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Opinión
21 | 04 | 2016
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Boca-River y los fantasmas

Eduardo Verona
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Por Eduardo Verona


Robert Perfumo hablaba del "miedo". El Loco Gatti del "cagazo". Jorge Valdano del "miedo escénico". Despojarse de esa debilidad que todos ocultan es un reaseguro muy valioso para imponerle condiciones a cualquier adversario. Más aún en un Boca-River, siempre sujeto a fantasmas del pasado y del presente.

Boca-River y los fantasmas
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"En el fútbol el que tiene menos miedo, gana". Frecuentemente hablaba de los miedos ese crack de todos los tiempos que supo ser Roberto Perfumo. Y tenía frases como la citada para intentar explicar o interpretar algunos fenómenos del fútbol que, por supuesto, también trascienden al fútbol.

  
Perfumo sabía bien de que se trataba. Sabía que el miedo o "el cagazo" como suele definirlo con menos elegancia ese extraordinario arquero que fue el Loco Gatti o el "miedo escénico" como lo califica Jorge Valdano, es un escenario no deseado que nunca está ausente en los grandes compromisos que son los grandes partidos, anunciados como tales aunque después se conviertan en fiascos.
  
Por ejemplo, un Boca-River, siempre expresa la amenaza de constituirse en un gran partido. Esa ilusión renovada se alimenta hasta el mismo momento en que arranca el encuentro. Lo que sucede después no puede anticiparlo nadie. Ni los que lo juegan ni los que lo miran. Perfumo lo jugó y lo miró y nunca despojó al fútbol del miedo como factor que condiciona todos los rendimientos y todas las actitudes.
  
Un equipo con miedo juega atado, sin iniciativa, sin ambición, sin aventura, sin épica. Un equipo con menos miedos que el rival, sale a ganar desde el arranque, impone condiciones, subordina a sus adversarios a los ritmos propios y manifiesta una superioridad anímica para hacerse cargo del partido.
  
¿Quién denuncia ser más sensible al miedo en el cruce del próximo domingo en La Bombonera? ¿Boca o River? El gran Alfredo Di Stéfano, entrevistado por ese magnífico periodista de El Gráfico que fue Juvenal, alguna vez resumió las fortalezas de aquel Real Madrid quíntuple campeón consecutivo de la Copa de Campeones de Europa (lo que hoy es la Champions League) con unas palabras simples pero reveladoras: "El Real era tan veloz y combativo como muchos de los rivales que enfrentamos, pero la diferencia es que nosotros mandábamos sobre la pelota".
  
Mandar sobre la pelota no era otra cosa que sacar chapa en el campo de juego de ser mejor equipo que aquel que está enfrente. Y eso, así sin que sean necesarias otras señales, revela la postura y las intenciones para afrontar un partido. Es ubicarse en el centro del ring para manejar tiempos y distancias.
  
En los últimos compromisos, River viene manifestando que sabe tomarle el pulso a Boca. Jugando cuando hay que jugar y luchando cuando tiene que luchar. Como jugar se juega muy poco; en el plano de la lucha, la fricción, la ventaja mínima y el aprovechamiento del error rival, saca ventajas. Y en esa dinámica sin luces ganó más de lo que perdió. Hasta atormentar a Boca en la batalla sobreactuada de quien se la banca más cuando se desarrolla el partido del garrote por garrote.
  
"Ahora River nos gana cagándonos a patadas", repitieron hace unos meses, casi en simultáneo, el Beto Márcico y Blas Giunta, dos reconocidas banderas de Boca. ¿Qué veían ambos? Que River le estaba imponiendo a Boca una autoridad que excedía los valores estrictamente técnicos y tácticos. Que ponía más que Boca. Que metía más que Boca. Que le hacía sentir una presencia física que a Boca lo terminaba desacomodando. Esa lectura específica no pasó desapercibida para nadie. Y menos aún para el plantel de Boca, empujado por las circunstancias a poner la pierna bien arriba para vender la imagen de un equipo duro y muy determinado.
  
River lo fue llevando, en definitiva, a Boca, a mirarse en el espejo para resolver debilidades que el ambiente del fútbol le iba endosando. Debilidades para asumir los cruces ante River en los partidos por la Copa Sudamericana de 2014 y la Copa Libertadores de 2015, más allá de los amistosos de verano, favorables también a River.
  
Es cierto, en apariencia, en esta oportunidad no juegan por nada. Porque ambos están muy lejos de los punteros. Y no tienen posibilidades ni de arrimarse a una posición más decorosa. ¿Qué estará en juego, entonces, el domingo en La Bombonera? Entre otras cosas, viejas y nuevas supremacías. Boca, en su intimidad y fuera de ella, siempre se jactó de ser banca frente a River. Pero no lo es por estos tiempos. Y lo padece como se padecen estas claudicaciones temporarias.
  
No son menores estas cuestiones en el fútbol. Nunca lo fueron. Ni antes ni ahora. Influyen. Intranquilizan. Perturban.  River no le gana a Boca en la víspera, pero le suma a su adversario un problema extra: los recuerdos del pasado reciente. Y algunos fantasmas que el fútbol nunca abandona.

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