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20 | 04 | 2016
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Ni la lluvia pudo parar la fe por San Expedito

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Miles de fieles desafiaron ayer el mal tiempo para rendirle tributo al santo y como desde 2004, colmaron la parroquia de Balvanera. Provenientes de todas partes del país, resistieron las seis cuadras de cola bajo un agua torrencial.

Ni la lluvia pudo parar la fe por San Expedito
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Ajenos a la lluvia, desafiando a la lluvia o, a decir verdad, a pesar de la lluvia, miles de fieles de todo el país se acercaron ayer desde el primer minuto del día a la Parroquia Nuestra Señora de Balvanera, de ese barrio porteño, para celebrar la Fiesta Grande de San Expedito, el santo de las causas justas y urgentes.

Como todos los años desde 2004, el templo ubicado en el cruce de Azcuénaga y Bartolomé Mitre se convirtió en el epicentro de la fe de miles de fieles que, en peregrinación desde distintas partes del país, a pie o en transporte público, resistieron las seis cuadras de cola -hasta avenida Rivadavia- bajo la lluvia torrencial para acceder al Santuario que abrió sus puertas a la medianoche con salva de campanas.

Conocido como el "Santo de las causas justas y urgentes", San Expedito reunió el año pasado alrededor de 17 mil feligreses, según estimaciones de la propia parroquia.

Ayer, además de la cola "lenta" para rezar frente a la imagen principal del santo, se anunciaron bendiciones de objetos religiosos cada 15 minutos.

Lejos del vaivén habitual de autos que suele saturar Bartolomé Mitre al 2400, la cuadra amaneció cortada y colmada de puestos de venta de figuras de San Expedito en una variedad infinita de tamaños, velas, rosarios, llaveros, café, tortas fritas, imágenes del santo con escudos de fútbol, mates y demás objetos de liturgia religiosa adaptada para la ocasión.

"Estar en un lugar así es acompañar la fe del pueblo. Acá vienen miles de peregrinos y cuando se acercan al sacramento de la reconciliación o a charlar uno en el fondo lo que hace es acompañar mucho sufrimiento, mucho dolor", explicó Walter Marchetti, párroco de esta iglesia.

Nélida tiene 53 años, llegó ayer desde Maipú, provincia de Buenos Aires, y es el segundo año que se acerca a la Fiesta de San Expedito para agradecer. Hacía casi trece años que estaba desempleada hasta que, dice, le regalaron una estampita que le torció el destino: "Me la dieron, la leí y me gustó tanto que empecé a pedirle trabajo. Después de tantos años de no tener éxito, inexplicablemente, conseguí".

Pero las causas de los feligreses son absolutamente diversas: Diego, de hecho, tiene 42 y si bien nunca fue católico practicante encontró sosiego en el santo de las causas urgentes frente a un conflicto afectivo que no sabía cómo resolver: "Llegué un poco de casualidad y encontré paz, serenidad. Siempre es bueno aprender a tener fe", explicó luego de encender una vela y antes de salir hacia el trabajo.

"Puse a mi hijo en sus manos", dijo una feligresa

María Victoria es una católica practicante que decidió volcar su fe en San Expedito cuando se enteró a los 38 años que estaba embarazada. "Era grande, tenía miedo y vine a verlo el 19 de cada mes como una forma de poner a mi hijo en sus manos", explicó, y resaltó que esta vez vino sólo para agradecer.
"San Expedito acompaña las situaciones límite porque toda situación límite llama a la fe: enfermedades, adicciones, desempleo, muchos conflictos familiares y en esos momentos la gente lo ve a él como un gran mediador", explicó Marchetti, que desembarcó hace un año en esta parroquia.


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