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Fútbol
21 | 04 | 2016
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La historia de Roger Martínez, el cuarto en discordia

Nicolás Rotnitzky
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Por Nicolás Rotnitzky


Mientras Racing sufría en Bolivia, el colombiano apareció con el olfato de gol bien afinado para clasificar a la Academia a los octavos de final. Luis Zubeldía fue clave en la formación de un futbolista que tiene un futuro impresionante.

La historia de Roger Martínez, el cuarto en discordia
Foto: AP
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A Roger Martínez, en tres años, le cambió la fisonomía. Su cuerpo, todavía morrudo, está más fino; los cachetes se desinflaron, los brazos son dos tubos duros. La puja por la titularidad le hizo bien: Martínez, con 21 años, está en el mejor momento de su carrera. Pelea con hidalguía el puesto con Lisandro López, Diego Milito y Gustavo Bou, tres ídolos de Racing. Con los dos últimos jugando sus últimos meses en el club, el área pronto será suya. Él lo sabe. Y, lejos de asustarse, responde por adelantado: demuestra con jerarquía que ahora mismo le sobra para ser titular.

Colombiano, cartagenero, Martínez llegó a Racing a principios del 2013. Tenía 18 años y un paso frustrado por el fútbol argentino: se había probado en Boca y Argentinos Juniors. Lo desecharon. Luis Zubeldía, por entonces entrenador del equipo, fue fundamental para que el trigueño que se asemejaba a Teo Gutiérrez se quedara en la Academia. De entrada, aceptó la etiqueta: "Me dicen que me parezco a Teo, él es mi referente", decía, con la impunidad de quien no mide sus palabras.

El miércoles, contra Bolivar, conectó un cabezazo que valió más que cualquier cosa que haya hecho el ex Junior en el club: significó la clasificación a octavos de final de la Copa Libertadores.

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Tímido, apenas arribó, Martínez descolló en la cuarta división. Zubeldía, en las prácticas, mientras se deleitaba con las definiciones de Luciano Vietto, preguntaba cómo estaba rindiendo Roger en inferiores. Martínez también era la atracción de los periodistas. Cada vez que pasaba, cabizbajo, delante de los cronistas, ellos le consultaban cómo estaba, en qué andaba, qué precisaba. Sabían, atentos, que ese colombiano sería la próxima figura de Racing.

Zubeldía lo hizo debutar una noche en que estaba todo definido: la Academia, virtualmente eliminado de la Copa Sudamericana, necesitaba que apareciera Dios en el Cilindro para dar vuelta la serie ante Lanús. Roger entró y levantó a la tribuna: con arremetidas, guapeza para pedir la pelota con insistencia, y un cabezazo que pasó cerca del ángulo, se ganó los aplausos de los hinchas.

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Después, todo pareció desbarrancarse. Zubeldía renunció y en Racing se sucedieron los técnicos como los capítulos de una serie adictiva: Ischia y Merlo pasaron rápido como un subte en hora pico. Martínez perdió terreno. Irrumpió Diego Cocca. Llegó Bou, se fue Martínez: primero a Santamarina de Tandil, luego a Aldosivi. En Mar del Plata, otra vez, sobresalió. Cuando asumió Facundo Sava, aunque tenía tres platos de primer nivel, pidió que se quedara.

En lo que va del 2016, lleva seis tantos. Semanas atrás, convirtió los dos goles que clasificaron a la selección de Colombia a los Juegos Olímpicos. Los hinchas de Racing piden que sea el acompañante de Milito en el clásico ante Independiente, el próximo domingo. Sava todavía no se decidió. Sabe que Milito tendrá su última función contra el Rojo y por eso le dará la chance de salir de entrada. Martínez sería el partenaire de lujo para el Príncipe, un socio que trabaje para lucir a la estrella. La estrella que, dentro de no mucho tiempo, será él mismo.

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