domingo 4.12.2016 - Actualizado hace
Fútbol
21 | 04 | 2016
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¿Qué se juegan Boca y River en el Superclásico?

Nicolás Rotnitzky
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Por Nicolás Rotnitzky


El partido del domingo será el menos importante de los últimos años: ambos están lejos en el campeonato. Pocos días después de encontrarse, además, empiezan sus participaciones en los octavos de final de la Copa Libertadores.

¿Qué se juegan Boca y River en el Superclásico?
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El campeonato, para River y Boca, en términos normales, podría definirse de la siguiente manera: es lo que pasa antes y después del Superclásico. La excepción se dará este domingo, cuando se vean las caras por segunda vez en 45 días. La Bombonera será el escenario del choque que paraliza al país más devaluado de la década. Pero aunque los hinchas —como siempre— lo vivan como una final, la atención de los cuerpos técnicos no está ahí: lo importante empieza la próxima semana con los octavos de final de la Copa Libertadores. Boca debuta de visitante. River necesita ganar esta noche para garantizarse el primer lugar de su grupo.

Para ninguno de los dos equipos es primordial escalar en la tabla de posiciones. Son actores de reparto de un campeonato que definió los nominados al título. Boca se ubica a once unidades de Lanús, el puntero, con cinco fechas por disputar. La segunda posición, que garantiza una plaza para la próxima Libertadores, está a ocho pasos. En el horizonte de River no se divisa la cima: se encuentra ocho escalones debajo de San Lorenzo y Godoy Cruz, los líderes.

      Pisculichi festeja un gol de River ante Boca en el verano. Foto: NA

El premio, más que tres puntos, es una inyección anímica: la victoria significa un impulso para afrontar la segunda mitad del semestre. Jugar con lo mejor, a días de la segunda fase de la Copa, es osado. Guillermo Barros Schelotto, hambriento, está dispuesto a asumir el riesgo. Marcelo Gallardo, estratega, no.

Guillermo combinó titulares y suplentes para recibir a Deportivo Cali. Contra River irá con todo. Espera el clásico con ansiedad. En lo personal, no es un partido más: es el primer Superclásico en casa, con su gente, un escenario propicio para profundizar el amor con los hinchas. Como entrenador de Boca, además, jamás le ganó a River: empató la única vez que lo enfrentó. Un triunfo sería la confirmación de la mejora que los jugadores mostraron desde su arribo; una señal positiva antes de junio, el mes que marcó en el almanaque como el comienzo de la refundación.

      Lodeiro Boca River

Para Gallardo, en cambio, el clásico es un trámite. Un trámite es eso: un compromiso que hay que disputar para terminar el torneo. Es el Superclásico más inofensivo de los ocho que disputó. No se juega nada. Perder no le quitará credibilidad ante una hinchada que lo dibuja en banderas. En este escenario, pondrá suplentes. Asume el costo de una hipotética derrota. Pero sabe que si gana, que si River da el batacazo, cambiará la mirada de un plantel que, hoy por hoy, por la falta de respuestas de varios futbolistas, parece anémico: los suplentes no supieron aprovechar ninguna de las oportunidades que le dio el cuerpo técnico. Esta será la más importante. Y la última.

La tensión del domingo se explica por la historia, no por el presente. El presente dice otra cosa: el presente dice Copa Libertadores.

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