda, yendo 71 de los 79 diputados propios: entre las ausencias significativas hay que contabilizar al exgobernador de Misiones Maurice Closs y al de San Juan, José Luis Gioja, probable futuro presidente del PJ.

Por eso redobló la apuesta al citar el lunes a los intendentes de la Provincia. El resultado fue similar, cuantitativamente hablando, pues concurrieron 51 de los 54 convocados. Lo cual no implica una adhesión plena de aquellos, que ya en el verano se desentendieron de su líder cuando llamaron a los legisladores a votarle a María Eugenia Vidal las leyes de gobernabilidad que reclamaba, contrariando el mandato proveniente del sur. La decisión acordada por los intendentes fue responder con cortesía a la invitación, pero solo un puñado mantiene la fidelidad de antaño.

Ante los intendentes Cristina reiteró la idea que esbozó ante la multitud la semana pasada y que parece haber madurado durante su breve exilio en el sur, sobre un Frente Ciudadano. Les dijo a los intendentes que no deben pensar en el partido, sino en la gente. Los intendentes son precisamente el punto dirigencial más cercano a las bases, y como tal deben estar pendientes de las mismas y no de las estructuras partidarias.

Lo del Frente Ciudadano es una propuesta que la aleja más del PJ, que sabe a su vez que no puede competir con éxito electoral contra el gobierno y contra Cristina al mismo tiempo. Que reconoce en ella una base electoral que ninguno de sus dirigentes tiene, pero también un techo que puede transformarse en lastre.

Mientras tanto, el gobierno disfruta el nivel de exposición de la expresidenta, en tanto y en cuanto espera que en el tiempo que dista hasta los próximos comicios pueda poner en caja a la economía. De ser así, prefiere tener enfrente a Cristina Fernández de Kirchner y una oposición dispersa. El mejor escenario.


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